
Se terminó el juicio por la muerte del compañero Rodrigo Fonseca, trabajador petrolero que tuvo un trágico accidente en junio de 2023 en la empresa Novadrill, propiedad en ese momento de Miguel Carrazco, hoy en manos de la firma Petromar, pero manteniendo el mismo nombre.
Rodrigo fue a trabajar un domingo cuando tendría que estar descansando, pero la propuesta de trabajar un franco a cualquier trabajador de las bases tienta, porque significa unos mangos más a fin de mes.
Ese día no había supervisión, no hubo procedimientos, no hubo nada de lo que tantas empresas pregonan para llevar adelante sus maniobras más seguras.
Tampoco había ropa de seguridad, ni EPP (Elementos de Protección Personal)… ni un mísero casco. Con lo único que se encontró Rodrigo fue con la precarización que lo llevó a la muerte.
Solamente hubo un imputado involucrado en la causa, el cual salió absuelto, pero no se juzgó a nadie más: ni jefes de base, ni supervisores que estaban ausentes, ni siquiera a los dueños. Queda impune una muerte más por la voracidad de explotar como sea a los obreros, sin importar ni garantizar las mínimas condiciones.
Tampoco se apuntó a los dueños del manguerote que mató a Rodrigo, que no es ni más ni menos que Pan American Energy (PAE), propiedad de los Bulgheroni, que son los campeones en hablar de seguridad y nunca les importó dónde mandaban sus herramientas a reparar, sabiendo de la precariedad con la que operaba Novadrill. Lo único que hicieron fue retirar todas sus cosas en los días que la empresa quedó cerrada.
El sindicato petrolero también fue cómplice. Más allá de alguna que otra pelea por mejorar las condiciones, nunca fue a fondo para terminar con ese grado de explotación, teniendo hasta compañeros informales, sin contratos.
Nada cambió de fondo, porque varios compañeros se fueron por luchar y defender sus derechos, que pudieron ganar en algún momento con asambleas y paros. Esto a los nuevos patrones no les gusta mucho porque manejan sus otras empresas sin demasiada resistencia, inclusive costo el puesto del último delegado que había derrotado al representante de la antigua conducción, responsable de toda la política que llevó a que hoy Rodrigo no este entre nosotros.
Hoy, con otro dueño, hubo un maquillaje de políticas de seguridad e higiene, pero siguen con la lógica de trabajar con lo que sea. Toda su política queda en los papeles, pero en los hechos se realizan tareas que antes hacía el doble de personal, hoy reducido a la mitad, por el ajuste brutal que aplicaron para ganar rentabilidad y disciplinar a los trabajadores.
¡No queremos más víctimas como Rodrigo!
Sabemos que esta política llegó para quedarse. Lo que en ese momento pasó en Novadrill, hoy se expande a toda la industria: aumentan los grados de explotación y la multiplicidad de tareas con menos laburantes. Avanzan con la flexibilidad de contratos, tomando compañeros en condición de informales o monotributistas. Ya no permiten que los trabajadores se organicen, no quieren delegados, solamente voceros, en el mejor de los casos, para negociar directamente con los segunda línea del sindicato y garantizar esta política de mayor explotación.
No podemos seguir así. La bronca y el descreimiento en los dirigentes sindicales crece. Esto se tiene que reflejar en organización para resistir esta avanzada de las patronales contra nuestras vidas. Son ellos o nosotros. Necesitamos resistir para no perder.
¡Rebelión petrolera para volver a conquistar lo perdido!