¡La pelota no se mancha! (Diego Armando Maradona)


Hace poquitos días en el Barrio Monte Castro de la ciudad de Buenos Aires se «descubrió» un taller textil clandestino. Ocho personas con siete menores incluidos se encontraban trabajando en condición de esclavos.

Esta terrible noticia que es solamente la cara visible de un entramado de explotación que afecta a una infinita red de trabajadores y trabajadoras, nos hizo reflexionar sobre las condiciones de trabajo que golpea al proletariado en el mundo.

El próximo mundial de fútbol está mostrando una vez más la crueldad de una clase burguesa que ha «manchado» la pelota una y otra vez. Veamos algunas expresiones que por estos días sacuden a explotados y oprimidos, que hacen referencia a otros países pero que -de alguna manera como en el caso del barrio de Monte Castro- nos toca muy de cerca.

La pelota oficial (El Balón Trionda de Adidas) se produce fundamentalmente en Sialkot, Paquistán a través de proveedores como Forward Grup. Los salarios miserables que cobran los obreros y fundamentalmente obreras es de 33 dólares semanales, con jornadas de 12 horas en condiciones de trabajo aberrantes. Paquistán está sufriendo una inflación galopante que pulveriza ese salario. Esos 33 dólares cubren la tercera parte de las necesidades básicas de esa inmensa mayoría explotada. Cabe recordar que cada pelota se vende a 170 dólares.

En cuanto a la ropa y camisetas de las selecciones.  Estas prendas se fabrican principalmente en Bangladesh, Vietnam, Camboya e India. A las obreras se les exigen entre 60 y 80 prendas por hora, y están sometidas a toda clase de humillaciones como la prohibición del uso del baño. Trabajan entre 10 y 12 horas por día, seis días a la semana y con la obligación de horas extras bajo amenaza de despido. Sufren represalias si quedan embarazadas. Desde ya no existen guarderías para las y los hijos o licencias de maternidad. Sumado al calor extremo, ruidos ensordecedores, alta exposición al polvo textil altamente tóxico: sólo algunas de las pésimas condiciones de trabajo que las rodean.

Botines y zapatillas. A pesar de la aplicación de alta tecnología para la producción de botines y zapatillas, centenares de miles de obreros del sudeste asiático intervienen manualmente en esta producción.

Por denuncias internacionales se sabe que sólo el 1% de lo que facturan las «grandes» marcas van dirigidas a esos salarios miserables. Estas marcas contratan empresas y son las ejecutoras de la crueldad que padecen las obreras y obreros del sector. Mientras tanto, empresas como Adidas y Nike nos llenas de publicidades con un discurso hipócrita, se autodenominan “humanistas del deporte” como si estuvieran por fuera de sus responsabilidades frente a tales aberraciones para la sociedad humana.

Hasta trabajan niños, descalzos, encerrados en grandes establecimientos. Hacinados, produciendo para un mundial de fútbol cada vez más desvalorizado. Niños que no podrán usar ni de lejos lo que sus manitos producen.

Seguramente la gran mayoría de quienes disfrutamos del deporte y particularmente del fútbol recordamos la frase del Diego. El mundial lo vamos a seguir a pesar de todo lo que existe detrás pero cada vez más nos sentimos identificados con esas frases que nos van unificando en una forma de ver tal acontecimiento.

Por ejemplo: asociar el fútbol a un gran negocio de pocos, la compra y venta de resultados presionados por el mercado de las apuestas, las víctimas proletarias acontecidas como las ya mencionadas o las aberraciones vividas en el mundial de Qatar en la construcción de los estadios. Despilfarro de fuerzas productivas, entre otras cosas.

Este mundial se realiza en un marco de guerras interimperialistas. Marco propicio para dar batallas de denuncias contra todo tipo de crímenes, como el genocidio que están llevando adelante Israel-EEUU contra el pueblo palestino.

Debemos utilizar esa caja de resonancia para multiplicar la protesta, la rebeldía y prestar mucha atención a cómo un jugador de fútbol del Barcelona de apenas 18 años, Lamine Yamal, ondeó la bandera de Palestina en un marco futbolero de alta competencia.

Multiplicar esas expresiones allí en donde nos encuentre el certamen. Seguramente habremos aprovechado una tribuna que hoy más que nunca hay que transformarla en una denuncia política hacia un sistema nauseabundo.

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