Sobre la «cumbre» entre los presidentes de China y los EEUU


Con este titular te «atrapamos» como lector, pero a decir verdad, el título es insuficiente para hablar de actualidad en el más amplio sentido.

Es que mientras estas dos potencias imperialistas se sentaban a tratar los temas de la puja interimperialista, simultáneamente en Corea del Sur la empresa Samsung sufría el embate de la lucha de clases.

18 días de huelga.

La principal productora de chips en el mundo se ve amenazada por una huelga de histórica anunciada para los próximos días (el 21 de mayo) en el marco de que el propio EEUU impulsa la salida de esos capitales y de la producción para instalarlos en Texas, en la zona de Toaylor y Austin. El gobierno coreano se opone a tal propuesta porque dejaría de cumplir un papel estratégico en la región.

Esta huelga -que es corolario de una movilización permanente de la clase obrera coreana- afecta la entrega de chips nada más y nada menos que a Nvidia y Tesla entre otros conglomerados.

Hay amenaza real de paralizar el suministro de esa mercancía, vital para producción de diversas ramas de la industria planetaria. Son componentes cruciales para los centros de datos de IA, teléfonos inteligentes y ordenadores portátiles.

Ya salió el JP Morgan a estimar que la huelga podría afectar las ganancias operativas de entre 14.080 y 20.790 millones de dólares, mientras que las pérdidas por ventas podrían ascender a 4.5 billones de wonws.

La mencionada reunión también sufrió el embate de una problemática social: hay un rechazo a la instalación de centros de datos en los EE.UU. Siete de cada diez ciudadanos norteamericanos se oponen a la instalación de los mismos. Se producen protestas contra el consumo indiscriminado de agua para refrigerar esos sistemas, por el aumento de la temperatura ambiente, los ruidos desmedidos, la emisión de gases, la contaminación y el aumento de tarifas de agua y electricidad.

La población ha percibido el robo de agua por parte de las tecnológicas en Giorgia y Arizona para enfriar los servidores condicionando un negocio que parecía redondo.

Volvamos entonces al encuentro.

No hubo «geopolítica». Lo que existió fue un desembarco de las empresas más concentradas del planeta para facilitar los grandes negocios, en un marco de crisis de superproducción capitalista.

Nvidia anunciaba ayer que estaba ocupando el tercer lugar con su PBI, por arriba de Alemania.

La delegación empresarial puso de manifiesto el papel político que ejercen sus CEOS a la hora de imponer sus intereses en cualquier debate. Esto es Capitalismo Monopolista de Estado en su expresión máxima.

Exigieron la apertura al mercado chino, inversiones bilaterales y acuerdos por las tierras raras, donde China posee el 90% de la producción si nos referimos al procesamiento de las mismas.

China aprovecha al máximo el proceso de concentración política, alcanzado para imponer las normas imperialistas tanto dentro como fuera de sus fronteras, no sin una lucha de clases en alza.

Este desembarco realizado por EEUU es un intento de alcanzar una centralización política con un gobierno plutocrático cuyos CEOS se sacaron «fotos» imponiendo conductas que anuncian una ruptura con formas representativas de gobierno, que ya no alcanzan para frenar la crisis de un sistema nauseabundo.

Es aquí en donde se les filtra la huelga de Samsung, 

No es que la situación de la clase obrera de Samsung es la única en el mundo. El alza en ese sentido es global. Pero aquí se pone de manifiesto en blanco y negro porque la cadena de suministros recibirá un golpe histórico. Si a ello le agregamos la disputa interimperialista por Taiwan -que en realidad es la disputa por la producción de los semiconductores- se entiende por qué el tema tiene en vilo a la oligarquía financiera mundial.

Mientras tanto el lobbie sionista-EEUU presiona para dar continuidad a la expansión en Medio Oriente en el marco de un genocidio contra los pueblos de Palestina, el Líbano y las aspiraciones que van más allá por imponer el proyecto Poseidón del año 2022 para transformar a Israel en el principal proveedor de gas y petróleo fundamentalmente a Europa y Asia Central.

Una reunión de 48 horas pone al desnudo la complejidad de una centralización global por parte de la clase dominante mundial, cuando los pueblos del mundo van en un sentido contrario de aspiraciones.

La bandera Palestina es alzada por los pueblos que decididamente no quieren guerra y -a la vez- se pronuncian como en Corea «escupiendo» a la más rancia plutocracia imperialista.

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