Circo parlamentario contra la lucha de clases

El gobierno y la oposición electoral preparan otro circo para mañana a realizarse en el teatro más grande y con mayor eco en los medios masivos: el Congreso de la Nación. La promocionada interpelación al Jefe de Gabinete de Ministros, Adorni, no es más que el pretexto para una nueva función pornográfica de la política burguesa.

No van a discutir sobre el salario ni los ingresos de los millones de trabajadores que sostenemos al país. Tampoco debatirán sobre cómo mejorar el futuro para las generaciones de pibes que crecen en la sobrevivencia, ni sobre la situación de los jubilados y pensionados, ni de la salud de la población, ni de la necesidad de una educación científica, obligatoria y gratuita que garantice los conocimientos necesarios para la potencial creatividad de las masas laboriosas venideras.

La cuestión va a ser como se ensucian unos y otros para desacreditar las expectativas eleccionarias del candidato competidor del próximo año, para ver quién llega menos lastimado a cubrir los puestos que les permitirán enriquecerse en lo personal mientras sirven a los grandes capitales que vienen haciendo sus grandes ganancias en medio de una disputa sanguínea por acrecentar sus negocios particulares aún más.

No hay oposición entre modelos de país, como insisten en hacernos creer. Todos quienes estarán presentes, quién más quién menos, exhiben como antecedentes el haberse prestado, alquilado o vendido a las distintas fuerzas políticas de una misma clase: la burguesía. Decenas de puentes fueron transitados y todos se han movido de un lugar a otro con la facilidad que les otorga el pertenecer a una sola clase.

Que “Estado presente”, que “Estado ausente”. El Estado, como instrumento de dominación de la clase capitalista, siempre ha estado presente y estará presente, mientras pueda, creando las leyes para beneficio de los grandes capitales, con su poder judicial que vela y velará porque esas leyes se cumplan a favor de los mismos y las decisiones políticas, con la complicidad de la CGT y organizaciones sindicales, seguirán actuando en contra de los trabajadores, jubilados, niños y jóvenes destinados a vender su fuerza de trabajo o a ser excluidos.

La famosa casta no es otra que la burguesía. Incluso, aquellos que la van de socialistas pero que, política e ideológicamente, son defensores de la legalidad del sistema: aunque sus discursos son de barricada, su comportamiento en las calles y las luchas son como en el Congreso (según los dichos de Carlos Marx), mostrándose respetuosos de las leyes burguesas y subordinándose a las instituciones del Estado edificado a imagen y semejanza de los monopolios.

Ni peronistas en cualquiera de sus versiones, ni radicales, ni socialistas de pacotilla, ni liberales, ni anarcolibertarios moverán un dedo por modificar a fondo las condiciones de vida paupérrimas de las grandes masas laboriosas, porque ello significaría revolucionar, hasta el menor detalle, la existencia misma de toda la organización social basada en la forma en que nos asociamos para producir y reproducirnos, y eso es totalmente contrario al sostenimiento de sus intereses y modo de vida basado en la explotación del trabajo ajeno.

Ninguna perspectiva de solución que provenga de la mano de ellos. Pero no debemos confundir retroceso a golpes con fortaleza. La burguesía está totalmente impotente de avanzar en un proceso que le permita salir de esta debacle política que no le permite hacer sus negocios como quisiera.

Debemos avanzar decididos sobre esa debilidad del opresor, asimilando los golpes, uniéndonos en la acción, forjando nuestro propio destino, trabajadores y pueblo oprimido, sin mandato institucional y siguiendo la voluntad soberana de las bases movilizadas. Debemos, desde ya, seguir extendiendo y profundizando las luchas que, en racimos, se multiplican a lo largo y ancho del país sosteniendo en forma creciente, aunque todavía dispersa, la resistencia a las políticas que el actual gobierno de turno implementa contra nosotros con la complicidad implícita o explícita de la supuesta “oposición” parlamentaria e institucional.

El camino que se viene transitando no es otro que el más correcto, en donde las bases, en forma independiente defienden sus intereses en contra de la patronal, los gremios a su servicio y el gobierno de turno.

Diferenciando de esa forma el antagonismo de los intereses de clase entre la burguesía con su Estado e instituciones, por un lado, y el proletariado y sectores oprimidos, por otro. Por eso afirmamos que la lucha común es política y de profundo contenido revolucionario desde sus motivaciones más elementales e inmediatas, aunque aparezca como una puja por aumentos de salarios o defensa de los puestos de trabajo.

Hacer consciente entre las grandes masas movilizadas el carácter político de clase de cada lucha, avanzar decididos en ese rumbo, fogueándonos, uniéndonos y organizándonos para producir grandes gestas protagonizadas por la clase obrera en unidad con los oprimidos, es la tarea en la que desde siempre se viene empeñando nuestro Partido, comprometido con los intereses profundos de los trabajadores.

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