En Piero no hay descanso


Piero es una empresa que no necesita mucha presentación: todo el mundo la conoce.

Nacida hace casi setenta años como un emprendimiento familiar, hoy es una de las líderes del mercado de colchones, sommiers y almohadas, manejando tecnología de punta para sus formatos en espuma de alta densidad y resortes.

La empresa cuenta con tres plantas industriales en zona norte del Gran Buenos Aires: Talar, Munro y Capilla del Señor.

Es precisamente en esta última donde se encendieron las alarmas el pasado lunes 21 de septiembre cuando se apersonó la gerencia de recursos humanos a nivel local y corporativo y la gerencia de operaciones de toda la compañía para transmitir un comunicado.

¿Buenas noticias? Nunca; la burguesía no comparte sus buenas noticias, pero suele ser generosa con las malas. Con la insensibilidad que caracteriza este tipo de situaciones, la gerencia comunicó que a partir del 4 de enero de 2027 la planta de Munro cerrará sus puertas para siempre, en tanto que la planta de Capilla del Señor finalizará su operación de colchones y sommiers manteniendo solamente la de almohadas.

¿El motivo? Lo de siempre, los costos de producción, logística, etc. Pero… ¿y la gente? La gerencia sostiene que concentrará a todos los operarios en la planta de Talar, demostrando “lo buena” que es la compañía al no despedir a nadie. Sin embargo, el estado de ánimo de los obreros de Piero no parece ser de alivio.

Para empezar, ¿cómo harán los trabajadores tanto de Capilla como de Munro para viajar hasta el Talar? ¡En un caso, la distancia es de 20 km y en el otro casi de 40 km!

En ningún momento se habló de alguna compensación en viáticos ni nada parecido. A los magros salarios del personal, golpeados por la inflación que desde el gobierno de los monopolios se oculta, se agregará ahora la carga del costo de transporte, sin dejar de mencionar el aumento en el tiempo de viaje, lo que redunda en menos horas en el hogar con la familia. El cinismo expresado por la gerencia al momento del comunicado no tuvo límites: se atrevió a sugerir que “los obreros se organizaran para viajar en grupo en auto y así repartir los gastos”. Una vergüenza…

Además, quedan por delante los meses de incertidumbre y de angustia tanto antes del cierre de las plantas como después, porque ya podemos imaginar a la planta de Talar hiperpoblada, con trabajadores sin una tarea fija asignada y el terror de quedarse sin trabajo de un día para otro.

Esto ya se ha visto. Los empresarios “nacionales”, de los que Piero es un claro ejemplo, se llenan la boca hablando de la defensa del trabajo argentino y la industria local como si fueran patriotas, mientras los gobiernos los favorecen como exensiones impositivas, subsidios y demás. Pero cuando su cuota de ganancia baja, no dudan en reconvertirse, ajustar, cerrar o invertir sus ganancias en la rueda financiera.

Se burlan de nosotros.

Si hasta parece que tenemos que darles las gracias porque nos exploten.

Finalmente, estas lacras aducen que no hay plata para retiros, con lo cual buscan apostar al desgaste y especular con la desesperación del trabajador. “De la gerencia nos bajan que tenemos que seguir trabajando y mantener la calma y la moral alta de la gente, pero… ¿cómo puedo mantener la moral en alto sino puedo levantar la mía?”, nos comentaba un compañero supervisor.

Esta no deja de ser una escena que se remite muchas veces a los largo y ancho de nuestro país. Pero esta angustia, esta bronca, debe ser el germen de la rebelión obrera y popular que ponga un freno a los planes de este gobierno y que, a partir de la unidad construida desde abajo, forje una alternativa revolucionaria para nuestro pueblo.

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