La crisis capitalista es puro capitalismo

02/12/2018
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Muchas veces nos hemos referido en nuestras publicaciones a la crisis estructural del sistema capitalista. Los motivos de esa crisis son eminentemente políticos, pero, como todo, tienen una base material, objetiva en términos económicos, que da lugar a las estas manifestaciones en el ámbito político.

El desarrollo del capitalismo implica, esencialmente, que todas las relaciones sociales pasan a establecerse mediante el mercado. Paulatinamente se va eliminando toda producci√≥n individual (producci√≥n para el consumo propio) y va siendo reemplazada por su realizaci√≥n en el mercado. Es decir, se produce no para el consumo del productor, sino para vender, obtener dinero y poder intercambiarlo por nuevos productos. La esencia del capitalismo es la reproducci√≥n ampliada del capital, el burgu√©s, due√Īo de los medios de producci√≥n, produce con el √ļnico af√°n de producir para vender y obtener una ganancia, la ganancia se constituye pues en el elemento central de la econom√≠a. Ya no importa qu√© se fabrique, sino si ese elemento elaborado es susceptible de ser intercambiado en el mercado. El obrero, por su parte, despojado de todo medio de producci√≥n, tambi√©n se encuentra sometido a las reglas del mercado, y vende lo √ļnico que le queda, su fuerza de trabajo: vende su mercanc√≠a, fuerza de trabajo, en el mercado, para obtener dinero y as√≠ adquirir los bienes de uso para su sustento.

La aparición histórica del capitalismo trae aparejado un enorme desarrollo de la producción manufacturera primero e industrial después, impulsando junto con ello toda la ciencia y la técnica al servicio de la misma. Las relaciones de producción en este sistema ponen el centro de atención en disminuir los costos de producción al máximo, para fabricar mercancías con el menor costo posible, sacando una ventaja relativa a la competencia. El mecanismo de la competencia entre capitales lleva al sistema a rebasar permanentemente los límites de la producción: por un lado, adquiere un papel crucial la introducción de nueva tecnología a nivel productivo, lo que trae aparejado un enorme desarrollo en las capacidades de producción y su perfeccionamiento, aunque ello implique traspasar los límites de lo humano para el operario. Por otro lado, para ganarle a la competencia el capital debe incrementar sin cesar el volumen de producción, en el marco de una economía no planificada, por lo que se realizan anárquicas inversiones en maquinaria, edificios, tecnología, etc., que superan día a día la capacidad productiva. Este mecanismo genera una inversión constante en producción, producción que muchas veces no encuentra compradores y pasa a ser desechada, sin importar las necesidades de los pueblos del mundo ¡Comida que no se vende, comida que se tira, nada de andar resolviendo la miseria de los pueblos!

Sin embargo, a medida que el sistema se fue desarrollando, las relaciones de mercado comenzaron a abarcar todos los intersticios de las relaciones sociales, no solo aquellos aspectos que hacen a la producci√≥n netamente industrial. Hace unos 50 o 70 a√Īos, pod√≠amos ver en nuestro pa√≠s c√≥mo las casas de obreros en las barriadas ten√≠an una peque√Īa huerta para la alimentaci√≥n propia, no destinada al mercado. Huerta adem√°s que, por lo general, era la mujer de la casa la encargada de mantener. Esa misma ama de casa gastaba interminables horas en el lavado de la ropa y la limpieza o la elaboraci√≥n de alimentos. A medida que el mercado penetra en todas las formas de las relaciones sociales, esa ama de casa de ayer, hoy se ha transformado en asalariada, ha reemplazado la huerta casera por la venta de su fuerza de trabajo en el mercado para as√≠ conseguir dinero y poder adquirir productos en la verduler√≠a; a reemplazado tambi√©n interminables horas de cocina por la compra de productos industriales semielaborados en el supermercado, o directamente por adquirir comida preparada -supongamos, en alg√ļn delivery-; ha disminuido los tiempos de limpieza de la casa al adquirir productos en el mercado (tales como desinfectantes, lustra muebles, lustra pisos, etc.) que cambia por su propio salario ¬Ņtrabaja esta mujer menos horas que hace 100 a√Īos gracias a estos adelantos de la tecnolog√≠a? No, y quiz√°s trabaje m√°s horas que antes -producto, por ejemplo, de la doble explotaci√≥n-, pero gran parte de las tareas hogare√Īas las reemplaza por productos obtenidos en el mercado y no de elaboraci√≥n propia. Todas las relaciones sociales entre hombres y mujeres fueron paulatinamente reemplazadas para ser realizadas en forma mercantil y no bajo el aspecto de producci√≥n para el propio consumo. Desde el punto de vista de la producci√≥n social, las relaciones sociales que se encarnan detr√°s de una docena de empanadas adquirida en una empresa de comida r√°pida son completamente diferentes a la docena de empanadas elaborada en casa, para el consumo hogare√Īo: se encuentran mediadas por relaciones de mercado.

