Una lucha “pequeña” y grande a la vez que desentona con el contexto


En medio de miles de despidos de obreros y trabajadores en general, la burguesía avanza sobre las condiciones de trabajo y quita también derechos políticos adquiridos a través de años de luchas de toda la clase que produce todo para la vida en sociedad.

Las medidas para conquistar mejoras tomadas en los primeros meses del año en el marco de la resistencia a esta situación, fueron mermando y, a pesar de que por cada cierre o despido se ejercieron luchas que abarcaron varias empresas grandes como Granja Tres Arroyos en Entre Ríos, FATE en Buenos Aires, y otras de menor tamaño, los obreros y empleados perdieron sus trabajos, quedando desamparados y sin posibilidad de procurarse los medios de vida.

En todos estos casos, los gremios, verdaderas herramientas del Estado, jugaron y juegan a favor de la patronal dando vuelta la cara, dejando actuar o aceptando “conciliaciones obligatorias” incumplidas por las empresas sin que nadie (justicia laboral o institución alguna), como es lógico, moviera un pelo a favor de los trabajadores.

Este clima fue influyendo en el ánimo y disposición de los asalariados, que no ven horizonte favorable dada la carencia de organizaciones que representen sus intereses y les sirvan de acumulación de fuerzas y orientación política, pues las que existen en algunas fábricas o empresas de servicios, al igual que el partido de trabajadores a nivel nacional, influyen en determinados puntos pero aún no se erigen como faro visible y ejemplo para el resto de la clase, con capacidad de mostrar el camino de que los problemas, las necesidades y aspiraciones de los obreros y trabajadores en general, los resolveremos entre nosotros mismos sin falsos “representantes” o tutores gubernamentales o judiciales.

Eso, sumado al momento histórico que transitamos en donde las autoconvocatorias se generalizan, aún no devienen en formas orgánicas independientes y permanentes penetrando en la masividad de la clase. Algunos gérmenes de las mismas que son augurios esperanzadores van apareciendo, pero no son suficientes ante los embates de la burguesía.

El momento se presenta como de una aparente inactividad que configura un estado de ánimo de letargo en los trabajadores.

Sin embargo, existe y crece a diario, acumulándose como el goteo de agua en un recipiente, la bronca que se mastica y se charla no sólo en los ámbitos de trabajo sino también en las colas de los trámites, en las reuniones familiares, y en cada lugar en donde se encuentran las personas que vivimos del trabajo asalariado o del ingreso producto del trabajo bajo patrón disfrazado de monotributo.

El centro de esa bronca está ocupado por las condiciones de vida que incluyen salarios a la baja, condiciones laborales, elevadísimos costos de servicios esenciales para la vida, aumentos en los alimentos, dificultades o directamente carencias en la atención de salud, retaceo creciente en la posibilidad de estudio para los niños y adolescentes, privación de posibilidades de tener una vivienda propia, y deudas crecientes para llegar a fin de mes, etc.

Todo esto, no se expresa aún en acciones colectivas que impulsen un rompimiento de la situación que le dé otra tónica a la siempre vigente lucha de clases.

Pero, como todo proceso social, la lucha de clases tiene sus vericuetos y entonces aparecen hechos que, desde un análisis laxo, en este marco, serían incomprensibles. Sabemos, porque la ciencia proletaria, el marxismo, nos lo ha enseñado, que la acumulación desemboca en un cambio del movimiento sin aviso del momento, pero de una calidad diferente y superior.

Una muestra de esa tendencia, es lo que ocurrió hace dos semanas en Acindar Arcelor Mittal.

En la mencionada empresa, un obrero no pudo entrar a trabajar en el turno noche pues el molinete de ingreso lo frenó. Era poco más de la hora 22:00 cuando el obrero llamó a un delegado.

Inmediatamente, a su llamado, un compañero de la Comisión Interna, más unos delegados honestos y combativos, aunque de distintas opiniones políticas, se hicieron presentes. Obreros de su sector que fueron llegando, también se juntaron en los molinetes y todos realizaron una asamblea allí mismo.

Luego ingresaron a la fábrica y se trasladaron al sector en donde trabaja el obrero y allí realizaron otra asamblea con sus compañeros la cual decidió parar hasta que no se aclarara la situación.

A esta medida, otros compañeros del sector contiguo de acería se solidarizaron y se pusieron en estado de alerta.  Luego de tres horas de paro, personal de Recursos Humanos y de Recursos Laborales de la empresa tuvieron que dar respuestas. ¡Era la hora 1:00 del otro día!

Por boca de los jerárquicos se supo que el problema era un reclamo del operario a la ART por una lesión, pero lejos de avisarle al compañero, la empresa decidió, en un nuevo acto de amedrentamiento, dejar que el compañero se llegara hasta la planta para allí indicarle que no podía entrar.

El hecho, podría evaluarse como una anécdota tras la cual volvió todo a su normalidad de superexplotación.

Pero si lo miramos con el cristal de la lucha de clases y los insondables tentáculos de la misma, apreciaremos que en el mismo se condensa lo mejor de la clase obrera: la solidaridad, el espíritu de clase, la unidad de las bases a pesar de las diferencias políticas y la convicción de resistir en las peores condiciones políticas, económicas, laborales y de vida.

Porque no se trata de alguna o todas las carencias que constituyen el centro de la bronca detalladas más arriba y que están soportando los trabajadores que, obviamente, son importantísimas, sino de la identificación de clase entre compañeros que atravesó a obreros y delegados que actuaron como un solo hombre ligados por un sentido político de dignidad.

Del otro lado de la contienda, la empresa, que aparece como todo poderosa, retrocedió sin disimulo.

Una muestra más que debemos valorar como el tesoro más valioso que tenemos como clase y que despunta en hechos como el detallado: la independencia política y el protagonismo que nos llevará a crecer como clase porque día tras día podemos comprobar que nadie, ni el más “pintado”, nos va a resolver los problemas políticos que hacen a nuestras vidas y que debemos resolver colectivamente.

No se trata de poner a las mejores personas que defiendan nuestros intereses. Se trata de crear una fuerza obrera tal que obligue a nuestro oponente a retroceder en sus pretensiones de esclavizarnos. Una fuerza que finalmente logre emanciparse de esa burguesía voraz que se vale de los gobiernos de turno y de su herramienta sindical reglamentada por ellos y sus leyes injustas.

Compartí este artículo

Deja una respuesta