Agostina: otro aberrante femicidio


El hallazgo cuerpo de Agostina Vega, la adolescente de 14 años asesinada en Córdoba, conmovió a todo el país.

Se encontraba desaparecida desde el 23 de mayo. El principal sospechoso de ser el autor del brutal femicidio, Claudio Barrelier, tiene serios antecedentes penales e integra la barra brava de Instituto.

Y si hablamos de barras, estamos diciendo también, conexiones con la policía, con la política, en fin, con toda la mugre que enluta y se ensaña especialmente con las barriadas populares y humildes, que padecen en lo cotidiano los delitos asociados al narcotráfico, la trata de personas, los femicidios, los delitos sexuales.

Una verdadera institucionalización de la violencia como forma de represión profunda a nuestro pueblo, en dónde la violencia sistemática contra las mujeres se presenta bajo sus peores expresiones. No es casualidad, tampoco, que la mayor tasa de femicidios se de en estratos sociales de bajos recursos: allí también se expresa una diferenciación de clase.

La familia de la adolescente denuncia a la policía local por haber demorado el inicio de la investigación por su desaparición. Es más, señalaron a todos los medios que estaban muy ocupados por la seguridad del partido de final del campeonato entre River y Belgrano de Córdoba. Como ocurre habitualmente en estos casos, la policía siempre llega tarde.

La angustia de la familia de Agostina y de sus amigos, compañeras y compañeros de colegio, y de todo el barrio, se transformó en bronca y legítima violencia (hay que decir que durante todos estos días pasados se organizaron marchas reclamando por la aparición con vida de Agostina) contra la policía: en el barrio General Mosconi, fue atacado el destacamento del lugar a piedrazos, con quema de gomas y otros incidentes que derivaron en la represión con gases y balas de goma.

El alerta Sofía tendría que haberse disparado antes. “Nadie nos escuchó. No hicieron nada. Cuánto se tardaron.” Así lo describió un familiar de Agostina, atravesados todos por el inmenso dolor.

Los insultos y la bronca apuntaron también, por supuesto, contra el ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, cuestionando la demora en tomar las acciones necesarias. La violencia sobre las mujeres y las diversidades sexuales constituye una forma particular de represión, que se mezcla y se potencia con la llamada «inseguridad».

Claramente, la “seguridad” que nos ofrece el sistema no nos sirve en ningún plano, mucho menos en el plano de la violencia sobre las mujeres en dónde las leyes y protocolos conquistados son pasados por alto, ninguneados y burlados por el propio poder judicial y la policía. Aquí también, y desde hace mucho tiempo, se expresa la crisis de representatividad, porque está claro que ya nadie confía en las instituciones judiciales, ni en las fuerzas de seguridad.

En el barrio Libertador, en Loma Hermosa (Partido de Tres de Febrero) los vecinos, hartos de la inseguridad, atacaron y prendieron fuego un búnker de acopio y distribución de droga de alguna de las bandas locales, ante el asesinato de un habitante del barrio. Claramente un ejemplo de cómo el pueblo, con las herramientas que tiene y como puede, percibe con certeza la realidad de la situación, y comprende que la salida está en nuestras manos y en nuestras decisiones colectivas.

Habrá mucho por debatir, por supuesto. Pero algo es cierto: el sistema no aguanta más. No da para más. No queremos más casos como el de Agostina. Porque ya nada se puede esperar de las instituciones de ese sistema. Porque los políticos están en la suya: cargos, puestos, reparto de lo que roban, utilizando los servicios de matones de las barras, o de la policía. Todo está conectado: el Estado como garante de la «inseguridad» y de la reproducción sistemática de la violencia sobre las mujeres, como forma de dominación de clase. Todo sea para repartirse negocios a costa de la sangre de nuestro pueblo.

¡¡Es hora de que nos ocupemos y digamos basta!! ¡Basta de femicidios y complicidad institucional!!

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