Lucha política de clase contra la burguesía y su sistema: única vía de salida


Cuando hablamos de superproducción no puede evitarse que se interprete como superproducción de mercancías que sobran porque no se pueden adquirir.
Es cierto que en un proceso de superproducción ocurre un abarrotamiento de mercancías que no encuentran compradores. Pero resulta que dichas mercancías no se destinan solamente al consumo individual, también son mercancías las materias primas, las máquinas e incluso los armamentos y parque para la guerra, además del capital en moneda.
Lo hemos aclarado muchas veces, pero no sobra insistir sobre el tema, dada la complejidad que tiene desentrañar el tema en medio de tanto bombardeo ideológico de la burguesía sobre el secreto más guardado de la producción capitalista, cual es, precisamente, la producción de plusvalía como motivación central de la burguesía con el fin de reproducir y ampliar su capital.
Cada mercancía producida es vehículo de plusvalía. Pero esa plusvalía que es apropiada por los dueños de la fábrica en cada unidad productiva, no pertenece exclusivamente a sus apropiadores primarios. Pues, en el mercado, la deben “compartir” con los bancos, los comerciantes mayoristas y minoristas, los fleteros, los prestadores de servicios, etc.
A partir de este fenómeno es que podemos entender que la superproducción de los capitales son mucho más que un conjunto de mercancías para consumo individual, lo cual implica que cuando hablamos de superproducción no nos referimos solamente a abarrotamiento de mercancías sino, fundamentalmente, a capitales que no encuentran salida en el mercado, por ello Marx y Engels afirmaban y demostraron que el orden fabril interno encuentra su contracara en el caos del mercado configurado no para saciar las necesidades humanas sino para la reproducción ampliada del capital en el marco de una feroz competencia.
Lo notable de este proceso es que, quienes mayor cuota de ganancia obtienen son las empresas más pequeñas porque en la composición orgánica de su capital cuentan con menor porcentaje de capital constante y, por lo tanto, mayor tiempo de trabajo excedente apropiado.
Pero las contradicciones no terminan allí, porque al promediar las cuotas de ganancia del capital social, resulta que la cuota de ganancia media obtenida es de aplicación para todos los capitales, entonces el capital con la cuota de ganancia individual que no alcanza la media se ve beneficiado al aplicar el promedio y, contrariamente, el capital que supera la media, se ve perjudicado al aplicar el promedio.
Cada capital obtiene la parte proporcional que surge del volumen del capital desembolsado en el proceso productivo independientemente de la rama de producción de la que se trate.
Por eso, la creencia que la burguesía difunde sobre la superación de la crisis de superproducción, referida a promocionar el consumo como vía para despejar el abarrotamiento del exceso de capital y así poder poner a rodar nuevamente la producción, es como combatir la diabetes introduciendo más azúcar al organismo.
Y en ese ensueño falso de los capitalistas incluimos los gastos de la guerra que promocionan para una supuesta salida a la crisis, porque las armas, el parque para la guerra, etc. contribuyen también a poner en el mercado volúmenes gigantescos de plusvalía que se distribuyen conforme a los volúmenes de capital invertido por cada “accionista” mundial en el conjunto de la producción capitalista global.
Tampoco es “solución” las reconfiguraciones productivas a hidrocarburos, agroindustria, minería, IA, desarrollo de alta tecnología de punta, porque esas ramas requieren de grandes inversiones de capital constante lo cual, como dijimos, influyen negativamente en la tasa de ganancia media.
La única vía que puede “resolver” el problema, en un sentido criminalmente burgués, es la destrucción masiva de fuerzas productivas: máquinas, materias primas, infraestructura, edificios, puestos de trabajo, etc. y, con todo ello, grandes masas de la población.
Hacia ese cataclismo (que no es el primero, pero sí el más agudo y prolongado de todos los tiempos), nos conduce el capitalismo. Salvo, que la lucha de la clase obrera, trabajadores en general y pueblo oprimido lo frene y lo revierta.
Así como la disputa por las ganancias y los capitales lanzados al mercado y existentes en él es independiente de las esferas específicas de la producción y el mercado (incluido el de las finanzas), los gobiernos burgueses defienden el sistema independientemente de los discursos y los distintos signos políticos con los que se presentan.
Desde este punto de vista de clase, no hay diferencia entre libertarios, PRO, peronistas, socialistas de pacotilla, etc.
Con base en este sustento material dado por las leyes del funcionamiento del capitalismo, al que nadie puede sustraerse, es que nuestro Partido orienta su accionar en la lucha política contra todas las expresiones y consecuencias de la forma de producción actual sostenida por todos los gobiernos de turno, sus instituciones estatales y herramientas sindicales metidas entre la clase obrera y trabajadores en general.
Así como los capitalistas no van a resolver la crisis de superproducción atacando a sus efectos, porque los mismos no son más que la expresión de su mecánica de funcionamiento, el proletariado y pueblo oprimido, deberán avanzar en sus luchas no solamente reivindicativas contra los efectos de esta sociedad opresora (salarios, libertades políticas, cuidado del medio ambiente, acceso a la salud y la educación, etc.), sino yendo a fondo por las causas que generan esas carencias a través de una lucha política de clase contra clase.
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