Un tema para abordar desde dos aspectos: uno político/económico, y otro, ideológico.
En el primer plano se destaca cómo los sucesivos gobiernos se han propuesto que la plata llegue fundamentalmente para cubrir todo tipo de usura generada por el propio capital financiero.
En nuestro país, actualmente el 12% de los recursos van a parar a las arcas de nuestros «prestamistas» (según un estudio del Centro de Economía Política de Argentina). Hablamos de cifras oficiales y no oficiosas, y hablamos de consideraciones que propone el poder dominante para «maquillar» números y no el de los bolsillos de los proletarios.
Mientras el «gasto» público dirigido a salud, educación, vivienda, ciencia, trabajo, todos juntos, no llegan a ese 12%. Veamos: Educación 4.84%; Salud 4.80%; Ciencia 1.11%; Trabajo 0.78%; y Vivienda 0.008%
Para los sucesivos gobiernos, y esta administración en particular, lo principal pasa por pagar intereses leoninos a los usureros y proteger sus negociados. Cada administración hizo lo suyo y esta no es la excepción. Hay plata, mucha plata, pero la misma va dirigida a lo más concentrado de «parasitismo» que es la oligarquía financiera.
Pero la burguesía no duerme y en estas semanas de rebeliones populares por el mundo ha lanzado una ofensiva ideológica ante el reclamo de los pueblos por una vida digna.
Ahora resulta que la «gente» tiene razón, pero la culpa la tiene esa misma gente que no ha sabido ahorrar y ahora pide mejores condiciones de vida. ¡No han aprendido! Por lo tanto, es hora de ajustar más y más.
Dicen que «el derrame ya vendrá».
Ya la expresión «derrame» muestra a la degradación a la que quieren empujar a los pueblos. Derramar es tirar las migajas del festín financiero. Esa expresión delata su odio de clase para quienes generan las riquezas, las y los proletarios.
Pero más allá de la insultante palabra es curioso ver cómo saltan el pasado reciente y evitan el presente de crisis del sistema. No es culpa de la «gente» que no supo ahorrar, es culpa de un sistema capitalista que necesariamente lleva a un proceso de concentración económica y de capitales -entre otras cosas- competitivo al extremo, que va dejando en el camino estelas de pobreza y miseria como nunca antes se había vivido.
Miles de millones de seres humanos explotados, oprimidos, humillados generan riquezas inconmensurables, sobra plata, y una parte de ese sobrante se «presta» para recibir retornos suculentos en épocas de turbulencias como ahora.
Este gobierno y la oposición garantizan ese 12% requerido por la usura. Sus diferencias no cuestionan este punto vital. El ajuste es el ajuste y la motosierra los une en el espanto. Las elecciones solo sirven para elegir al próximo «vendedor de ilusiones».
De nuestro lado, el ajuste tras ajuste ha reafirmado la idea de que no sólo no hay ahorro ni derroche de la «gente» sino que llegado al día 20 de cada mes más del 70% de la población menor a los 40 años no llega y comienza el crecimiento de la deuda familiar. Milei acusó el golpe y salió a responder lo que la vida misma expone cotidianamente para las familias estructuralmente empobrecidas.
Nuestro pueblo genera riquezas y los parásitos se la llevan a sus bancos y fondos de inversión entre otros «tugurios». Luego nos dicen que necesitamos pagar a la usura porque si no “nos quedamos huérfanos de padrinos”. Nos dan vuelta la tortilla para encubrir que la plata sale de nuestro esfuerzo, de nuestras espaldas.
El sistema capitalista, basado en la ganancia necesita de estas monstruosidades para sobrevivir.
Guerras, miseria, pobreza, humillación, sumisión… Pero una vez más en la historia de la humanidad los pueblos tuvieron y tienen la última palabra y en esta oleada de cuestionamientos universales se ha comenzado a palpitar una materialización de aspiraciones que ponen al ser humano en el centro de la preocupación.
Habrá idas y vueltas, unas cuestiones que se resolverán y otras que no, pero lo esencial es que la lucha de clases transita y transitará un nuevo escalón por donde las ideas de revolución socialista y la lucha por el poder irán ganando un terreno perdido en varias décadas, que permitirá cambiar la correlación de fuerzas entre las dos clases en pugna.