La historia del capitalismo es, en cierta manera, la historia del desarrollo del mercado, de la realizaci√≥n de las relaciones sociales como relaciones mercantiles. En un per√≠odo inicial, que es justamente el que da origen al sistema capitalista, el desarrollo del mercado coincid√≠a con el desarrollo de las fuerzas productivas. Hoy en d√≠a esas fuerzas productivas se encuentran frenadas, han crecido en forma deforme, orientadas √ļnicamente hacia la producci√≥n capitalista, es decir, hacia la producci√≥n para la obtenci√≥n de ganancia y no para el crecimiento de la humanidad.

Ese freno que adquieren actualmente las fuerzas productivas se manifiesta de maneras muy diversas, pero hay dos que nos resultan de particular inter√©s: por un lado, el sistema crea constantemente capacidades de producci√≥n, invierte en maquinaria y genera un exceso de mercanc√≠as. Al mismo tiempo se esfuerza por disminuir los costos de producci√≥n, bajando el salario en formas directas e indirectas al pueblo trabajador. Pero, si esas mercanc√≠as que produce, no tienen salida en el mercado, si no encuentran compradores, son destruidas. Por destrucci√≥n no solo debemos entender la eliminaci√≥n del producto terminado, o su desvalorizaci√≥n, sino tambi√©n la destrucci√≥n directa de maquinarias. Naturalmente el sistema crea y destruye fuerzas productivas, es parte inmanente de su funcionamiento interno. Por otro lado, mientras en el mundo existe una pl√©tora permanente de capital, es decir, mientras que la capacidad de producci√≥n y creaci√≥n de la humanidad desborda como nunca antes, esa capacidad no es orientada hacia la realizaci√≥n de nuestras necesidades m√°s elementales, tales como la alimentaci√≥n de todos nuestros hermanos, el desarrollo de una salud integral y preventiva o de una educaci√≥n que satisfaga plenamente las necesidades materiales e intelectuales de los hombres. Invertir en educaci√≥n, ya sea p√ļblica o privada (al caso, es lo mismo) ¬Ņpara que invertir en educaci√≥n m√°s de lo estrictamente necesario que para obtener un r√©dito econ√≥mico en el mercado? ¬Ņpara que invertir en una educaci√≥n no orientada al sostenimiento ideol√≥gico del sistema, o a la formaci√≥n de una fuerza de trabajo de mayor o menor valor? ¬Ņpara qu√© educar por fuera de las necesidades de la econom√≠a mercantil? ¬Ņpara que invertir en desarrollo cient√≠fico si ello no implica inventar o mejorar una nueva mercanc√≠a que d√© mayores ganancias? ¬Ņpara qu√© sustituir un material venenoso como el glifosato en la producci√≥n agr√≠cola si de esa manera no se incrementa el margen de ganancia que se puede obtener en el mercado?

Todo el desarrollo cient√≠fico-t√©cnico se encuentra cortado, limitado por la posibilidad de que implique o no un beneficio para el capital y de que sea susceptible o no de ser comerciado. As√≠, la econom√≠a de mercado pasa a ser hoy un freno a nuestras capacidades de producci√≥n e invenci√≥n, son un freno al desarrollo de las fuerzas productivas ¬Ņesto implica acaso que la investigaci√≥n cient√≠fica se detiene, que no se producen m√°s avances? Para nada, pero la capacidad de crecimiento se encuentra limitada, cercenada, cercada, solo se desarrolla all√≠ donde puede constituirse en parte integrante de una mercanc√≠a y, all√≠ donde aparecen avances que no implican un beneficio para el capital, simplemente se abandonan en alg√ļn oscuro caj√≥n, cuando no son sencillamente prohibidas por las normas de la competencia -como ocurri√≥ con el famoso caso de las bombitas el√©ctricas fabricadas en la Alemania Federal, donde los grandes monopolios trasnacionales prohibieron su comercializaci√≥n por atentar la ganancia empresarial, al tener una vida √ļtil declarada de, al menos, 50 a√Īos-.

