Una crisis que se cocina a fuego lento


Los medios burgueses no ocultan las preocupaciones de los que ellos llaman “inversores”, que no son más que los exponentes de la gran oligarquía financiera internacional que vienen timbeando (y obteniendo fabulosos retornos) con la economía de nuestro país.

Datos de la crisis externa e interna encienden luces rojas sobre el sostenimiento del programa del gobierno de Milei.

Un barril de petróleo a más de 110 dólares; los vaivenes de las empresas tecnológicas, que auguran una explosión de la burbuja especulativa en ese sector; la suba de tasas de los bonos norteamericanos con el objetivo de seguir financiando la extraordinaria deuda de ese país, la guerra empantanada tanto en Irán como en Ucrania, la posibilidad cierta de una derrota de Trump en las elecciones de noviembre, configuran un escenario de inestabilidad permanente a nivel mundial. Los capitales siguen el rumbo de las ganancias, pero el mismo se ve obstaculizado por la incertidumbre. Si a ello se le suma la irrupción de los pueblos en la lucha de clases abierta, que se expande por toda Europa y, también, por Estados Unidos, el cuadro termina exponiendo más interrogantes que respuestas.

En ese contexto se debe analizar la suba del riesgo país, ya por encima de los 700 puntos. La posibilidad cierta de que los capitales se retiren de Argentina para buscar rumbos más “estables”, es una realidad. Si bien todavía no se puede afirmar que esa fuga es masiva, sí hay indicios concretos que la salida ha comenzado. (1)

A ello se suma que los datos de la economía arrojan la entrada en una recesión técnica. Es decir, confirman lo que desde hace meses es una realidad palpable: el parate de la economía fundado en una creciente y permanente baja del poder adquisitivo de los salarios.

Todo esto advierte a los capitalistas sobre los riesgos de seguir apostando en la timba argentina. Al mismo tiempo, las internas en el gobierno y las contradicciones en el seno de la burguesía son cada vez más inocultables.

Ya es un secreto a voces que un sector de la clase dominante apuesta a “salvar el programa”, a costa de desechar a Milei. La exponente más clara de esa tendencia es la senadora Patricia Bullrich. Sus últimas declaraciones apuntan críticas al plan económico y, fundamentalmente, a la necesidad de mostrar gobernabilidad de aquí a las elecciones del año próximo. Lo mismo ocurre con el PJ. La reaparición de Sergio Massa (hombre con estrechísimos vínculos con la embajada norteamericana, empleado de un fondo de inversión), intentando ordenar la interna de ese partido, va en el mismo sentido de garantizar que la crisis no se desmadre por fuera del marco institucional burgués.

Esta preocupación de la clase dominante existe, más allá que muestren y demuestren que lo único que los une es el odio al pueblo trabajador y su decisión de derrotar políticamente al proletariado.

En ese sentido el paro total de subtes ante la detención de delegados de su sindicato, que obligó al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a liberarlos, fue una muestra de que las bases trabajadoras enfrentaron como se debe enfrentar. Con contundencia, decisión y firmeza ante el atropello y el intento de la burguesía de avanzar con la represión y la cárcel para disciplinar a la clase trabajadora.

Lo sucedido en el subte deja conclusiones, tanto para los de arriba como para los de abajo. A la burguesía, le advierte que su intención de doblegar al proletariado puede encontrarse con respuestas que la dejan en evidencia; la exponen con una pretendida fortaleza política que no es tal. Un paso en falso puede mostrar mucho más que mil análisis sobre esta cuestión.

Para el pueblo trabajador queda la constatación que las medidas para enfrentar el embate del enemigo de clase no pasan por conciliar ni someterse a ningún “diálogo”, dado que la burguesía no entiende más que cuando se la enfrenta como se la enfrentó en el subte. Un solo hecho como el sucedido debe servir para concluir que las respuestas al ataque del enemigo se deben dar con las medidas y los métodos que nuestra clase ha sabido dar a través de su historia.

En definitiva, se trata de que el proletariado irrumpa en la lucha consciente de su fuerza y su poder de daño. En ese terreno la burguesía, cebada por años de avance contra su clase enemiga, se ve enfrentada desde la lucha de clases abierta, y ello, aporta a que se la desacomode y se den mejores condiciones para enfrentarla y minar su supuesta fortaleza.

El ejemplo de subterráneos abona y alimenta la lucha para derrotar el plan del gobierno, ya que confirma que las acciones para el enfrentamiento de clases deben sujetarse a las condiciones que la clase proletaria vaya imponiendo con la determinación y la convicción del poder de fuego con el que cuenta.


(1) https://www.bloomberglinea.com/latinoamerica/argentina/argentina-enfrenta-una-ola-de-ventas-de-bonos-ante-la-incertidumbre-por-las-elecciones-de-2027/).

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