¿Pensamos o estamos siendo pensados?


Para todos los que nacimos hacia el final de la última dictadura militar, en 1983, (dictadura que secuestró, torturó, desapareció y asesinó a una gran cantidad de compañeros y compañeras que habían leído a Marx y actuaban como marxistas —porque no vinieron solamente a interpretar el mundo, sino a cambiarlo—), quedó una marca profunda. Los compañeros que sobrevivieron, y también nosotros (que no vivimos el gran empuje de los años sesenta y setenta), sumado a la caída de la URSS en los 90 y tantas otras derrotas, quedamos ante nuevos desafíos para instalar -una vez más- el desafío revolucionario de la lucha por el socialismo.
Resistimos, y seguimos resistiendo .
En ese tránsito pasaron nuestras vidas. Nacimos y crecimos escuchando teorías como “el fin de la historia”, “el fin de la lucha de clases”, “el fin de los trabajadores”. Todo eso atravesaba nuestra vida cotidiana.
Y junto con eso apareció algo que nos marcó profundamente: las “marcas”. Nuestra vida fue y es una vida de «marcas». En ese paso del tiempo también creíamos que pensábamos por nosotros mismos. Y “pensábamos”, entre otras cosas, que necesitábamos usar solamente remeras Adidas; o mejor dicho, remeras “de marca”.
Hoy, ya bastante alejados de todo eso, empezamos a preguntarnos: ¿quién nos dijo que necesitábamos usar una remera Adidas? ¿Realmente lo necesitábamos? ¿Por qué una persona llega a pensar eso? ¿Qué significa pensar así? ¿Cómo un pibe de 17 o 18 años llega a creer algo semejante? ¿Qué es eso que actúa dentro tuyo y te lleva a pensar de esa manera? ¿Qué es Adidas? ¿Quién produce Adidas? ¿Quién está detrás de esas cosas?
Son preguntas que hoy creemos que podemos empezar a responder. Y eso ocurre después de haber empezado a leer a Marx y a Lenin. Estos tipos nos enseñan a mirar qué es el capitalismo y cómo funciona; a ver cómo se despliega toda esa enorme estructura, con sus fundaciones, columnas y vigas, que forman la sociedad capitalista. Una sociedad armada por un pequeño grupo de personas que digitan y moldean nuestras vidas: la burguesía.
De una manera oculta, silenciosa y casi imperceptible en un primer momento, actúa la mercancía y su carácter fetichista: piensa por vos, te conduce a pensar en términos mercantiles. En este sistema nosotros solo podemos ser consumidores, como la gran mayoría del pueblo.
Y además somos sus trabajadores: trabajamos para sostener su modo de producción. Somos engranajes que funcionan para que este sistema capitalista no se detenga.
Un sistema donde seguimos siendo trabajadores miserables, donde nos cagan de hambre y nos someten a todos sus experimentos para que la burguesía gane más plata; para que el dueño de Adidas tenga más poder, más dinero, más capital. Nosotros queremos que se empiece a pensar y a mirar otras ideas, otra forma de ver la vida.
Porque hay otra cosa, hay otra vida esperando por nosotros.
Marx es mala palabra. No se enseña en la escuela ni en ningún lugar que la burguesía planifique o controle.
Por eso, tratando incluso de despersonalizar al máximo a estos tipos —Marx y Lenin—, creemos que es necesario leerlos de manera franca y sin prejuicios. Leer sin empezar juzgando. Y recién después sacar conclusiones, para decidir honestamente si sirve o no leer a Marx y a Lenin. E ir por aquello que los compañeros y compañeras  pretendían en la década del 70: cambiar este sistema.
Compartí este artículo

Deja una respuesta