Mucho venimos denunciando las penurias económicas y de vida en general que venimos sufriendo el proletariado y demás sectores oprimidos, las cuales se reflejan en pérdida del poder adquisitivo del salario, despidos, recorte violento en las partidas para jubilaciones, pensiones, discapacidad, educación, salud, etc.
También hemos abordado las luchas de resistencia a las políticas que hacen insoportable nuestras vidas: paros, tomas de fábrica, cortes de calles y rutas, asambleas, marchas, enfrentamientos con las fuerzas de represión, escraches, etc.
Todas estas, contribuyen al debilitamiento del poder burgués y de los gobiernos de turno que actúan contra nuestros intereses, al tiempo que nos foguean en la contienda diaria y a futuro.
Hemos dicho también que, a pesar de sus enfrentamientos por los negocios, los distintos sectores burgueses con su partidos políticos, parlamento, aparato judicial y todas las instituciones que manejan, acuerdan en trazos gruesos con el avance en todas las medidas reaccionarias que lleva adelante el gobierno de turno haciendo el trabajo que otros no se animaban a ejecutar temiendo las reacciones que provocarían las mismas, no sólo en la profundización de las luchas sino también en la merma de perspectivas electorales para la ocupación de los codiciados puestos del Estado.
Como vía de resistencia, y con la inocultable intención de apagar el fuego de la rebelión, los partidos populistas (peronismo en sus distintas facetas) nos llaman a “votar bien”.
La denominada izquierda (reformistas y oportunistas), nos invoca a desfilar en las calles, a pelear por “salarios justos”, a presionar a las instituciones (CGT incluida), a votar a sus candidatos para que peleen en el parlamento, todo ello para visibilizar la situación. Pero, ¿quién debería visibilizar? ¿Acaso el gobierno, el parlamento, la CGT, el aparato de justicia?
¿Qué tienen en común todas estas propuestas?
Encausar en el marco de la institucionalidad del sistema toda la energía desplegada en la lucha para que otros, los supuestos entendidos en la materia, resuelvan nuestras condiciones de vida, en el marco del mayor respeto a la democracia (burguesa) que no es otra cosa que el sistema capitalista.
Es cierto que todo tipo de lucha como las mencionadas más arriba, generan aprietes, profundizan las contradicciones en el poder, generan discusiones y divisiones, frenan en casos algunas medidas, etc. Todo ello contribuye a la creciente resistencia que a lo largo y ancho del país se extiende.
Sin embargo, el punto sensible radica en lo político, en la organización y en la masividad, fundamentalmente del proletariado, la clase productora de todo lo existente que tiene en sus manos la llave de la riqueza del país.
La miserable vida del proletariado y los oprimidos en general, la debemos resolver nosotros mismos.
Cuando así lo hicmos en forma autoconvocada, debatiendo, resolviendo y ejecutando lo votado en asambleas, hallamos los caminos, las formas organizativas, los métodos de acción más contundentes, y la unidad con todos aquellos que se sienten identificados con nuestra lucha.
Por esa razón afirmamos que la lucha del proletariado y sectores oprimidos debe ser política y nacional, para lo cual hay que robustecer el partido de la clase que oriente e impulse el plan de acción.
Bien plantados desde nuestros intereses de clase en contra de la explotación, la falta de expectativas a futuro, por la disputa de lo que producimos y de la distribución de la riqueza que nos pertenece por derecho histórico y a quienes la generamos, porque también hemos forjado, por generaciones, los capitales que hoy están en manos de la burguesía y del Estado a su servicio.
Avanzar con decisión en procura de ese fin a través de cada lucha, abriendo a la sociedad los motivos de las mismas, impulsando la unidad más amplia, utilizando todos los medios de lucha a nuestro alcance, haciendo surcos en nuestra propia legalidad -diferente a la legalidad del sistema que atenta diariamente contra nuestra libertad-, con la bandera de la democracia directa, abonando a las organizaciones políticas de nuevo tipo las cuales expresen este torrente, en una primera instancia local pero con un claro contenido nacional, es lo que nos va a proporcionar la posibilidad cierta de triunfo en cada lucha.
En síntesis, avanzar en la superación del estrecho límite de la reivindicación económica para abordar el contenido político y profundo de clase que significa reivindicar nuestro derecho a una vida digna.