Humanizar la acción en la lucha política

En una fábrica de capitales trasnacionales los trabajadores organizan una colecta para reunir alimentos para un compañero y su familia, dado que éste tiene embargado su salario.En otra empresa de servicios públicos, un trabajador hace un llamado a sus compañeros para que lo asistan y poder llevar algo a su familia. “No cobro hace dos meses y no puedo llegar a mi casa con las manos vacías”.

La tasa de intentos de suicidios aumentó un 40% respecto de la media histórica. En los puentes Chaco-Corrientes y Zárate-Brazo Largo, organizaciones civiles se dedican cotidianamente a recorrer los mismos con la intención de persuadir y evitar que las personas se quiten la vida.

El endeudamiento familiar supera los 39 billones de pesos. Esto significa un promedio de 5,6 millones de deuda por cada hogar. Entre 5 y siete millones de compatriotas han caído en la morosidad y sufren importantes descuentos o, directamente, el embargo producto de las deudas contraídas. Deudas que no fueron tomadas para consumo de productos suntuarios sino para pagar alimentos, servicios y medicamentos.

Esta es la realidad acuciante, denigrante, insoportable, que atraviesa el proletariado en Argentina. A pesar de que millones de trabajadoras y trabajadores acuden a lo que se llama en la actualidad el “multiempleo”, buscando aumentar su ingreso para poder sostener a sus familias, esa variante no resuelve la situación. El ajuste es permanente y abarca a todas las facetas de la familia proletaria; porque no se trata solamente de que un padre o una madre de familia tenga que sostener a sus hijos e hijas, sino que, además, deban afrontar la situación de padres, madres u otros familiares que terminan dependiendo de ayudas impostergables como tratamientos médicos, compra de alimentos y medicamentos, etc.

Una importante porción de la sociedad argentina atraviesa este verdadero drama social que implica un declive cada vez mayor de las condiciones de vida. Sobre estos pilares está sostenido el “éxito” del plan económico del gobierno que toda la burguesía celebra y reivindica. Su contraparte es, por ejemplo, los 2.600 millones de dólares que las multinacionales giraron al exterior, en concepto de utilidades y dividendos, en el primer semestre de 2026. O el aumento exponencial de los pagos de capital e intereses de deuda, tanto pública como privada.

El nivel de impunidad y obscenidad que muestra la burguesía en la Argentina está fundado en la convicción de que la sociedad en su conjunto acepta estas condiciones. Sus encuestas amañadas, que hoy marcan un descenso en la aprobación del gobierno para mañana marcar un ascenso, les sirve para sostener su mentira hacia ellos mismos y hacia el conjunto social, intentando quebrar el ánimo del movimiento de masas para que éste termine concluyendo en una resignación generalizada. En someter a la clase obrera y el pueblo para que acepte que ésta es la única vida a la que podemos aspirar.

De esta manera, suman al embate contra las condiciones de vida materiales, un embate político e ideológico feroz. Allí radica, en definitiva, su último y principal objetivo: derrotar al movimiento de masas como condición para una “estabilización” que les garantice gobernar y explotar aún más al proletariado.

En ese marco, como lo venimos afirmando, el proceso de resistencia se desarrolla no sin inconvenientes. Inconvenientes propios de una situación tan dramática que obliga a las masas a pensar en cómo afrontar un futuro que se limita al día a día, y no más que eso. Así y todo, la resistencia no deja de mostrar signos que pueden no parecer vitales, sino signos de supervivencia. Pero que, en definitiva, demuestran que, aún en medio de semejante complejidad, sectores del movimiento de masas persisten en buscar salidas. Aunque todavía sean salidas momentáneas. Allí debe radicar la confianza material que las fuerzas revolucionarias debemos depositar en las masas. Y esa confianza tiene que reflejarse en llevar adelante iniciativas políticas que permitan la expresión de esos sectores dispuestos a seguir resistiendo.

No importa si los mismos hoy todavía son minoritarios. Tampoco si esas iniciativas no son grandilocuentes o que obtengan resultados inmediatos. De lo que se trata es de, además de la denuncia de la situación, buscar canales organizativos que permitan realizar un ejercicio de la resistencia.

Un camino que permita entender la situación no sólo desde el razonamiento sino también desde la acción, desde el ejercicio práctico que permita que los sectores de masas se encuentren, se acompañen, se vayan identificando a sí mismos como la expresión de una rebeldía que no se doblega a pesar de las enormes dificultades que se atraviesan.

Convocar para repartir un volante, hacer una pintada, solidarizarse con otros sectores en lucha, organizar esa solidaridad entre compañeras y compañeros de trabajo. Sin importar que el número que se organice sea pequeño. Ese es el número que hoy se puede y dispone a organizar y es el indispensable para mantener encendida la llama de la resistencia. Y es el que hará crecer a la misma en la medida que se vayan convirtiendo en una referencia real de lucha ante la defección de los sindicatos y los partidos del sistema.

La lucha política reside hoy en humanizar las acciones que llevamos adelante. Verlas como factor de unidad, solidaridad, aliento, identificación y, sobre todo, espacio de participación efectiva de un proletariado capaz de saber entender y actuar como tal, si las y los revolucionarios cumplimos ese papel de impulso que hoy se necesita.

Esa es la conducta que refleja en esta situación nuestra irrenunciable confianza en las masas. Y es el camino para preparar la indispensable rebelión que venga a poner las cosas en su lugar, demostrándole a la burguesía que a su fiesta se le puede presentar la tormenta cuando menos se lo espere.

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