“La democracia (burguesa) es la mejor forma de gobierno para cualquier sociedad”


(8ª y última entrega del plan de notas sobre las mentiras burguesas)

En esta misma página y otros escritos nos hemos expresado en relación a la “democracia” burguesa. En esta ocasión lo haremos nuevamente abordando otros tópicos que nos ayudarán a desbaratar una de las mentiras que más usa la clase dominante para dar legitimidad a su sistema de explotación de la fuerza de trabajo masiva del proletariado y perpetuar esa forma de apropiación del producto del trabajo ajeno la cual defiende con uñas y dientes.

Se trata de la propiedad privada capitalista basada en la obtención de ganancias para la acumulación y centralización del capital en cada vez menor cantidad de manos en desmedro de una cada vez mayor cantidad de proletarios explotados y otra cada vez mayor cantidad de seres humanos excluidos del sistema que sobreviven como parias en condiciones infrahumanas.

En Argentina hemos experimentado las dos formas centrales que tiene la burguesía para dominar a la sociedad: la dictadura militar[1] y la “democracia” burguesa que en la actualidad se mantiene desde el año 1983 a la fecha.

Esta forma de gobierno se basa en el poder de la burguesía con apariencia de intervención popular y es lo que la constituye en “democracia” formal o ilusión democrática, ya que está, de hecho, estrictamente circunscripta a la defensa de los intereses de la clase dominante y a la exclusión de la participación de la clase obrera y sectores populares oprimidos por el capital.

Según las leyes vigentes, la “democracia” burguesa está fundamentada en la Constitución Nacional. La misma, establece el parámetro que indican los límites legales que deben operar para la aprobación y ejecución de las leyes parlamentarias que rigen la vida de los argentinos.

Ahora, resulta que cuando existen artículos constitucionales que fueron conquistados por obra de la lucha de generaciones de obreros, trabajadores en general y sectores oprimidos los cuales perjudican el funcionamiento de la mecánica del funcionamiento económico y político del capitalismo, todos los poderes del Estado: Ejecutivo o gobierno de turno, parlamento y corte suprema de justicia, desconocen puntillosamente los mismos, los pisotean y actúan fuera de la Constitución y las leyes que ellos mismos aprobaron[2].

Claro que esto último depende de la correlación de fuerzas existentes en determinados momentos por los que transita la lucha de clases entre los generadores de toda la riqueza y sus apropiadores, pero ello no significa que el proletariado y sectores oprimidos luchen por el “respeto a la Constitución” ya que toda su concepción es netamente burguesa y favorece a dicha clase, pues se basa en el sostenimiento de la propiedad privada capitalista, piedra angular de la explotación a las mayorías laboriosas.

El sistema electoral en el que se asienta la ilusión del ejercicio de esta “democracia” de pacotilla, guarda la lógica de la falsedad comercial de la burguesía. Como sabemos, por medio de las elecciones se eligen “representantes” que gozan de un periodo de gobierno (cualquiera sea su cargo) el cual está blindado (es decir que no se lo puede echar) que dura entre cuatro y seis años o pueden ser vitalicios.

Durante esos periodos “los representantes” pueden hacer lo que quieren y, en la totalidad de los casos, terminan defraudando a sus electores y esto ocurre porque el supuesto compromiso social que los elevó a los cargos se enfrenta con la tentación de la coima, los privilegios y las dádivas de la clase que, tras bambalinas, ejerce el poder real sustentado por el capital. Aclaramos que, dada la corrupción generalizada del sistema basado en los privilegios del capital, para llegar a ser candidato hubo una corrupción previa para serlo. Lo cual implica que una vez logrado el cargo ya se tiene experiencia en la actitud fraudulenta. Al respecto, recordemos a Menem cuando dijo muy suelto de hombros, “si decía lo que iba a hacer nadie me hubiese votado”.

El mecanismo, las condiciones de su funcionamiento y toda la maquinaria del sistema capitalista y su “democracia”, reproducen lo impuesto por el poder del dinero que es la expresión de la concentración capitalista.

Hoy en nuestro país, como en el resto del mundo, se sigue el derrotero de la concentración capitalista mundial. Quien tiene el capital, tiene el poder y somete al resto de la sociedad. Ésa es la marca de las instituciones del Estado que, como una pirámide, se proyecta hacia la base de todas las instituciones aprobadas por la legalidad burguesa… Y como los capitales disputan entre sí por el dominio de los mercados y territorios, también disputan los gobiernos y el manejo de las instituciones estatales lo cual vuelve más enrarecida a la supuesta “democracia” burguesa y la somete más y más al poder del capital.

