Haciendo el esfuerzo de pensar un poco las cosas que hoy nos están pasando, desde acá, desde esta parte del mundo, y con esa valiosa distinción que siempre hacemos: tenemos más preguntas que respuestas.
En ese esfuerzo por preguntarnos, cuestionarnos y tratar de cavilar, algo que hoy parece exclusivo o restringido por un sistema que no nos deja pensar libremente, vivimos acelerados, con dos o más trabajos y vendiendo todo lo que nos costó mucho obtener.
Así y todo, hacemos el esfuerzo de observar qué sucede en nuestro mundo.
Hoy, el tema del que todos hablan es “la violencia”, pero de lo que NO se dice nada en los grandes medios de “información” es de la lucha de clases, que es la que produce esa violencia. Pero, ¿quiénes son los violentos? ¿Somos nosotros violentos o nos conducen a la violencia? ¿De dónde viene? ¿Qué pensamos de esto, de lo que hasta hace poco no se podía hablar? ¿Quién o quiénes nos llevan a ella? ¿No tendrán razón estos pibes que hoy salen al mundo a luchar de “manera violenta”? ¿Quiénes nos conducen suavemente, pero de manera constante, a la violencia o a rebelarnos?
Estamos convencidos que el responsable de toda esta debacle es el sistema capitalista, una gran estructura cuyas piezas se ensamblan para garantizar su funcionamiento.
Entre ellas está el Congreso, un verdadero circo donde arman leyes, discuten, se pelean y bla, bla, bla. Se manejan como verdaderos dueños y responsables de nuestro dolor y sufrimiento: aprueban leyes, las pasan con moño y nuestro presidente las rechaza, para que todo vuelva exactamente a lo mismo. Todo sigue igual.
Otro engranaje de esta gran estructura son los jueces, la verdadera casta, representantes “legales” del sistema. Si nos rebelamos, estemos seguros de que van a querer llevarnos de la oreja mediante la represión que ellos mismos ordenan. Son partes fundamentales de este sistema burgués, garantizan que todo marche según lo establecido y que se reproduzca. Todo esto está armado y se reproduce día a día.
Nuestra vida actual nos lleva a la violencia: por el hambre de muchos compañeros, por la mezquindad que el sistema nos impone y educa a ser como ellos nos quieren, quietitos y cooperantes. A esto se suma la falta de trabajo, que hace vernos como animales, peleándonos por unas migajas. Nos “invitan” a superar al compañero, al individualismo, a dejar de imaginar un futuro en el que podamos vivir dignamente con la familia, los amigos y todos nuestros seres queridos. Venimos acumulando ajustes contra la educación, la salud y los jubilados, sumando frustraciones y hartazgos de todo tipo.
Esta multiplicidad de aflicciones crea un caldo de cultivo que, más temprano que tarde, generará un salto cualitativo y, por ende, un cambio en la manera de pensar. La falta de futuro nos ahoga, nos deprime y nos empuja, de una manera u otra, a la violencia, a rebelarnos contra un sistema que solo nos dice que debemos ajustarnos cada vez más y que, pasándola mal, en unos años vamos a estar mucho mejor, o que vamos a ser Irlanda o vaya a saber qué otro país “exitoso” los que a la vez no son tan «exitosos».
En ese andar, creemos que debemos encauzar esa violencia y llevarla a un lugar donde pueda ser util, porque ahí radica toda esta pelea. Debe tener un horizonte de combate por el PODER, porque es este sistema el que debemos cambiar, cortarlo de raíz para no caer nuevamente en el engaño, la complicidad y la mentira. Por lo tanto, debemos ir pensando también qué queremos, cómo lo queremos y plantear, ahora, ya, el tema del PODER. Es fundamental abordar la violencia desde la lucha de clases, organizada y pensada desde ese punto de vista, para combatir ya no por nosotros individuales si no ir por el PODER. Si esa violencia la lleva adelante nuestro pueblo, podemos estar tranquilos de que la clase obrera y el pueblo organizado tendrán más clara su verdadera posición en este mundo.
Marchemos por la Revolución Socialista.
(Fragmento de La Violencia. Autor, Agarrate Catalina, murga Uruguaya: “Vengo del basurero que este sistema dejó al costado / Las leyes del mercado me convirtieron en funcional / Soy un montón de mierda brotando de las alcantarillas / Soy una pesadilla de la que no vas a despertar”)