¬ŅPor qu√© la comunidad cient√≠fica internacional estudia el desarrollo de la nanotecnolog√≠a? Porque mediante el uso de nanocompuestos pueden reducirse los costos en materias primas por un lado, a la vez que pueden crearse nuevos nichos de mercados, nuevos productos bajo la forma de mercanc√≠a.

Por un lado, los pueblos del mundo tenemos miles de millones de necesidades irresueltas, desde el problema de la alimentaci√≥n hasta los problemas espirituales, y por otro lado el exceso de capital disponible no para de crecer, incluso se destinan monta√Īas de recursos econ√≥micos para afinar la llamada obsolescencia programada (es decir, que un producto resulte obsoleto, se rompa o deje de funcionar en un determinado tiempo programado; por ejemplo, esto lo vemos con los tel√©fonos celulares permanentemente) o para ‚Äúcrear‚ÄĚ nuevos nichos de mercado.

Si observamos nuestro pa√≠s ¬Ņacaso observamos alguna rama de la econom√≠a o de las relaciones sociales que no se encuentre atravesada por relaciones de mercado? ¬Ņacaso la aplastante mayor√≠a del pueblo no trabaja para la producci√≥n social, como asalariado? ¬Ņacaso la producci√≥n individual, producci√≥n para el consumo propio, tiene alg√ļn peso en nuestra econom√≠a?

Por eso, cuando la izquierda electoralista o algunos sectores del progresismo hablan de la necesidad de ‚Äúindustrializar la Argentina‚ÄĚ se encuentran terriblemente equivocados, y en el fondo se trata de un contrabando ideol√≥gico. Lo que necesitamos como pueblo no es una industrializaci√≥n general del pa√≠s -mucho menos una lluvia de inversiones-, al contrario, el mercado se encuentra muy desarrollado,[1]las relaciones sociales capitalistas se encuentran muy desarrolladas en nuestro pa√≠s. No existe pr√°cticamente producci√≥n individual, es decir, producci√≥n para el consumo propio, toda producci√≥n se encuentra atravesada por relaciones de mercado. De lo que se trata no es de m√°s o menos industria, de m√°s o menos producci√≥n agropecuaria, de m√°s o menos vaya a saber uno qu√©. De lo que se trata es de modificar el tipo de producci√≥n que se lleva a cabo, de producir no para generar mercanc√≠as que puedan ser vendidas en el mercado; no para generar ganancia, sino para dar rienda suelta a las necesidades materiales y espirituales que tenemos como humanidad. Es imposible, en el marco de las relaciones capitalistas de producci√≥n, que las inversiones o la ‚Äúindustrializaci√≥n del pa√≠s‚ÄĚ a secas resuelvan ninguna de estas aspiraciones; es imposible asimismo que el incremento en inversiones industriales vaya a liberar el desarrollo de las fuerzas productivas, puesto que √©stas se encuentran frenadas por la naturaleza mercantilista del sistema en el que vivimos. Solo podremos liberar el desarrollo de las fuerzas productivas con una revoluci√≥n que destruya el sistema dominante para liberar a los verdaderos actores protagonistas de la producci√≥n social, los proletarios. En una revoluci√≥n de esas caracter√≠sticas, las principales instalaciones industriales del pa√≠s indudablemente se reconvertir√°n; en ese camino, tambi√©n ser√° necesario desarrollar nuevas ramas laborales que hoy se encuentran atrofiadas por el hecho de no constituir un negocio rentable para el capital. No obstante, ese proceso revolucionario que libera las fuerzas productivas consiste no en una producci√≥n de tipo capitalista, creadora de mercanc√≠as, sino en una producci√≥n socialista, creadora de valores de uso para la sociedad.Se trata, esencialmente, de un cambio cualitativo en el qu√© y para qu√© producimos, y no cuantitativo, en la magnitud de cuanta producci√≥n genera un pa√≠s.


[1] De hecho, el PBI de la Argentina se encuentra en el puesto n√ļmero 21 a nivel mundial.

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