De eso no se habla…


Las medidas del gobierno en el plano económico son más de lo mismo en cuanto a la sostenida caída del poder de compra del salario.

Unos y otros sectores del capital financiero aplauden o rechazan las medidas según sus intereses en juego.

Como dijimos en nuestro volante nacional, solo hay dos políticas. Por un lado, la burguesía con todo su aparato de Estado en defensa del sistema en un marco de crisis políticas estructurales que los envuelve. Y del otro, la política revolucionaria que comienza a expresarse en luchas concretas como las que venimos describiendo en nuestros medios de propaganda.

Las medidas actuales que aparecen como económicas son reflejo de una disputa política que trasciende nuestras fronteras. Nuestro país está envuelto en un planeta plagado de crisis y contradicciones que no les permite ir más allá del corto o mediano plazo. Estos son los cimbronazos de todo ello.

Desde sus usinas ideológicas nos intentan imponer el orden del día, qué se debe discutir y qué no. Así trabaja todo el poder burgués en una misma dirección para transmitir que los problemas entre ellos son “los problemas del pueblo”.

Hoy amanecen con un tema, mañana con otro, rozan lo “prohibido” pero algo tienen claro: “de eso no se habla”. Ningunean, tergiversan, mienten, ocultan a los hacedores de la riqueza, la clase obrera, el proletariado, los verdaderos protagonistas de la historia de la humanidad que no deben aparecer en el centro de la escena.

Entonces vienen los atropellos ideológicos y nos impusieron esta semana un tema que para todo el pueblo trabajador ya es rutina. No se trata ya solo de que es una nueva metida de mano en nuestro bolsillo, se trata en lo fundamental de licuar el debate de fondo. Llevarlo al terreno de los intereses de la clase dominante.

En cada casa de trabajadores y trabajadoras se debate el pecio actual del kilo de papas, del litro de leche, del kilo de pan, del endeudamiento con las tarjetas, del pago de los servicios y también el papel nefasto de las y los políticos burgueses, de la justicia, de la inseguridad, etc.

El pueblo no solo está mal económicamente, la vida se está haciendo insoportable y en muchos casos se resiste como se puede. En otros se resiste con nuevas armas políticas, con prácticas inéditas de democracia directa, de autoconvocatorias que se van sosteniendo con organización de las más diversas apoyadas en experiencias pasadas y que muchas veces no valoramos como lo nuevo que se va generando en una sociedad asqueada del sistema impuesto.

Para las y los revolucionarios es necesario mantener el timón firme y no dejar en manos de la burguesía el orden que se quiere establecer en el debate político.

En nuestra propaganda estamos dando un pensamiento y un lineamiento táctico casi cotidianamente. Y en él apuntamos a delinear “las dos políticas en danza”. Hacemos eje en nuestra independencia política, en profundizar la lucha de clases, en el acumular fuerzas políticas nacionalmente a partir de una unidad profunda, en el abajo, en cada sector de trabajo, de estudio, de cada barrio, etc. Acumulación arraigada en la experiencia que nuestro pueblo va realizando y de hecho afirma la idea de que esta política revolucionaria rechaza cualquier enjuague del poder, responde con denuncia política cada acto que este poder embiste contra nuestro pueblo. Pero a la vez es una política independiente para acumular en la lucha por el poder.

Hoy por hoy hay mucho dolor, el sistema aprieta y hay que resistir cada medida.

El domingo pasado por la noche el gobierno de los monopolios no hizo más que ratificar que el salario seguirá descendiendo. Para nosotros, la labor revolucionaria es politizar este momento en la dirección de enfrentar tales ambiciones pro monopolistas que van más allá de FMI con las metodologías ya mencionadas.

 

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