
En tiempos como los actuales todo se hace más difícil y enfrentar esas dificultades nos cuesta vida. Parecería, por momentos, que tomar esa frase en forma literal nos llevaría también a la idea de naturalizar lo que muchas veces repetimos o escuchamos: «que siempre las cosas fueron así y así continuarán».
Pero la lucha por sobrevivir nos cuesta vida y de lo que se trata en definitiva es que la vida se la pueda transitar con dignidad.
Pero en las horas actuales de enormes dificultades, la dignidad de transitar esta vida a la que nos han llevado pasa no solo por entender y analizar el momento sino y sobre todo comprometernos en el plano que sea para atacar las bases, las causas de ésta vida indigna. Transformar esta realidad.
Hay un sistema que nos aprisiona, hay un sistema que limita todas nuestras potencialidades individuales y sociales, y esa perversidad movida por el interés de la ganancia de unos pocos, en muchísimos casos nos llevan a pensar que cada uno de nosotros o la sociedad misma fracasamos.
Terminamos pensando que somos cada uno de nosotros y en sociedad los culpables de vivir como vivimos. «la gente compró TV para el mundial» dijo Milei para justificar su acusación contra los «deudores«.
Este sistema capitalista condiciona nuestras vidas, «vivimos» para sortear las problemáticas cotidianas, vamos detrás de la zanahoria porque hay resolver el día a día y así nos consumen la vida.
Salarios miserables, despidos, disciplinamiento, en un marco en donde hay que pagar los servicios, el alquiler, la educación, la salud y el comer. Una vida que de digna no tiene nada. Situaciones que limitan la lucha.
Sin embargo, poco a poco va apareciendo en el horizonte una idea de que así las cosas no pueden seguir y como se puede, el resistir a estas políticas que generan riquezas para pocos comienzan a dignificar cuando vamos encontrando un puesto de lucha.
La clase dominante está advirtiendo que sus «conquistas» contra la clase obrera y el pueblo están teniendo un alto costo, la crisis política del gobierno, de la «oposición» electoral y de toda la institucionalidad está dada en lo fundamental por el resistir del abajo. En estas horas la crisis del gabinete se expresa cuando dos ministros como Caputo y la Bullrich «reclaman» aflojar las riendas para descomprimir el enojo.
Recuperar el sentido de la vida digna es ser parte de la resistencia a todo lo instituido, sentirse parte de esa movida actuando y profundizando lo que ya se está haciendo por fuera de las instituciones que tanto han hecho y hacen a nuestras vidas.
Fuerzas políticas electorales y sindicatos son parte de ese freno que nos quieren imponer, pero el día a día del enojo del abajo los complica, ahora hay voces que quieren aplacar el enojo con frases «liberadoras», pero quieren llegar a las elecciones y nada les importa de resistir. Los problemas acuciantes son ahora, no pueden esperar resultados electorales.
Insistimos desde nuestra táctica en que hay profundizar la unidad desde abajo, que el resistir no significa acciones grandes o chicas, que hay que resistir de las infinitas formas que se puedan, organizando desde abajo de lo pequeño a lo grande, asestar golpes, aunque parezcan pequeños, pero concientizar que se los puede golpear y a la vez sumar fuerzas.
En ese caminar, la elaboración política del “para que” resistir, va implicar que tipo de organizaciones políticas construir que nada tienen que ver con el mundo electoral que nos propone la burguesía. La resistencia no es «pedirle limosnas» a los que nos niegan una vida digna, tampoco que les «demos consejos» de cómo gobernar.
Por el contrario, desde este cúmulo de experiencias que se vienen haciendo en el abajo, y con incipientes organizaciones políticas independientes, encaminarnos a la lucha por el poder. Desde esta idea de resistir hasta objetivos de poder, ser parte de este objetivo implica, desde el vamos, avanzar hacia una vida digna de transitar.