La burguesía no tiene nada nuevo que ofrecer

03/09/2016
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“Es un momento de dificultad con la caída de la producción y el consumo”, aseveró el ministro de trabajo Triaca. Sin embargo Macri, no dice lo mismo y lo desmiente: “Hoy consumimos más del doble que un hermano de Uruguay o de Chile”. Aun a costa de contraponer sus posiciones frente a las propias cifras oficiales del Indec que afirman lo contrario. Por su parte y en tono desafiante El ministro Prat Gay nos dice: «la inflación hace dos meses era la única preocupación; hoy no es un tema “, “Quiero que alguien me discuta que no está bajando la inflación”. Dice con severidad “en las estimaciones que tenemos, se planchó muy fuertemente el precio de alimentos”… afirmación por demás categórica que afirma que la inflación se redujo al 1% mensual en agosto, pero no sólo la propia realidad lo desmiente minuto a minuto en los precios de los alimentos sino en el significativo descenso del salario real, lo que comúnmente se llama poder de compra.

El propio presidente del banco central, Sturzenegger afirma lo contrario que Prat Gay, planteando que la «sifnificativa desaceleración» que la inflación mostraría este mes, «no provee los elementos suficientes para relajar la política monetaria»… Además desnuda por dónde viene el tiro al mencionar “la no relajación de la política monetaria”, es decir, no ceder a reducir las tasas de interés que demanda Prat Gay con sus afirmaciones.

Demás está decir que el sostenimiento o la reducción de las tasas de interés no deja de ser una política monetarista, que viabiliza la toma de ganancias del capital financiero y que además refleja la disputa inter monopolista por esas ganancias, que en el seno del gobierno adquieren un acusado carácter controversial, al no dar pie con bola en cómo salir del pantano.

Las idas y venidas que se ponen de manifiesto en las disputas en el gobierno, son viejas recetas pero en un escenario  de crisis estructural capitalista sumamente agudo. Son sinónimo del círculo del que no pueden salir . Únicamente cierra con más inflación, más tarifazos, ajustes, flexibilidad laboral y superexplotacion. La histórica política de los monopolios es esa.  Actuando como Estados dentro del  Estado, al mismo tiempo del propio Estado a su servicio, desnudan no sólo la imposibilidad de ordenar este caos y hacer converger el capitalismo con una vida digna, sino que muestra la inviabilidad del capitalismo como tal.

Lejos, pero muy lejos de todo esto está la preocupación por las condiciones de vida de nuestro pueblo. Por ende, todo el cuadro de disputas y áridas reyertas que se reflejan en los medios y en la política oficial se basan en una falacia en supuestas disputas por el bien del país.

Cuando todos sabemos que los negocios multinacionales globalizados que dominan el escenario,  poco les importa el país. No tienen como objeto -como intentan mostrarnos- las necesidades de los trabajadores y el pueblo, que son el país real, verdadero y vivo, los que buscan con su lucha los cambios profundos y hacen valer el concepto de nación desde un sentido de clase, sino por el contrario, las propias necesidades de los monopolios interpuestas a las necesidades de vida digna que los trabajadores y el pueblo buscan.

El pantano donde están metidos es que todas estas políticas ya no pueden conciliarse con las demandas políticas, sociales y económicas de las más amplias masas movilizadas.  La de ayer, fue otra contundente de muestra de ello.  Por esa razón y a cuenta de su debilidad política, ensayan las viejas recetas de pactos sociales u otros mecanismos que amortigüen los golpes que sufren, a sabiendas que la oposición y las organizaciones que le hacen el juego  tampoco sacan los pies del plato, es decir, del juego a las políticas de los monopolios, por ende a la continuidad del circulo vicioso que los mantiene atados al capital.

La cuestión no es que la iniciativa de ellos se vea empantanada, sino que el pantano en el que están se corresponde con la iniciativa de la clase obrera y el pueblo. Por ende ya no se trata de avanzar en el sentido de confrontar sus planes desde el escenario de crisis que los de arriba detentan para atemperarla,  que es más de lo mismo y significa la permanencia del sistema vigente. Sino como, al mismo tiempo, el enfrentamiento se materializa en fuerza revolucionaria organizada para la diputa del poder en fábricas y barrios, en el seno mismo de los millones de seres que deben ver en el carácter de su lucha genuina la importancia revolucionaria que tienen para la construcción del poder revolucionario, la toma del poder y la construcción de una sociedad socialista.

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