Con algo de verdad se construye una gran mentira


La industria automotriz en Argentina no está ajena a la gran confusión que existe y persiste en el mundo globalizado con crisis de superproducción.

En este contexto, hablar de posturas estratégicas de largo alcance en el tiempo de las empresas multinacionales sería una “subestimación a la inteligencia humana”.

Ciertas empresas como VW son parte activa en la toma de decisiones empresariales que tienen peso político en las decisiones del Estado.

En estas plantas se vive y se siente esa crisis, que no solo aborda la problemática económica del sistema capitalista sino -y sobre todo- la política.

Hasta no hace muchos días la planta de VW Pacheco prometía reiniciar la producción luego de dos meses de cierto parate productivo (vacaciones en el medio) en donde el mismo se debería a la “falta” de dólares para importar autopartes y para la comercialización de las nacionales.

Decimos cierto parate porque en realidad se hicieron operativos para despachar alrededor de 2.200 unidades entre los modelos Taos y Amarok que (por faltantes de piezas o problemas técnicos y de calidad) no se habían podido terminar para fin del año pasado.

No hace mucho tiempo la empresa VW hizo una inversión en capital constante: en la planta de soldadura se agregaron robots, se instalaron cabinas de soldadura láser y se agrandó el edificio. La planta de pintura se hizo a nuevo (edificio incluido) instalando tecnología de pintura al agua y no al solvente (lo que es tecnología de punta).

En montaje se invirtió en el sector de la Taos para suplantar operaciones manuales que ahora se hacen en forma automatizada (ajustes bajo piso, suspensión y derivados).

Pero las crisis capitalistas golpean y las mismas pueden llevarse puesta toda planificación empresarial. Nada puede ser tomado como planificación estratégica, es un mundo en crisis y el sistema capitalista lo pone todo “patas para arriba”.

Veamos: en VW a la vuelta de las vacaciones y terminado el operativo para despachar esos 2.200 autos pendientes, se licenció a casi la totalidad de los trabajadores con el 100% del salario de bolsillo.

Terminado el mes de febrero se anunció la vuelta a la producción que comenzaría el lunes 4 de marzo pasado con un turno, para continuar en abril y mayo con dos turnos. De hecho, la producción no comenzó y hasta el día de hoy hay incertidumbre para el supuesto arranque el día lunes 11 de marzo.

Nada serio, pero empresa, sindicato y Estado no duermen.

Sus crisis las aprovechan para hacer un ajuste contra la clase obrera: el Director Ejecutivo de producción, Gabriel Osogani (de nacionalidad eslovena) junto al gerente de producción Leandro Azcurra, dieron charlas informativas por separado y en tandas a todo el personal. El objetivo era meter miedo aduciendo la necesidad de mejorar la productividad para poder competir con la “nueva” unidad que saldrá al mercado (en realidad, una lavada de cara a la Amarok que ya conocemos).

A ese coro empresarial se le adosa la acalorada verborragia del “señor” sindicalista del SMATA y diputado Manrique (que tomo cierta trascendencia por ponerse de espaldas al discurso de Milei) cuando en realidad y sobre todo les da la espalda a las necesidades de la clase obrera cuando el poder de compra del salario de los mecánicos ha caído año tras año.

Por eso no sorprende que su actual discurso sea advertir que hay que avalar la necesidad de mayor productividad, sostener el bajo salario para que la empresa no realice despidos y (en el mientras tanto) que los trabajadores no hagan olas.

Desde hace mucho tiempo en el abajo el que labura está cada vez más ajeno al producto terminado, a la empresa se la denomina “cárcel” y por estas semanas nadie quiere volver al trabajo.

Hay malestar, bronca contenida y la empresa muestra su crisis de superproducción en la vida real y cotidiana a todo el personal.

Hay una anarquía de tal magnitud que lo que prolifera por estas horas es el murmullo de arriba y el murmullo de abajo.

Hoy se anuncia una cosa y mañana otra, y ello va al ritmo de una empresa multinacional que a nivel planetario no puede tomar rumbos definidos, aunque lo intente, del qué hacer planetariamente.

Se corren muchas versiones de lo que se viene a sabiendas que la nueva planta de pintura fue traída directamente de China y que (a otros niveles) VW se “asoció” a una empresa de origen chino de las más avanzadas tecnológicamente en la industria automotriz.

Más allá de las contradicciones interburguesas que se agudizan por estas semanas en nuestro país, lo único cierto es que Estado, empresas y sindicatos han unificado el discurso para disciplinar a la clase obrera, sea por vía de acción directa con despidos, suspensiones, planes de “retiros” voluntarios o simplemente seguir achatando el poder de compra del salario agitando la idea del cierre de plantas.

VW anunció reducir de 450 unidades por día a fines del año pasado a 400 unidades por día este año.  En la misma línea se pronunció Toyota para su planta de Zárate, ambas a la vanguardia de las decisiones políticas nacionales.

Pero saben estas empresas que el abajo está irritado, que el discurso “combativo” del SMATA es porque ve lo que está viniendo del dolor del obrero y que no hay mucho margen para el apriete y el engaño.

Las batallas se darán sí o sí a la vuelta de la producción. En cada una de las mismas se resistirán los intentos de ajuste para mejorar la productividad y a la vez se deberán elevarlas al terreno político, para que esa resistencia de vaya robusteciendo con fuerzas propias de la clase.

Los tiempos políticos se aceleran, la lucha de clases adquiere otros ritmos y en ello la clase obrera automotriz debe liderar el enfrentamiento clasista como ya lo está haciendo una parte de la clase obrera nacional en distintos enfrentamientos que se están desarrollando.

No permitir el apriete y el engaño en cada sector de trabajo es ir quebrando el plan nacional del gobierno. Esta es una lucha política nacional y cada resistencia adquiere fuerza cuando toma esa dimensión.

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