La muerte de este cantante y artista generó una rápida reacción en un sector amplio de masas que se hizo presente el pasado día domingo en el velatorio que su familia y los gobiernos de la Provincia de Buenos Aires y municipal de Avellaneda, organizaron en el Polideportivo Municipal de José María Gatica, de Villa Domínico.
No es motivo de esta nota referirse al Indio Solari, lo cual dejamos a cargo de sus seguidores. Sí hacemos extensivo nuestro respeto a su familia y seres queridos.
Es nuestra intención reflexionar sobre lo que expresó, a nuestro entender, la marea humana de cientos de miles de personas que se desplazó por más de 19 hs. hasta agotar una fila de más de 70 cuadras de extensión.
Es obvio que el centro principal de la movida fue el cariño, el reconocimiento, la identificación y otros sentimientos que los participantes del hecho querían expresar en su homenaje y, además, hacerlo colectivamente.
Pero también, en cada reportaje, que fueron muchos cientos durante la larga jornada, pudo verse claramente una contundente oposición unánime a las políticas de degradación de ingresos, represión, quita de derechos conquistados, libertades políticas, exclusión, disminución de recursos para los más débiles, para educación, etc.
En pocas palabras, empeoramiento profundo de las condiciones de vida para trabajadores y pueblo oprimido.
Sin constituir el eje que impulsó a la movilización, esa enorme masa de personas enlutada por la pérdida de su “ídolo”, también ejecutó en forma espontánea un acto político que tenía un hilo común, su repudio al gobierno de turno.
Tal como ocurrió en las más recientes movilizaciones: el presupuesto universitario, y el “ni una menos”, además de los motivos convocantes, las masas movilizadas expresaron mucho más, tejiendo, al decir de Engels, un polígono de fuerzas que mostró una resultante entre miles y miles de vectores orientados en distintas direcciones.
El resultado del que hablamos fue previamente advertido por el elenco gubernamental y parte de sus beneficiarios de clase, razón por la cual pretendieron poner palos en la rueda dado el miedo que, un hecho político como el que describimos más arriba, se expresara en las calles, significando un nuevo escalón de deterioro para sus aspiraciones electorales y generara, asimismo, una acumulación de fuerzas en la bronca y oposición popular a los planes que ejecuta la burguesía.
El otro sector de esta clase dominante, embanderado mayoritariamente con el peronismo poniendo en evidencia una vez más la crisis política burguesa y la imposibilidad de tener una visión unitaria, pensó que era prudente dejar que la multitud se expresara, aunque el hecho político contra las medidas gubernamentales, de las que todos son cómplices, se produjera, convencido de que en lo electoral llevaría agua para su molino.
Lo que valoramos, desde nuestra óptica, es que, en cada oportunidad en que masas importantes de la población trabajadora y popular copan las calles, los hechos iniciales que las impulsan devienen en un acto político más abarcador en contra de las precarias condiciones de vida impuestas.
Son oportunidades que, aunque por el momento no superan el sesgo del reclamo, acumulan fuerzas mediatas que la lucha de clases convertirá, junto a otros hechos de confrontación y rebeldía, en acontecimientos de otra calidad.