Si quisiéramos dar un ejemplo de crisis política en el plano internacional, deberíamos empezar por la actual reunión llevada a cabo por estas horas en Nueva York con la presencia de 130 «líderes» mundiales en la “famosa” Asamblea General de la ONU, por la que desfiló Ernesto Che Guevara cuando aún el evento expresaba puntos álgidos de la lucha de clases a nivel mundial.
El solo hecho de denominarse aún Naciones «Unidas» transparenta hasta qué grado este foro internacional se ridiculiza así mismo.
Desde esta misma página hemos advertido que los conflictos armados superan más de cinco decenas y mientras los «líderes» hacen advertencias de todo tipo, en estas mismas horas un nuevo conflicto se agrega a la lista. Y que no es menor por su ubicación estratégica.
Fuerzas de la región de Tigray, en el norte de Etiopía, lanzaron una importante ofensiva contra el gobierno federal este miércoles, según informó un alto funcionario etíope, lo que rompió un acuerdo de paz de cuatro años y amenaza con un conflicto regional más amplio.
Las instituciones internacionales creadas después de la segunda guerra mundial no dan respuestas ni la pueden dar en un contexto internacional que ya nada tiene que ver con un pasado que se siente tan remoto.
Los discursos hasta el día de hoy reflejan y afirman lo que caracterizamos. No hay una tendencia a una centralización política por parte de la oligarquía financiera y los riesgos de guerras de varias características ponen el vilo a toda la humanidad.
El sistema capitalista se muestra tal cual es en este escenario «circense», en donde cada cuota de poder se disputa palmo a palmo.
Mientras Trump hacía un discurso amenazante al mundo, sabía que lo estaba haciendo en el marco de la deuda que tienen los EE.UU., de 40 billones de dólares, o sea, el 125% del PBI.
¿En dónde quedaron los 10 billones de dólares del año 2007? Fue un «griterío» dirigido a los círculos financieros preocupados por el rumbo actual de la crisis. Jerome Pawer en su discurso de despedida de la Reserva Federal dijo: «No terminaremos bien si no hacemos algo bastante pronto».
Pero si algo le duele al capital financiero (y lo oculta) es cuando la lucha de clases golpea sus cimientos. En este caso y a modo de ejemplo, el hecho político del conflicto camionero desatado en la frontera México-EEUU.
Durante cuatro días, más de 300 camioneros estacionaron sus vehículos en los carriles del cruce comercial, reteniendo una carga estimada en 800 millones de dólares al día —lo que les costó a las empresas unos 150 millones de dólares diarios— y sumió a ambos gobiernos en una crisis.
Los camioneros protestaban por la revocación masiva de 25.000 visas de trabajo B-1 de camioneros comerciales a lo largo de la frontera norte de México. Unos 19.000 de ellos son camioneros binacionales con visa B-1 que cruzan a diario. El 60 % de los afectados son de Mexicali y el 40% de Tijuana y Tecate, según la Cámara Nacional de Transporte de Carga (CANACAR).
Multipliquemos esta situación por cientos en el planeta y su peso específico a la hora de los negociados de esa burguesía parasitaria, y así comprenderemos mejor el por qué la crisis política tenderá a profundizarse. La lucha de clases está asomando y su peso sigue ascendiendo a la hora de tomar resoluciones políticas por parte de la clase dominante.
Las aspiraciones democráticas de los pueblos, con su diversidad de expresiones, nada tienen en común con los debates de las sesiones de la ONU, las «Naciones Desunidas» cada vez más alejadas de los pueblos del mundo.
A los camioneros mexicanos los acompañan en Chipre, donde se prepara una huelga de portuarios para el día 25 de este mes; en China con una huelga en la empresa Tianjin Electric Power por la demora en pagos de salarios, al igual que trabajadores de limpieza del hospital de Pringdingshan y tantos otros conflictos en ese país. O en Corea, con una huelga en la acería POSCO, o en Australia con una huelga del personal de Qantas por aumentos salariales…
Así podríamos agregar varios ejemplos más sucedidos en estos días, e introducir en el análisis de cada discurso en la ONU la complejidad que los mismos tienen para explicar lo inexplicable cuando se intenta esconder la lucha de clases.