La depredación capitalista y su protección gubernamental



La franja costera comprendida entre los 100 kms. al norte de Rosario y los 100 kms. al sur de la misma, desde hace más de 10 años se ve afectada por el humo proveniente de incendios de las islas del Paraná.

Según como sople el viento, el perjuicio llega hasta la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y, hacia el cardinal opuesto, supera grandemente la latitud de la ciudad de Santa Fe, penetrando también hacia el oeste llegando a longitudes de hasta 150 kms. de la costa.

Además del evidente grave riesgo para gente que transita en vehículos por las rutas comprendidas en esos territorios, debido a la dificultad visual que ello genera, se produce una contaminación ambiental que profundiza y genera enfermedades respiratorias, cardiológicas, en la vista y en la piel a las y los habitantes de las ciudades comprendidas en esa área.

La destrucción de la biodiversidad (animales y vegetales) en las islas acaban con el humedal, ocasionando un daño irreparable no sólo al ser humano sino a toda la naturaleza.

Los incendios son claramente intencionales y, a pesar que durante años se quiso ocultar su verdadero origen, culpando a ocasionales visitantes de las islas o a moradores de las mismas imputándoles negligencia, hoy está hartamente reconocido -incluso por las autoridades y funcionarios estatales- que el fuego es provocado con un fin determinado.

Desde gobierno e instituciones estatales, se empeñan en enredar la cosa para confundir, diciendo públicamente que es muy difícil dar con los responsables argumentando que la extensión territorial y la dificultad dada por la propia topografía es “muy grande”, lo que imposibilita descubrir quién prende el fuego e inicia los focos que luego se desarrollan sin control.

Hasta la fecha, se mantienen ocultos oficialmente los propietarios de los terrenos y quienes los explotan bajo el favor del Estado y los gobiernos de turno.

Sin embargo, en el día de hoy, el diario Uno de Santa Fe, publica la denuncia[1] que realiza la ONG El Paraná no se toca, diciendo que después del fuego, llegaron topadoras arrasando con todo lo que queda del bosque nativo en el humedal, sobre terrenos que pertenecen a Mattievich, ganadero dueño de frigoríficos existentes en la región.

Además, se sabe que en las islas hay más de 300 explotaciones ganaderas existentes, denuncia que ha hecho pública el diputado Carlos Del Frade.

Nos entretienen con el tema del proyecto de la ley de humedales como si fuera la existencia de dicha reglamentación la que va a solucionar el tema. Recordemos que existen leyes referidas a la responsabilidad de los dueños de inmuebles que generen daños de cualquier tipo a vecinos del mismo, leyes que amparan el interés común por sobre el particular, leyes que protegen la vida de las especies y el medio ambiente, leyes y leyes y más leyes que la burguesía (en este caso los propietarios de las islas) no cumplen ni cumplirán si no hay una fuerza social de la población movilizada que les imponga un freno, tal como ha ocurrido con la minería a cielo abierto.

Al respecto, es oportuno agregar que hoy vuelven sobre el intento de reanudarla en provincias cordilleranas a caballo de nuevas mentiras y generando más confusiones.

Esta es la característica central de la sociedad capitalista dominada por la clase burguesa que no duda en asesinar, mutilar, depredar y contaminar dando protección a cada miembro de sí misma dispuesto a hacer cualquier tropelía en favor de sus ganancias individuales y de clase.

Por esa razón, todo gobierno, sea cual fuere su signo político que sostenga el modo de producción capitalista en nombre de la “libertad” o de la regulación estatal y de defensa la propiedad privada capitalista, es un gobierno reaccionario opuesto no solo a la existencia, salud y desarrollo del ser humano sino al mantenimiento y protección de la naturaleza, el futuro del país y del planeta.

La mentira, el ocultamiento deliberado en función de sus negocios, la explotación irracional de los bienes naturales y de la gran mayoría de la humanidad que sólo tiene su capacidad de trabajo y no cuenta con otro tipo de propiedad para poder vivir, son la forma de vida de estos parásitos depredadores.

Resulta una prueba irrefutable de lo que decimos el hecho de que hoy mismo, la fuerza armada del Estado está desalojando en la zona de Mascardi, cercana a Bariloche, Río Negro, a una comunidad mapuche asentada en unas tierras que interesan para negocios turísticos, inmobiliarios y especulativos a un puñado de burgueses que quieren explotarlas y que constituyen unas pocas hectáreas mientras, en actitud cómplice y manipuladora contribuyen a la continuidad de la depredación de las islas del Paraná que ya lleva más de 130.000 hectáreas destruidas con toda la vida natural que había sobre ella.


[1] https://www.unosantafe.com.ar/santa-fe/tras-el-fuego-denuncian-que-llego-maquinaria-pesada-las-islas-destruir-el-monte-nativo-n2738182.html

 

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