En el día de ayer se cumplieron 11 años del primer Ni una menos y la movilización central se realizó hacia la Plaza Congreso, en la ciudad de Buenos Aires, replicándose en distintas ciudades del país.
Las mismas se dieron en la semana en donde al menos ocurrieron tres casos de femicidios, los cuales impactaron muy fuerte en la sociedad: el de Agostina Vega, de 14 años, en Córdoba (cuyos abuelos encabezaron la movilización en dicha provincia), el de Dulce María Beatriz Candia, de 17, en Misiones, y el de Noelia Romero, de 30, en Temperley, provincia Buenos Aires.
Los alrededores del Congreso se vieron colmados por una multitud de mujeres, y una gran cantidad de hombres, niños y niñas, estudiantes, abuelos y abuelas, compartiendo desde distintas realidades y experiencias un mismo reclamo, mostrando sus carteles hechos a mano sobre cartón, y expresando –hay que decirlo- un verdadero dolor por semejante flagelo que golpea el corazón de todos los que allí estuvimos.
La consigna de la convocatoria este año fue “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”. Los pañuelos verdes, violetas o naranjas de mucha gente “suelta” que llegaba en familia, con amigos o compañeros de trabajo, poblaron varias cuadras sobre la Av. Rivadavia. “Transformemos el dolor en rebelión”, “Harta de avisar que llegué viva”, “Nunca fue, es ni será tu culpa”, “Abuela, hoy vine a gritar lo que a vos te hicieron callar”, decían algunos de ellos.
El documento que se leyó en el escenario exigió la renuncia del ministro de Seguridad de Córdoba, Juan Pablo Quinteros, y la destitución de los fiscales Raúl Garzón e Iván Rodríguez “por la desidia organizada del Poder Judicial que la desprotegió y garantizó la impunidad” (referido al femicidio de Agostina Vega).
Según el informe anual de la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia (publicado el viernes pasado) en 2025 hubo 200 femicidios, contra 228 registrados en 2024. Por supuesto que no se hace referencia a los casos de violencia de género que no llegan a denunciarse, muchas veces por miedo o por la desconfianza en la justicia y la policía.
Está claro que la «seguridad» que nos ofrece este sistema no sirve, es parte de su podredumbre, como lo es la violencia de género, la violencia sistemática contra las mujeres, tanto física, psicológica, sexual o económica, sobre todo en las barriadas más humildes.
Lo que se expresa también cuando las leyes y protocolos conquistados por estas luchas se pasan por alto y hay un grave retroceso en materia de derechos; con un gobierno que profundiza y alimenta el odio contra las mujeres y las disidencias sexuales y de género (como lo hizo Milei en el discurso de Davos). Y tiene una “lógica”: es lo que hacen sus políticas contra la clase obrera y todo el pueblo oprimido.
Es el mismo gobierno que dice que “bajó la cantidad de femicidios”, pero no dice nada respecto a que en los últimos 10 años se han condensado denuncias por 5.200 mujeres desaparecidas, de las cuales 3.280 son niñas y adolescentes. ¿Dónde están esas mujeres? ¿Muertas? ¿En redes de trata? ¿Podemos confiar en las cifras de las instituciones oficiales?
Por eso, movilizaciones como las de ayer siguen siendo una expresión multitudinaria del límite social a la violencia machista. Es un BASTA a lo más extremo de la opresión hacia las mujeres. Un BASTA que también lo construimos en las calles y organizándonos desde abajo, confiando en nuestras propias fuerzas; porque para el Estado burgués nuestras vidas no importan.
A los dueños de todo sólo les interesa explotarnos. Y cada vez somos más quienes estamos dispuestas a vencer el miedo y la dominación. Debemos continuar construyendo otras formas de relaciones sociales, donde exista el respeto basado en la verdadera libertad, que sólo cambiarán definitivamente en el marco de otras relaciones de producción.
Hoy, debemos empujar por esa libertad en todos los terrenos: económico, político y social. Y será una piedra basal de otra sociedad, la que ya estamos forjando al calor de la lucha por terminar con el capitalismo que nos aplasta la vida.
Donde lo que prima es la hipocresía de un sistema que se vende como la única salida posible para la humanidad, ocultando su violencia, porque violento es su origen de explotación, donde la ganancia está por encima de todos nosotros. Por eso, debemos terminar con toda violencia de este sistema injusto e inhumano.