15 de octubre: las y los proletarios del mundo no estamos solos a la hora de enfrentar a la clase dominante


Un enfrentamiento que hará historia y que elevará un peldaño más la lucha de clases. De eso… ¡no se habla! ¿Acaso el silencio «bullicioso» puede acallarse?

Para el viernes 30 de octubre los estibadores paralizarán los principales puertos de Europa y se espera que se agreguen trabajadores y trabajadoras de otros continentes.

El 30 habrá muelles vacíos, no habrá la tan preciada logística global. Las mercancías no llegarán a sus destinos.

Es una huelga política, en defensa del salario, por condiciones de trabajo dignas, pero -por sobre todas las cosas- será la prolongación de una lucha de los trabajadores portuarios contra la distribución de armas a Israel.

40 terminales marítimas internacionales se unen contra una economía de guerra.

Mientras la clase dominante «militariza» sus negocios, los trabajadores portuarios los bloquean.

El día 30 de octubre será una continuidad de los bloqueos que se vienen realizando y que van creando verdaderos dolores de cabeza a los más concentrado del capital.

La globalización ha producido una aceleración en los procesos de concentración y una de las consecuencias que vivimos todos los días es ver cómo una mercancía está compuesta por elementos que vienen de cualquier parte del planeta. Esos elementos que van componiendo la mercancía final se realizan en aquellos lugares en donde los salarios son miserables para luego ensamblarlos o comerciarlos donde convenga. Esta huelga pega donde hay que golpear.

Esa jornada será política y a la vez servirá al pensamiento revolucionario de como el proletariado, a pesar del papel traidor que juegan las dirigencias sindicales, está manifestando su accionar con cierta independencia política que permite elevar un peldaño la conciencia de clase.

La clase da pasos alentadores para sentirse clase.

Que exista ya un piso de unidad universal de acción huelguista está implicando un grado importante de organización previa, producto de la experiencia de estos últimos años, en donde las acciones de los estibadores estaban lejos de ser expresiones organizadas internacionalistas.

Si a esto le agregamos los acontecimientos de enfrentamiento de los pueblos del mundo a las políticas de lo más concentrado del capital tenemos todo el derecho a pensar que las y los proletarios del mundo no estamos solos a la hora de enfrentar a la clase dominante.

Por estas horas los trabajadores y trabajadoras del Instituto Mexicano de Seguro Social (IMSSS) se han declarado en huelga y la misma es por un reclamo salarial y -a la vez- un reclamo político acompañado por sendas movilizaciones en diversos Estados.

En India se reactivó todo el movimiento de masas contra las políticas del gobierno de Modi. Existen hoy multitudes en las calles, fundamentalmente jóvenes que -al igual que el movimiento huelguista mexicano- rechazan todo lo instituido, o sea, a los partidos del sistema y los sindicatos. A la vez consideran a este movimiento, que ha tenido otros picos de ofensiva, como acciones políticas que luchan por una vida digna.

Otro conflicto que suma a la conciencia de clase es el caso de los maquinistas escoceses que se oponen a conducir trenes vascos de CAF por sus negocios con Israel. Previo al paro del 30 de octubre de los estibadores hay que recordar que hace un poco más de un mes pararon los puertos de los países bajos de Roterdam, Amsterdam y Zelanda. A ello se agregaron paros en fábricas de Heineken y protestas generalizadas en hospitales universitarios. Y el movimiento continuará en la industria metalúrgica y la construcción.

La movilización de hoy jueves en nuestro país es parte de esa oleada que va creciendo en el planeta y que va adquiriendo robustez. En la medida que nos sintamos parte de ese gran y fenomenal despertar de los pueblos del mundo estaremos a la altura que requiere el enfrentamiento de las clases.

Hoy la oligarquía financiera necesita aplastar a los movimientos de protesta en crecimiento, pero hoy, como nunca antes, las aspiraciones democráticas de esos mismos pueblos no detienen su marcha, y tanto la política del garrote como la política del engaño serán enfrentadas.

Ganar las calles, rebelarse, resistir y organizar la lucha que derrote el plan de gobiernos entregados a lo más parasitario que ha producido el capitalismo.

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