Milei, Caputo y Kicillof se reúnen en Nueva York y Washington con lo más “ilustre” del capital financiero. Entre otros, con el grupo Varénike (del sionismo más recalcitrante con fuertes lazos con Israel y los EEUU, genocidas del pueblo Palestino) y lo hacen para afirmar y garantizar, en grandes trazos, el rumbo establecido por la actual administración en nuestro país.
Mientras tanto, aquí en Fate, 180 obreros que no arreglaron con la patronal y 924 despedidos, están sufriendo las consecuencias de un ajuste brutal a toda la clase obrera argentina y -de hecho- a todo el pueblo.
En este tiempo transcurrido desde el cierre de la empresa ha quedado demostrado -ante los ojos de la familia obrera de FATE- cómo todas las instituciones del Estado han jugado para SU clase. Nos referimos al gobierno Nacional, al Provincial, a la justicia y al sindicato.
Las instituciones le pertenecen a la clase explotadora y todos los movimientos «legales» no hacen más que desgastar las ya debilitadas fuerzas de la clase afectada, o sea, a los obreros y obreras de planta y sus familias. Apuestan a la extinción de la resistencia y todos están embretados.
En ese juego de aparente disputa «legalista» esas instituciones, incluido el SUTNA, solo especulan con las elecciones del año próximo y mueven sus respectivos aparatos en torno a ese voto miserable. Todo es especulación electoral mientras el hogar de la familia obrera se encuentra hoy en un momento desesperación y angustia.
Ante esta situación y ante la experiencia vivida sobre el papel de las instituciones se hace imperioso que, desde abajo, desde lo más profundo de las raíces de la clase obrera se dé un nuevo impulso a la resistencia, para lograr la reincorporación de los despedidos que quieran reingresar y -a la vez- dar muestras de resistencia efectiva con quienes hasta el día de hoy no arreglaron con la patronal.
La amenaza de desalojo está bajo el fuego de una situación de crisis política, tanto del gobierno nacional como del gobierno provincial. La llegada del Papa es un elemento más que pueda generar un estado de movilización, de reclamos masivos, y además habrá que tomarlo en cuenta en un plan político de lucha y resistencia que posibilite conquistas concretas.
Entendemos que solo la masividad de la movilización, de la lucha, permitirá abrir un camino de esperanza. Para ello hay que romper lanzas con todo lo institucional: solo cabe que la clase los use, pero nunca como herramienta propia.
Se trata de que los más decididos de nuestra clase se organicen desde abajo, para lanzar una resistencia activa que incluya a la familia, a los vecinos, a los despedidos, y que -desde el vamos- aplique la democracia directa, o la democracia obrera, que es lo mismo. Es decir: que se vayan debatiendo y decidiendo colectivamente los pasos a seguir.
Es un momento político donde el obrero de FATE, experimentado en la lucha, puede dar un puntapié inicial a una rebelión ansiada y contenida. Se trata de organizar actividades que denuncien a las instituciones y -a la vez- resista y prepare la movilización en forma creciente que posibilite la reapertura de la fuente de trabajo. Que ninguna institución burguesa se dé el lujo de mirar para otro lado.
El poder burgués, el poder político de la clase explotadora, está en una crisis política, y la resistencia ahondará esa situación.
Es un momento en donde hay que reactivar el movimiento de lucha con un carácter amplio y –explícitamente- por fuera de la propaganda electoral que nos imponen desde arriba.
Nuestros problemas son otros e iremos por ellos con nuestras metodologías verdaderamente democráticas.
Hay que darle importancia a los compañeros y compañeras que expresan su odio de clase, pero se encuentran “huérfanos” políticamente. Los planes políticos con interés de clase nada tienen que ver con los planes electorales, que son los políticos de la clase burguesa.
Los planes políticos de nuestra clase están basados fundamentalmente en que nuestra lucha y la organización independiente permitirá avanzar decididamente para revertir la correlación de fuerzas entre las clases enfrentadas, en sus intereses concretos y materiales.
Para los burgueses es “palos o zanahoria”, aumento represivo o democracia representativa, para nuestra clase la política es ganar en dignidad y a partir de allí construir un horizonte para nuestros hijos y nietos.