Sabemos que ha aumentado de manera notable la demanda de atención en salud mental: en los hospitales públicos y centros de salud los turnos están colapsados y hay que esperar meses para acceder a una entrevista de admisión. Por otra parte, las obras sociales también se encuentran desbordadas (y desfinanciadas) y los tratamientos se reducen a ciertos número de sesiones. En el ámbito privado también hay un aumento de consultas, pero es claro que pagar un tratamiento psicológico está reservado para una porción menor de la población.
Motivos de consulta? Diversos. Episodios depresivos más o menos severos, crisis de angustia y ataques de pánico, trastornos de ansiedad, impulsividad. Pero un componente siempre presente es la angustia. Sentimiento que acompaña a la incertidumbre y, muchas veces, la desesperación relacionada al presente desolador, y al futuro cada vez más incierto. Por supuesto, cada quien atraviesa el drama social desde su propia subjetividad, pero se puede decir que esa angustia, esa incertidumbre y esa desesperación son elementos comunes en muchísimos casos. Porque la realidad material es implacable. Trabajadores y trabajadoras que no llegan ni al 15 de cada mes, endeudados, pensando en si hoy sus hijos podrán comer las cuatro comidas, es decir lo que debería ser normal en todas las familias proletarias. Alcanzará para pagar la luz? Y el gas? Y cómo hacemos para costear el valor del transporte? Todo aumenta, menos nuestro salario. Porque el salario a la baja es la variable de ajuste predilecta del gobierno criminal que hoy administra el Estado. La afectación del estado de ánimo por esta dramática realidad cotidiana tiene dos consecuencias inmediatas:
- La individual. El sujeto se hunde en el desamparo psíquico, la situación lo desborda. Eso hace que aparezcan síntomas y patologías de naturaleza psíquica, o enfermedades psicosomáticas.
- La social. El estado de ánimo depresivo conspira contra la organización colectiva, aísla al/la compañero/a, tiende a instalarse el desgano.
La forma de encarar el problema
Es claro que la ayuda psicológica resulta muy importante y es una indicación de rigor frente a la aparición de estos síntomas, que afectan de diversas maneras nuestro psiquismo, nuestro estado de ánimo y nuestra voluntad. Claro, lo mencionamos al comienzo: la mayoría de las veces, resulta de difícil acceso. Pero hay algo que sí tenemos al alcance y también es muy importante, fundamental: el acompañamiento, la escucha de nuestros pares, compañeros, compañeras de trabajo, hablar de estas cuestiones y, especialmente, confiar en la capacidad colectiva de organización. Siempre hay algo para hacer, siempre hay formas de incorporarse a la lucha y al enfrentamiento. Aislados, no logramos nada. Pero de manera colectiva, pueden aparecer alternativas interesantes.
Está claro que, si la realidad que nos agobia está orquestada por los intereses de la clase dominante, el aislamiento y la desorganización de las instancias colectivas son parte de sus objetivos. Entonces, empezar a transitar el camino de una rebelión con nuestros compañeros de clase, los trabajadores y el pueblo, es una brillante manera de empezar a tratar estos y otros problemas que nos afectan en nuestra vida diaria, tanto de manera individual como de manera social.
Y quienes podemos hacerlo, desde ya, escuchemos, hablemos, invitemos a aquellos que vemos en situación difícil. Ofrezcámosle nuestra escucha, nuestra contención, pero también un puesto de lucha.