Todas las instituciones del sistema se manejan con “representantes” quienes, luego de ser elegidos o impuestos (lo mismo vale para esa forma organizativa) hacen y deshacen a piacere, la mayoría de las veces o siempre, en contra de los intereses de quienes los votaron, pues el dinero se mete en los bolsillos de sus integrantes y dirige las voluntades hacia los beneficios de quienes lo poseen y lo entregan.

Así la “democracia” burguesa ha dado una vuelta de tuerca sobre el principio claramente definido por Marx, al calificarla de dictadura de la clase dominante, pasando a ser una dictadura de lo más concentrado de la clase dominante. La misma burguesía monopolista en medio de sus disputas y guerras contribuye a la banalización de su propia “democracia” violando sus propias leyes y funcionamiento, destapando la falsedad de la misma ante los ojos del resto de la sociedad.

La “democracia burguesa” que vivimos no es otra cosa que un gran fraude organizado tal como lo es la especulación emanada del capital financiero. Ambas están perimidas históricamente, aunque aún se sostengan.

Sin embargo, el ejercicio del poder y el engaño de la “democracia” formal o burguesa no es un campo de rosas para la burguesía, pues también como lo ha definido científicamente Marx con ayuda de su amigo y colega Engels, las sociedades se organizan según el modo de producción y reproducción que adoptan los seres humanos para su vida.

Y aquí está la debilidad manifiesta del sistema capitalista y su “democracia” formal. Como sabemos, la producción de bienes y servicios ha alcanzado una socialización mundial que no tiene retorno y que hace que, para la elaboración de una sola mercancía, intervengan cientos y miles de personas organizadas socialmente y en distintos países, aunque el producto final salga a la venta en un determinado punto del planeta.

Esta mundialización de la producción fue el resultado de la búsqueda capitalista del menor costo y continúa reproduciéndose así. Es por esa razón que no tiene vuelta atrás.

Pero este fenómeno, ha logrado achatar la pirámide social. En las fábricas en las que había aprendices, medio-oficiales, oficiales, capataces, encargados, jefes, etc. hoy hay sólo obreros que forman equipos de trabajo que resuelven todos los problemas de la producción.

La horizontalidad de esa organización es totalmente contradictoria con la verticalidad impuesta por la organización institucional de todo tipo que impone el sistema. Desde el Estado, hasta los sindicatos conformados a imagen y semejanza de la pirámide con representantes elegidos que luego hacen y deshacen en nombre de sus “representados” sin consultarlos, tomando decisiones personales fomentadas por los sobornos y dádivas del poder, se dan de patadas con la horizontalidad que moldea las mentes de proletarios y contagia al cuerpo social de las mayorías oprimidas que trabajan y producen.

Esto es lo que ha dado como resultado la democracia directa que se va aplicando crecientemente en muchas luchas y formas organizativas que se van dando las masas, la cual tenderá históricamente a una verdadera democracia revolucionaria, proletaria.

El envejecimiento y decadencia de la “democracia” burguesa se va manifestando no sólo en la desconfianza política creciente en las instituciones legalizadas y aprobadas del sistema, sino también en la confrontación entre uno y otro mecanismo de decisión que se va poniendo en práctica a medida que avanza la lucha de clases.

No obstante ello, el pasaje de una forma de organización social a otra no se va producir por obra de una transición evolutiva y pacífica porque la burguesía opondrá toda la fuerza del Estado para frenar el ímpetu del avance de la clase productora, el proletariado, con su democracia de nuevo tipo en la que la participación de las masas en movimiento para sus resoluciones y ejecuciones de lo votado en asamblea es lo esencial y sus voceros y delegados pueden ser removidos en cualquier momento por decisión soberana de las asambleas, etc.

La burguesía intentará sostener su dictadura de clase, y cuando su “democracia” fraudulenta no le sirva más recurrirá a otros medios para sostener el sistema. Lo mismo y en sentido contrario deberá hacer el proletariado organizado en unidad con el pueblo oprimido para imponer su voluntad, pero eso es motivo de otro artículo.


[1] Hay quienes hablan de dictadura cívico militar para significar que con los militares había civiles que eran igualmente responsables. Con ello se da lugar a pensar que existen dictaduras ejercidas por militares que actúan por su cuenta, ajenos a la clase dominante. Es menester aclarar que toda dictadura militar es un instrumento de la clase burguesa para llevar adelante sus planes por vía violenta cuando la lucha de clases así lo requiere. Dado esto, es ociosa y confusa la idea de dictadura “cívico militar”.

[2] Nos referimos al Art. 14 bis, y tratados internacionales sobre derechos humanos, protección del medio ambiente y otros que tienen rango constitucional.

Compartí este artículo