Niveles récord de exportación cerealera, niveles récord de exportación de minerales como el litio, el oro y la plata, que -acompañado de la nueva ley de glaciares del gobierno de los monopolios de Milei y compañía- auguran un “mayor crecimiento”.
Con la carne vacuna también ocurre lo mismo. Con las energéticas del petróleo y gas igual. Todo esto sin mencionar otra variada cantidad de productos que también se exportan.
Las cifras en ganancias y rentabilidad de las corporaciones multinacionales detrás de todos estos negocios van desde los 6.000.000 millones de dólares en adelante, con proyecciones muy superiores en volúmenes de producción y en exportaciones libres de trabas impositivas de todo tipo. Esto implican ganancias limpias y netas que las corporaciones multinacionales se apropian mediante un saqueo descomunal y una exponencial superexplotación obrera.
De la mano del RIGI y demás políticas en beneficio de estas corporaciones, la eliminación de impuestos a la exportación e importación alcanza el 88% de los productos industriales. Como “broche de oro” a todo este “beneficio” indisimulable se decretó a principios de mayo la eliminación de impuestos a la importación de insumos ferroviarios, que van desde material rodante hasta vagones y locomotoras enteras, equipos técnicos y electrónicos, repuestos etc.
La deficitaria logística del transporte ferroviario de los centros de producción hasta los puertos se hizo evidente frente al boom exportador que dominan estas facciones del gran capital.
La destrucción del sistema ferroviario de carga mediante vaciamientos, desinversiones, ajustes y despidos en nombre de la modernización, la eficiencia la privatización y la obsolescencia del Estado y sus empresas e instituciones públicas (educativas, científicas, industriales, transportes) choca y enfrenta a las grandes ventajas otorgadas a las facciones monopolistas por este mismo Estado putrefacto.
Hoy, en nombre de la dinámica de negocios en un escenario de incertidumbre global, necesitan de una logística adecuada a las demandas del mercado mundial que responda con volúmenes y rapidez a la voracidad de los negocios productivos y especulativos transnacionales.
Las destructivas políticas de Estado para las instituciones públicas (dentro de las cuales están los servicios ferroviarios) no aplican a esta esfera de negocios imperialistas. La premura en activar la liberación de impuestos al ingreso de material ferroviario -que estaba paralizado- y por desarrollar una estructura del trasporte de cargas que acelere (solo en esta esfera del transporte de cargas) el proceso de exportación a Asia, EE.UU. y Europa, habla a las claras del por qué y para qué. Todo esto sobre la base de una producción industrial abaratada por costos de producción y salariales que se configuran como una enorme ventaja competitiva y que tiene peso en el juego especulativo en los mercados financieros globales.
Esta fiesta de negocios que ya se está desarrollando de la mano de los nefastos planes de estas facciones del capital y el gobierno de turno a su servicio tienen nombre y apellido. Y no son Pymes como difunde Caputo y compañía. No son solo las importadoras de trenes sino también las exportadoras de toda la producción de mercancías mencionadas al principio.
No por casualidad los Ceos de estas corporaciones globales están hoy debatiendo estos negocios en China teniendo a Trump y Xi Ping como sus testigos privilegiados. Pesos pesados globales como COFCO, CMEC, Cargill, Viterra, Black Rock, a los que se agregan tecnológicas, automotrices y otras como Aceitera General Dehesa, y Ferro expreso Pampeano del grupo Techint. Se disputan un entramado de negocios asentados en la superexplotación obrera, el ajuste y el saqueo.
Todo esto se traduce en que se multiplica la producción de alimentos y aumenta el hambre. Se producen insumos para tecnologías y las escuelas y universidades no cuentan con tales tecnologías, se producen riquezas descomunales y la pobreza crece.
A estos grupos multinacionales es a los que el gabinete mileista les dedica su palabra favorita, que no es otra que el término devolución.
De la mano del RIGI -aunque no lo diga de la ley de bases y la reforma laboral- la palabra mágica para justificar los negocios del gran capital es devolución. Frases como “les devolvimos el 85% de los aportes patronales” o “se devolvieron 17.000 millones de dólares en baja de impuestos y eliminación de cargas distorsivas equivalentes al 2,5 del PBI”. Condimentan declaraciones que justifican que “el ajuste lo hicimos nosotros y el sector privado no pagó el costo esta vez”.
El concepto de devolución encubre un ajuste brutal y al mismo tiempo una brutal expropiación y transferencia de la plusvalía generada por la clase obrera.
La producción capitalista se basa en la producción de plusvalor o en el tiempo de trabajo no pagado al obrero o a los trabajadores. El tiempo de trabajo necesario equivale a producir el salario que un trabajador percibe. Por lo tanto, esa producción que excede el equivalente al salario de la clase obrera es una suma de productos que no se pagan por el esfuerzo laboral invertido por los trabajadores en su producción.
Ese excedente lo acumulan los grandes capitales y el Estado a su servicio. Ese excedente paga con creces las inversiones tecnológicas, paga las exportaciones de trenes y locomotoras, paga los puertos de la Hidrovia y mucho más. Ese excedente no les pertenece es apropiación directa de los producido socialmente.
En su política de disimular semejantes atrocidades el gobierno actual opta por justificar sus planes con la palabreja devolución. La realidad es que el gran capital se apropia del trabajo ajeno mediante todos estos mecanismos políticos y económicos, por lo tanto, sus ganancias, su propiedad privada, sus gobiernos son un producto de la explotación asalariada.
Devolución no significa otra cosa que profundizar la esclavitud asalariada y la pobreza.
Lo que hace el capital es repartirse los frutos del despojo, de la superexplotación obrera y de los ajustes para seguir haciendo negocios con estas mismas características, pero, disfrazando el payaso de turno al frente del gobierno con otro modelo.
Todo el cuadro de exportaciones y exportaciones de los negocios globales de las facciones monopolistas que el gobierno de Milei, Caputo y compañía facilitan con sus planes de “devolución” están basados en estas condiciones materiales y objetivas del sistema capitalista en su etapa de descomposición.
La producción cerealera, no les pertenece, menos aún la minera, menos aún los puertos, ni las escuelas ni los hospitales, ni tampoco el petróleo y el gas… La producción social ha desarrollado estos recursos y cuando en nombre de la “devolución a los apropiadores” del trabajo social se procede a profundizar el despojo, no podemos hablar de otra cosa que de revolución social.
No solo en función de apropiar a los apropiadores sino de poner en su lugar el papel de una revolución socialista. Que significa poner en correspondencia la producción social con las necesidades sociales, por medio de la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción para beneficio íntegro de la sociedad.