El choque de la locomotora


La superproducción de bonos de deuda de las IA, donde afincan los negocios especulativos globales de corporaciones multinacionales y altamente concentradas -como Alphabet (Google), Saudi Aramco, Nvidia, Microsoft, Apple, Amazon (Black rock), Meta plataform, JP Morgan, Samsung, TSMC, entre las más significativas- equivale a más 5 billones de dólares.

En igual sentido se desenvuelve la producción de armamentos, petróleo, minerales etc. con otros tantos cientos de miles de millones que estas corporaciones disputan para el “financiamiento” de sus elevados costos, disparando oleadas de deudas en la emisión de bonos a niveles nunca antes vistos en la historia.

La concentración de estos descomunales negocios, donde el de la IA es el ejemplo más extremo, desencadena que otros tantos bonos de deudas -como por ejemplo los de deudas publica, emitidas por los Estados capitalistas- caigan en su cotización acentuando aún más la desesperación y la crisis de otras facciones parasitarias por el financiamiento de estas apuestas y el retorno de ganancias.

La voraz competencia por tales “financiamientos” acentúa el cuadro de inestabilidad global que atraviesa todo el escenario de este parasitismo congénito de la oligarquía financiera.

Mas agravada aún se ve la crisis cuando la lucha de clases desnuda con su impronta las ecuaciones y los números de unos y otros núcleos parasitarios que patean para adelante sus apuestas (30 o 50 o 100 años) frente a una realidad que rompe estas alocadas perspectivas.

Un análisis financiero de un diario global afirma: “Lo ocurrido durante el fin de semana en Francia pone de manifiestos el delicado equilibrio al que se enfrenta el gobierno entre apaciguar a la gente y a los mercados”. Para la oligarquía esta contradicción tiene una sola respuesta: seguir con los negocios.  La precisión final del articulo lo dice sin tapujos: “Pese a ello (a la agudeza de la lucha) los inversores no le han cerrado las puertas a Francia, solo piden más dinero para financiarla”.

El diario El País del 19 de octubre tituló: “Los disturbios del fin de semana inflaman el riesgo país de Francia”.  Cuando este escenario se amplía a todo el continente europeo y a otras regiones del planeta la cosa empeora.

Porque apaciguar a los mercados cuando precisamente las manifestaciones atacan todo ello y sus consecuencias, es una expresión de la ceguera de la clase capitalista en su etapa más putrefacta.

La superproducción de bonos en estos niveles globales y en estos escenarios de enfrentamiento de los pueblos desnuda el carácter voraz de la oligarquía financiera. Es una vuelta de tuerca a la profundización de la crisis de superproducción y estructural de sistema capitalista. Acelera la crisis y reproduce en una espiral ascendente las contradicciones políticas y económicas que han provocado estos escenarios.

La naturaleza parasitaria del capital no puede escapar a su genética de clase y agrava aún más su parasitismo y la crisis, con emisión de más deudas -por ejemplo, para armamentos- sigue inercialmente pergeñando políticas de Estado con sus gobiernos serviles dispuestos a ser garantes de tales financiamientos a costa de mayor opresión económica y política especulando con el descenso de la lucha y con nuevos engaños.

Los pueblos del mundo, a expensas de explotación, hambrunas y miserias cada vez más generalizadas, somos quienes pagamos el financiamiento de todo este lupanar de exacerbación por ganancias y negocios parasitarios.

Los llamados equilibrios fiscales, los ajustes, la inflación, los ataques a las conquistas obreras y sociales, los descensos de salariales, la destrucción de fuerzas productivas, las llamadas desregulaciones de los viejos proteccionismos de los mercados que facilitan aún más el flujo las transferencias y concentración de capitales, son el lugar común de las políticas de la oligarquía mundial.

Junto a la violencia del Estado y su sistema representativo, su falsa democracia y sus descarnados engaños -independientemente del modelo de gobierno- las políticas de Estado están al servicio de la reproducción de este sistema putrefacto.

El problema para ellos es que la lucha de clases también se generaliza mostrando un cuadro donde las amplias mayorías -que se cuentan por millones- enfrentan desde la resistencia a la clase dominante y sus planes, exponiendo que la contradicción burguesía-proletariado avanza a otra calidad de enfrentamiento por el hartazgo acumulado en años de condiciones de explotación y oprobio.

La oleada de lucha y la rebelión de los pueblos tiene este denominador común. Ya no son episodios particulares de cada país, sino la acelerada internacionalización de la lucha de clases la que desnuda que episodios de luchas y reclamos sociales muy puntuales (estudiantes secundarios en Francia, por ejemplo) desencadenen movimientos que muestran hasta qué grado ha llegado la descomposición del propio sistema y el rechazo generalizado que ha provocado.

Su insostenible estructura y su funcionamiento político están siendo ampliamente enfrentados.  A punto tal que aquellos países que sirvieron de modelos ideológicos y que por años moldeaban las formas que asumían las políticas del capital ya no representan paradigmas. Por el contrario, son un fetiche roído y desvencijado que puja por sostenerse a como dé lugar al compás de sus violentas premisas inhumanas y reaccionarias mientras -como si fuera una burla- no dejan de emitir bonos y jugar a sus apuestas globales para sostener las riquezas expoliadas a los pueblos.

Tratando de contener estas desbordantes oleadas de rebeliones obreras y populares, cuyos cimbronazos precipitan más crisis en el seno del poder y frenan los propios planes de la oligarquía con todas sus estafas globales a cuestas, la locomotora capitalista actúa de forma inercial. Y ya no es lo que fue -ni podrá serlo- porque el combustible social que la sostenía -el proletariado mundial-se va oponiendo a seguir siendo el alimento que la haga funcionar.

Al mismo tiempo, la musculatura proletaria crece al ritmo de rebeliones y enfrentamientos que debilitan el andar burgués. El choque de la locomotora obrera y popular ya está presente, hay que profundizarlo y extenderlo.

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