Aparecen fenómenos políticos propios de épocas de grandes convulsiones sociales a la par de problemáticas estructurales del sistema capitalista que lo abarcan todo.
Por un momento, nos alejamos de estos fenómenos que en superficie se encuentran aislados y a la vez ponemos foco en lo sustancial de esta «nueva» realidad.
La crisis se presenta de diversidad de formas y a la vez muchas de ellas aparecen contradictorias. «Alejarnos unos segundos» de respuestas inmediatas y muchas veces por insuficiencia de conocimientos, servirá para reflexionar en lo sustancial de la etapa histórica que atravesamos.
Es aquí en donde comienzan a jugar sus fichas los pueblos del mundo y en su «tolerancia cero» a la indignidad que propone el poder monopolista, expresado de infinitas formas, la lucha de clases se transforma en un eslabón fuerte de una cadena de sucesos que conmueven a las sociedades humanas.
Hubo protestas y huelgas masivas, en Francia, más de medio millón de personas se movilizaron en forma unitaria contra las políticas de ajuste de Macron. Estudiantes, docentes y médicos se movilizaron en 50 ciudades griegas. Enfrentamientos con la policía en Milán, marchas en Lisboa y Oporto, estudiantes albaneses enfrentaron a la policía como se replicó con los estudiantes albaneses, de Chile, India y México. Y todo indica que este fenómeno recién empieza.
No se quiere más de lo mismo y ello se expresa en muchos planos esencialmente políticos.
La lucha de clases como hemos visto gana las calles, rompe aislamientos prácticos y a la vez ideológicos, se expresa incluso con planteos electorales que van en contra del presente, pero no van a favor del pasado. Se da en rebeliones que perduran en el tiempo como en Serbia, o rebeliones espontáneas como en India o Bangladés, que acumulan años de dolor y sufrimiento.
No es que no importe el contenido político de cómo se desarrollan los acontecimientos o que no preocupe el que «se vayan todos» y al tiempo vuelven todos. ¡Sí preocupa y mucho! Pero no debemos perder de vista que en estos tiempos lo que prevalece sobre todas estas cuestiones es el concepto de lucha de clases, y es de frente a ella donde las viejas artimañas del sistema capitalista comienzan a mostrar su verdadero deterioro.
Es que, pasados más 50 años, en donde la clase dominante supo poner debajo de la alfombra la mugre del sistema de explotación más atroz que supo soportar la sociedad humana a través de la historia, sea con represión o con engaños, los vientos de cambio tienen una calidad diferente a lo vivido en una larga noche sombría de dolor humano. Se expresan sentimientos que no caben en un sistema mutilado.
¿Por qué momentos diferentes?
Porque en ese transitar de décadas de primaveras «democráticas» y «autoritarismos», en la memoria de los pueblos la experiencia vivida no se olvida; puede haber confusión en asimilar una salida de cambio estructural, pero la memoria de la experiencia vivida es un hueso duro de roer para la clase en el poder.
La actual lucha de clases se expresa también cuando comienza a estar presente el ideario revolucionario de luchar por una nueva sociedad. Una nueva ola de inquietud por el conocimiento del Marxismo Leninismo, la aparición de destacamentos revolucionarios que embrionariamente cobran peso en el plano de concebir programas de salida para la crisis a la cual estamos sometidos, su presencia en enfrentamientos concretos va de menor a mayor.
Es diferente porque estos procesos explosivos que se viven y tensan a las clases en pugna se hacen en un mundo material, en donde la socialización de la producción a nivel global crece a otra escala. Y esa misma condición, con la aparición de las ideas revolucionarias, profundiza las aspiraciones verdaderamente democráticas de los pueblos que dirigen sus fuerzas contra todo tipo de centralización política que requiere la oligarquía financiera y que necesariamente tiende al fascismo. Aspiraciones profundamente democráticas que se expresan de distintas formas.
Con el correr de los meses la lucha de clases se tensa y en ello la política y la ideología de alianzas de clases tiende a teñirse en un «cono de sombra».
Es muy cierto que la oligarquía financiera realiza sus negocios a una escala nunca antes vista, pero también es cierto que la lucha de clases les hace poner las barbas en remojo cuando a la vista simple y superficial de la puja intermonopólica se tensa en un peldaño superior y amenaza con más guerras injustas, cuando las masas explotadas y oprimidas dan su veredicto en las calles.
Los pueblos no quieren guerras, los pueblos quieren más educación, salud, vivienda, pensiones y jubilaciones dignas entre tantos derechos políticos perdidos o por perder.
Se ha instalado este reclamo universal y allí radica lo esencial de la lucha de clases hoy, ese es el piso de un futuro promisorio y un momento de la historia en donde se ejerzan los pasos necesarios para que la democracia directa sea el centro de las nuevas metodologías que ya se ejercen en forma embrionaria en varios acontecimientos mencionados. Aquí radica la clave de la lucha por el poder.