Se va haciendo escuela con la lucha


El deterioro de las condiciones de vida de las masas trabajadoras aumenta en directa proporción a la aplicación del programa de la burguesía monopolista: ataque al salario, aumento de la explotación y suma de beneficios de todo tipo para los negocios de los monopolios.

Ahora mismo se está por poner en práctica una nueva operatoria para pagar un dólar diferencial a las exportaciones agroindustriales, lo que implica una millonaria transferencia de recursos que produce el pueblo trabajador hacia las arcas de las empresas.

El proceso de la crisis capitalista mundial no deja margen para otra política que la mencionada, toda vez que, como nunca antes en la historia del modo de producción capitalista, se pone blanco sobre negro que la condición ineludible para sostener el proceso de acumulación y reproducción ampliada del capital requiere de destrucción permanente de fuerzas productivas, acompañado de un ataque directo a las conquistas y derechos de la clase obrera y demás sectores explotados y oprimidos.

En este escenario mundial está enmarcada la crisis capitalista en Argentina.

Las consecuencias son la amenaza sobre la vida de millones de hogares proletarios. Y no se trata sólo de los malabares que se deben realizar para sobrevivir con salarios miserables; se trata además de la situación de indefensión que se manifiesta en todos los aspectos de la vida social. El sistema nos impone una lucha por la supervivencia que trae aparejada una crisis social de una profundidad inédita, con efectos que abruman a millones de compatriotas.

En paralelo la lucha de clases no cesa. Existe un objetivo aumento de la resistencia materializada en luchas desde las más pequeñas a las más grandes. Como lo hemos dicho, la aparente calma política que la burguesía y sus fuerzas políticas nos quieren vender es una simulación, un intento por ocultar cómo se agitan las aguas en lo más profundo de nuestra clase y nuestro pueblo.

El consenso social y político que requiere gobernar a través del engaño se resquebraja, aun cuando del lado de la clase de vanguardia no exista aun una construcción política sólida. De allí los ensayos represivos que algunas facciones de la clase dominante ponen en práctica los que, hasta aquí, no logran doblegar el espíritu y la voluntad de resistencia.

Aquí es entonces donde queremos poner el énfasis. Si asumimos que todavía la clase obrera no tiene las condiciones de levantar su propio programa político que enfrente el programa de la burguesía monopolista, y sin embargo las luchas que se dan en el plano de la resistencia ahondan la crisis política de los de arriba, debemos concluir en la necesidad imperiosa por politizar la lucha que la clase y otros sectores vienen presentando.

Cuando hablamos de politizar el enfrentamiento nos referimos a que el mismo, que surge más o menos espontáneo desde la lucha económica, debe avanzar en lograr una mayor independencia política (tanto en las propuestas como en las metodologías) de todas las vertientes y expresiones que apuntan a mantener el movimiento de luchas dentro de las concepciones e instituciones de la clase en el poder.

Para ello las fuerzas revolucionarias debemos redoblar el debate político e ideológico con las vanguardias al mismo tiempo que tomamos iniciativas que ayuden a organizar las fuerzas políticamente; a partir de las demandas concretas, pero sin quedarnos en ellas sino además desplegando tácticas que contengan el objetivo político a alcanzar en cada caso.

Por ejemplo: en una empresa equis, mientras impulsamos la lucha y la organización por las demandas más inmediatas y sentidas por la masa trabajadora, desplegar una agitación y propaganda políticas que enmarque tales demandas en los planes que la burguesía tiene contra toda la clase; desarrollar debates en los que ayudemos a hacer comprender que ninguna lucha aislada, aun cuando se logren conquistas, alcanza para avanzar hacia el enfrentamiento político si no se identifica al enemigo de clase, que no es solamente el patrón que tenemos enfrente sino la burguesía en su conjunto.

Unificar desde la base los reclamos con otros sectores de la empresa (tercerizados, contratados, etc.) y desde allí impulsar organizaciones de base que levanten un programa de reivindicaciones económicas y políticas.

En la medida de esos avances políticos y organizativos, planificar la llegada a otros sectores obreros y proletarios de la zona buscando plasmar la unidad de clase efectiva que comience a ser un punto de atracción para las reivindicaciones y la organización del pueblo oprimido.

En todo ese proceso hacer consciente que las metodologías de lucha que impulsamos desde la democracia directa deben ser las mismas para desarrollar la confrontación política con el sello de la clase, en donde las decisiones y la ejecución de las mismas estén en manos de las propias obreras y obreros que se pongan al hombro la construcción de sus herramientas, incluido por supuesto, su partido revolucionario, el PRT.

La necesidad de politizar el enfrentamiento clasista se da un momento muy particular de la lucha de clases. Las dificultades siguen siendo muchas, sin embargo, el terreno se hace cada vez más propicio dadas las condiciones de vida objetivas que se deben enfrentar. Las masas trabajadoras esperan eso, explicaciones y respuestas políticas que despejen la espesa maleza de la vida indigna.

El aumento de la resistencia tiene como base esa situación en la que, además, se va haciendo escuela con la lucha como único factor que puede transformar la realidad oprobiosa de este sistema.

Por ello la responsabilidad de las y los revolucionarios es proponerse derribar todas las vallas que impiden el avance de la consciencia política de las masas obreras, en un camino simultáneo de avance hacia la consciencia revolucionaria de las vanguardias que permitan disputar y ejercer la dirección política de todo el movimiento.

 

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