Pasado y Presente

 

 Las masas obreras que no han sido organizadas presentan un panorama peligroso, porque la masa más peligrosa, sin duda, es la inorgánica. La experiencia moderna demuestra que las masas obreras mejor organizadas son, sin duda, las que pueden ser dirigidas y mejor conducidas en todos los órdenes. La falta de una política social bien determinada ha llevado a formar en nuestro país esa masa amorfa”, decía Perón en el famoso discurso del 25 de Agosto de 1944 en la Bolsa de Comercio.

 

Varios meses después, el 17 de octubre del ’45, la clase obrera irrumpía políticamente por fuera de todo tipo de institucionalizacón de la época. En su discurso, Perón lo anticipó, y advirtió a su propia clase del accionar independiente del proletariado y su intervención directa en la lucha de clases.

 

Antes y después del 17 de octubre la clase obrera iba a seguir acumulando la experiencia necesaria para sortear los complejos procesos que se le habían impuesto.

 

Recorrer o sintetizar en esta nota los fundamentos de esta idea central sería erróneo, pero sí podemos reflexionar las conductas políticas revolucionarias cuando de lo que se trata es de batallar en el plano político, ideológico y orgánico contra el poder de la clase burguesa.

 

Asumiendo ese hilo conductor de protagonismo del proletariado en la situación en la que actualmente nos encontramos como clase, bien definida en la nota de ayer «El valor del espíritu revolucionario de la resistencia», se nos plantea a los revolucionarios lidiar en el plano ideológico contra una ofensiva anticomunista del gobierno, y contra el reformismo que tiñe a todo el actual arco electoral del país.

 

Hoy la clase dominante está envalentonada y avanza contra el proletariado en todos los planos, más allá de todo enfrentamiento interburgués, la clase burguesa acuerda y se unifica en su ofensiva clasista. Los «pro» gobierno y los «contra» gobierno solo pelean por ocupar un sitio de administración de lo más concentrado del capital.

 

Al igual que en otros momentos de la historia la burguesía atacó con la misma furia los planos políticos, ideológicos y organizativos independientes  de la clase. La actual situación así lo reafirma. A decir verdad este gobierno avanzó sobre los derechos políticos de la clase obrera y seguramente apresurará la marcha para garantizar a toda la clase burguesa los beneficios que producen la superexplotación y opresión hasta aquí logradas.

 

Pero la resistencia actual que venimos caracterizando le está poniendo piedras en el zapato a toda la institucionalidad.  Y es aquí en donde un arco de la clase dominante está advirtiendo que en las masas laboriosas, en las masas oprimidas, la no existencia de «interlocutores válidos» podría acarrear serios dolores de cabeza al poder instaurado. Las ansias de las ganancias, la subestimación al pueblo y la soberbia del poder son ingredientes que juntos manifiestan una verdadera grieta por donde la resistencia puede acumular fuerzas para cambiar la correlación de fuerzas entre explotadores y explotados.

 

La clase burguesa ha tenido logros en el campo de la institucionalidad, su legalidad la intenta imponer bajo el lema de la constitucionalidad, es cierto y eso pesa en el abajo.

Pero existe el  otro campo y es el de la vida cotidiana del explotado y el oprimido, es la vida de casa por casa que está padeciendo el dolor y la bronca de una vida indigna y plagada de injusticias, ese campo se ha ensanchado, la institucionalidad que incluye a sindicatos está por el piso, se ha roto todo tipo de representatividad.

 

Perón lo advirtió en su discurso, hoy algunas voces de la burguesía lo están advirtiendo, pero la ceguera que les da el poder implica que para los revolucionarios el camino de la rebeldía, de la acción política independiente en este marco de definición de resistencia, es el único camino que puede dar respuesta en los marcos de un sistema capitalista nauseabundo y de un grado de anarquía superior.

 

 


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