El fantasma más temido por la burguesía al que Milei llama satanás

En 1848, Carlos Marx y Federico Engels presentaban “El Manifiesto Comunista”.

Sus párrafos iniciales decían: Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes. ¿Qué partido de oposición no ha sido motejado de comunista por sus adversarios en el Poder? ¿Qué partido de oposición, a su vez, no ha lanzado, tanto a los representantes más avanzados de la oposición como a sus enemigos reaccionarios, el epíteto zahiriente de comunista?”

El mismo fantasma revive, ahora encarnado en Satanás, según el discurso que Milei dio en la ORT frente a los alumnos de nivel secundario de dicho colegio. Sus advertencias sobre el peligro comunista, han sido reiteradas durante todo su mandato y anterior a él. Al igual que sus antecesores de los gobiernos europeos de mitad del siglo XIX, el presidente identifica como comunistas a muchos de los partidos de oposición que critican algunas de sus medidas, aunque estén de acuerdo en el fondo y le aprueben a pies juntilla todas las leyes y decretos contra los trabajadores y sectores oprimidos por el capital. Pero no es el único mandatario, funcionario estatal, monarca, sindicalista o burgués a secas que advierte sobre el peligro rojo que asocian al terrorismo, el poder despótico y las penurias que sufre la humanidad.

El cinismo de estos personajes que conforman la clase burguesa que es la que gobierna en todos los países del mundo, no tiene límite moral frente a la concentración de la riqueza en menos del 5% de toda la humanidad, mientras que el 95% de los seres humanos han sido despojados de sus medios de vida, viéndose obligados a someterse a la explotación de su trabajo para recibir ingresos que sólo le permiten sobrevivir, en el mejor de los casos, o a engrosar el ejército de desplazados del sistema. Hoy empujan al genocidio, la guerra entre países y la amenaza de una conflagración mundial terminal a la cual nos están llevando día a día, destruyendo también el ecosistema.

¡Ah! Pero lo peligroso es el comunismo.

Sin embargo, en el camino hacia el comunismo está la oportunidad de los seres humanos sufrientes, es decir, los trabajadores y sectores oprimidos sin medios de vida más que la oferta de su fuerza de trabajo, de poder acceder a una vida digna y una verdadera posibilidad de desarrollo humano.

La burguesía en el poder se opone a semejante “indecencia terrorista”, ocultando que, el sostenimiento de su sistema de producción basado en la acumulación concentrada de la riqueza a costa de todos los desastres descriptos más arriba, nunca favorecerán al 95% de la humanidad y que, por el contrario, reducirán el 5% restante de los beneficiarios del capital.

La pregunta es: ¿por qué el sistema capitalista no puede mejorar la situación de las amplias mayorías no sólo en el mundo sino tampoco en nuestro país? La respuesta es clara: porque la propiedad privada de los medios de producción se ha forjado sobre el despojo de los mismos de las manos de quienes todo lo producimos. Y esa propiedad privada hace que la economía de nuestro país y del mundo esté basada en la reproducción ampliada del capital privado en desmedro de las necesidades sociales de las mayorías. En la sociedad actual, ni siquiera se puede vivir de la casa y de la pesca. Nada está al alcance del ser humano sin propiedad de medios de vida.

La paradoja del capitalismo es que la burguesía necesita del trabajo proletario y, contradictoriamente, a cada vuelta del avance de la tecnología y la ciencia aplicada, los expulsa de la producción. Y esto es ley fundada en la necesidad de mayores ganancias para reproducir en forma ampliada el capital y ejercer dominio sobre el resto. Por eso, no hay forma de “humanizar” el capital limando sus efectos nocivos tal como nos proponen en forma mentirosa quienes pretenden sostener el sistema o los medrosos que no se deciden a combatirlo. Entonces no hay más opción para los trabajadores y todos los sectores oprimidos que llevar a sus últimas consecuencias una lucha franca para resolver la oposición entre la propiedad privada de esos medios de vida y la gran socialización de la producción dada en la intervención de cientos y miles de millones de manos laboriosas para producir en decenas y cientos de países o regiones cualquier cosa que se consume individualmente.

Los comunistas luchamos para que esa oposición entre la propiedad privada de medios de producción (propiedad privada capitalista) y la gran socialización de lo que producimos se resuelva con la transformación en propiedad social de todos los medios de vida, justamente para gozar y disfrutar de la propiedad privada de los bienes de consumo individual. Esta es la única forma de poder desarrollar todos los medios de vida a favor de las mayorías, porque lo que hace que cada progreso en la técnica, la ciencia y la producción en general se vuelva en contra de los trabajadores generando el reemplazo de los mismos por mejores y más desarrolladas máquinas, procedimientos y tecnologías, es el incentivo de la ganancia para la reproducción ampliada del capital privado que compite contra el resto de los capitales.

Esta es la razón por la que, cada capitalista, amparado en el secreto empresario, no dé a conocer al resto de la sociedad los descubrimientos y nuevas técnicas adquiridas, atentando así contra el desarrollo humano. El espionaje industrial es hijo de esta situación, con su barbarie de violencia, compra de voluntades, fraudes, trapisondas comerciales y especulación reaccionaria opuesta al desarrollo y el disfrute social. No es otra cosa lo que vemos, como efecto de ello, en las guerras de conquistas, genocidios, crisis, desplazamientos de masas hacia la pobreza, la indigencia y la expulsión del sistema.

En conclusión, las luchas políticas entre la clase obrera y la burguesía, la conquista de mejores condiciones de vida y el objetivo de tomar el poder para la eliminación de la propiedad privada capitalista y, con ella, el beneficio de una clase minoritaria y cada vez más reducida en desmedro de las mayorías, es la única vía para poder avanzar desde cada país hacia el desarrollo de una nueva vida.

El capitalismo se interpone a esa meta pretendiendo detener el desarrollo humano a costa de las mayores calamidades que ha sufrido la comunidad mundial en toda su historia.

La clase obrera, que en sus manos tiene la producción de todo lo existente, de la que hoy se adueña la burguesía es, por esa razón, la clase con más poder capaz de liderar ese proceso de lucha hasta lograr el poder para transformar las reglas de juego que elimine la propiedad privada capitalista para que las grandes mayorías liberen, en forma cooperativa y socialista, sus fuerzas creativas y de trabajo en beneficio no de la acumulación ampliada del capital sino en el de toda la sociedad.

 

 

 

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