Los últimos datos del INDEC sobre la actividad económica marcaron que los sectores que crecieron fueron el agro, la pesca, la minería y los servicios financieros. Estos indicadores se vienen repitiendo, lo que indica con claridad los sectores monopolistas que se ven favorecidos por la política del gobierno en detrimento de otros, como la construcción, la industria y el comercio.
Queda claro así cuales son las facciones monopolistas que dominan las decisiones del
Estado y el Gobierno, que se erigen como los principales sostenes políticos de la administración de Milei.
Como lo hemos afirmado en otras oportunidades, la burguesía monopolista cerró filas en lo que se refiere a las reformas regresivas que han atacado ferozmente las condiciones de vida del pueblo trabajador, al mismo tiempo que la competencia interburguesa se acentúa y arroja mayores beneficiarios que otros. Así se comprueba cuando Paolo Rocca, titular del Grupo Techint, llama a su casa a Mauricio Macri para exigirle que su partido se presente en las próximas elecciones, afirmando que se deben sostener las reformas pero, claro está, impulsando decisiones políticas y económicas que favorezcan a su grupo y a los sectores que hoy ven limitadas las ganancias de sus negocios.
Esta realidad explica los movimientos que por arriba se vienen expresando y haciéndose conocer con lujo de detalles. Movimientos que apuntan a la próxima contienda electoral de 2027, aun cuando para la misma falten más de un año que, en la política argentina, es un lapso de tiempo que puede significar todo un siglo.
Y no sólo para la política un año es una eternidad. Lo es, y mucho más, para la acuciante situación que atraviesan millones de compatriotas cuyas condiciones de existencia rozan, en muchos casos, la sobrevivencia. El deterioro que se ha acentuado en los últimos meses es monumental. Las medidas de ajuste que el gobierno sigue aplicando impactan de lleno en cada vez más sectores de la población, tanto la asalariada como la que vive de ingresos por cuenta propia, como así también los jubilados y pensionados y otros sectores como, por ejemplo, el pequeño y mediano comercio.
Los datos, siempre sesgados pero datos al fin, hablan por sí solos. Casi 6 de cada diez niños y niñas son pobres, según un informe del Observatorio Social de la UCA (Universidad Católica Argentina). Y de esos seis, uno es indigente. Los datos del salario mínimo elaborados por Bloomberg Línea arrojan que, en un listado de 19 países de América Latina, Argentina ocupa el puesto 17, sólo por encima de Venezuela y Cuba; 233 dólares, que equivalen a 341.000 pesos. El aumento de la desocupación arroja a cientos de miles a buscar ingresos en aplicaciones, changas de todo tipo, y obliga a quienes están en “blanco” a buscar ingresos extras como ventas de todo tipo, rifas, etc.
Esta es la realidad de la que la política institucional no dice una palabra. Van detrás de la construcción de candidaturas pero se cuidan de no “sacar los pies del plato” respecto de las cuestiones de fondo del programa de la burguesía que es, ni más ni menos, atacar las condiciones de vida de millones para atenuar la crisis capitalista que campea en el mundo y en la Argentina. En semejante grado de pauperización, cualquier candidatura debería construirse alrededor de un aumento general de salarios, jubilaciones, pensiones, asignaciones y subsidios, pero la realidad demuestra que ni los candidatos más “opositores” se animan a insinuar, siquiera, medidas tan urgentes y necesarias. Tal es el grado de subordinación al capital monopolista de todas las facciones políticas de la burguesía.
Las demandas salariales crecen día tras día. Sobre todo, en sectores como la educación y la salud. En Córdoba y otras provincias como Catamarca, Tucumán y ahora Chubut, las bases trabajadoras buscan su propia metodología de lucha y organización (incluso con enfrentamientos directos, como en Córdoba) para poder dar pelea consecuentemente y, evitar así, la traición de las conducciones sindicales y corporativas. Por otras causas, lo mismo sucede en la lucha contra los despidos en el INTI o en las importantes manifestaciones de los tareferos (proletariado productor de la yerba mate) en Misiones, o en las movilizaciones en Entre Ríos contra la reforma previsional que intenta llevar a cabo el gobierno de esa provincia.
Sin lugar a dudas, ante la persistencia en la aplicación del ajuste por parte de los gobiernos nacional y provinciales, la lucha por el salario y los ingresos del pueblo trabajador irá en aumento. La conflictividad se irá acentuando, pues lejos ha quedado la intención de la burguesía de quebrar el ánimo de combatividad del proletariado. Aun con alzas y bajas, la tendencia seguirá un curso ascendente, siendo el reclamo por los ingresos un elemento que se suma al proceso de la lucha de clases. Pero la intención es insuficiente.
Es muy importante que el movimiento de masas comprenda que la lucha salarial debe darse no desde la reivindicación sectorial o gremial, sino desde la perspectiva de la lucha política contra el programa de toda la burguesía. Las conquistas van a ser posibles y duraderas si se llevan adelante con metodologías que rebasen la institucionalidad del sistema, lo que incluye a los sindicatos traidores y cómplices de las políticas gubernamentales. Esa ruptura también debe considerar romper con las divisiones ficticias entre el proletariado; la lucha es de una clase contra la otra y los que estamos de este lado de la trinchera debemos asumir que todos somos proletarios, más allá del encuadre gremial que se trate, por lo que la unidad desde las bases trabajadoras se debe expresar como esa unidad de clase.
Los partidos y los sindicatos del sistema no muestran ni mostrarán la menor intención de asumir ningún papel en la lucha contra el plan del gobierno que no sea el de someterse al mismo y, así, esperar hasta 2027. La conducta del proletariado no pasa por exigirle nada a nadie sino por asumir nuestra condición e intereses de clase para que sea el propio proletariado, con sus metodologías y sus decisiones, quien se ponga al frente del enfrentamiento y avance en crear las condiciones para construir una rebelión desde las bases que termine por derrotar el plan del gobierno.
