
El resultado no querido por la burguesía es que también en periodos de resistencia -como se desenvuelve en nuestro país- la lucha de clases dispone. Aunque no de manera abierta – como en épocas de ofensiva-, si acumulando una persistente presión con hartazgos y rechazos extendidos que pueden asemejarse a los previos movimientos sísmicos de la naturaleza que anticipan las tensiones de grandes tembladerales telúricos.
Se puede llegar a decir que la extensión de la resistencia y su forma de manifestarse asoma como un iceberg cuya punta solo es la mínima expresión de la masa de hielo que empuja debajo de la superficie frente a los planes del capital monopolista y la superestructura política.
Esta realidad tensiona las capas tectónicas de sus planes, algunos con golpes muy duros como por ejemplo las movilizaciones contra la ley de tierras o la marcha atrás frente al paro de los prácticos, otras con la decisiones silenciosas como el no pagar las usurarias deudas impuestas a los golpeados bolsillos de las familias trabajadoras, que sumados al crecimiento de la pobreza y el empeoramiento de las condiciones de trabajo y de vida son rebotes que retumban en las alturas del poder con suma aspereza.
Cuando estas presiones que se dejan sentir en empresas, fabricas, las calles y localidades con mayor o menor intensidad son tomadas en su conjunto, el sismógrafo expresa un hecho inexorable de la actual lucha de clases: Que aun en el marco de resistencia y sus vaivenes, la profundización de la crisis y las debilidades políticas de la superestructura derivan de estas condiciones. Que están presentes, aunque no se vean.
La clase dominante y el sequito de toda su institucionalidad toman nota, se cobijan en las más diversas respuestas, tratan de ordenar sus iniciativas políticas, económicas e institucionales apelando a sus aparatos ideológicos y propagandísticos para justificar un demoledor ajuste disfrazado de equilibrio fiscal y la supuesta baja inflacionaria. El contenido no expresa otra cosa que formas de desmontar el peso que en realidad tiene este escenario de resistencia que ya genera choques y del que no puede escapar.
En su lucha de clase contra el pueblo trabajador la apelación a salidas y soluciones desde la superestructura, esta sazonado con los shows discursivos religiosos y anticomunistas de Milei y su sequito, con el que los medios y las redes se sienten a gusto, acompañado del parlamentarismo de todo color y de un el sindicalismo cómplice que le hace coro y que no saca los pies del plato de los planes monopolistas. Es el viejo redoble del recetario burgués mas rudimentario barajado en condiciones de crisis política y de representatividad que intenta soplar, pero esta vez con mal aliento.
Con estas armas -que no hay que subestimar- intenta garantizar gobernabilidad, con las trabas que todo ello implica en lugares de trabajo, con las extorsiones y miedos impuestos, con un electoralismo impúdico, con un diversionismo ideológico sumamente vulgar y pacato, que pretende sostener divisiones y confucionismo en el pueblo trabajador. El juego de la democracia burguesa y la putrefacción política que destila intenta acomodar su papel de garante de régimen capitalista. Frente a un escenario que acumula más broncas, más furia, más rechazo donde los problemas sobre las condiciones de trabajo y la desocupación, sobre una juventud sofocada y condenada a vivir penando explotación, sobre salarios y jubilaciones miserables, sobre los atropellos de todo tipo, ganan terreno día tras día, donde el peso de la resistencia aun con su espontaneidad y sus vaivenes, con sus búsquedas y perspectivas difusas, pesan.
Tal como la clase burguesa organiza su lucha de clases para garantizar un régimen explotador e inhumano regentado por el gobierno de turno y la institucionalidad que los ampara, debemos desde las bases obreras y populares organizar nuestra lucha de clases.
Este atributo de las inmensas masas explotadas y sometidas a las condiciones de este régimen es la respuesta que debemos desarrollar en cada lugar de trabajo y de vida, debemos romper sus planes con los nuestros. de un modo superador de este orden putrefacto, pero aun expresando sus miserias e injusticias congénitas organizar la rebelión obrera y popular es avanzar desde nuestras necesidades en la organización de la lucha de clases frente a un enemigo que se refugia en sus débiles mentiras para que nada cambie.