Este es un tema muy amplio por lo que trataremos de centrarnos en los problemas actuales y las dificultades con las que nos enfrentamos a diario.
Es matertial que en la clase obrera industrial el peso del despido o la amenaza del mismo, el cierre de empresas y el empeoramiento de las condiciones de trabajo, dificultan las labores partidarias.
Cada hogar obrero está sufriendo la baja salarial y el deterioro del poder de compra con ingresos miserables. Se trabajan muchas horas para intentar subsistir. Todo agravado por una serie de problemáticas sociales que se van agudizando al ritmo de esta vida miserable, tema que llega a todo el proletariado.
Ese condicionamiento pesa y mucho en las tareas del partido entre las masas: dificultades para la concreción de las actividades propagandísticas, dificultades para reunir compañeros o compañeras de trabajo o estudio para organizar medidas de lucha. Pero a pesar de ello, las tareas salen con cierta regularidad.
Hasta aquí una somera descripción de los principales condicionamientos que -como es natural- padecemos también la militancia partidaria.
Pero en la profundidad del trabajo político entre las masas que se realiza en cada sector de trabajo, de estudio o allí donde nos encuentre, las tareas políticas e ideológicas partidarias están siendo escuchadas.
Claro que no se ven resultados inmediatos de crecimientos organizativos importantes desde lo numérico, es cierto y eso es un problema a resolver. Pero “lo curioso” de la época es que entre esas masas aparentemente silenciosas van despuntando las verdaderas vanguardias, compañeros y compañeras que por años «saltaron» ante injusticias en sus puestos de trabajo, aún sin saber de la importancia del contenido de clase que conllevaba tal actitud y que hoy se mira ya como parte de un largo proceso vivido.
Hoy esas fuerzas proletarias, de estudiantes o vecinos se comienzan a acercar, a escuchar las nuevas ideas que rompen con lo establecido; posiciones políticas de carácter revolucionario que en esas vanguardias están despertando cierta expectativa. Hay un encuentro entre ese pasado inmediato de lucha con un presente de ideas revolucionarias aún es estado embrionario.
El trabajo del partido en esa multiplicidad de tareas grises y permanentes va expandiéndose como una mancha de aceite en el mar. Es una acumulación silenciosa en donde manda la política revolucionaria está muy lejos de toda propuesta electoralista que esa misma masa rechaza en forma contundente, aunque el día del voto siga teniendo cierta vigencia.
El trabajo del partido entre las masas no se obnubila por los resultados desde una óptica electoral. Por el contrario, esa labor de trabajar la política revolucionaria en cada puesto requiere y necesita potenciar las fuerzas que se encuentra en el «abajo» para masificar -entre otras cosas- la propaganda política, la táctica en cada momento. Se necesitan muchas manos y esas manos comienzan a aparecer.
La actividad política entre las masas es múltiple y en ello las acciones que se realizan ayudan a abrir cada vez más puertas. Por un lado, un criterio amplio de trabajo entre las masas y a la vez un trabajo profundo entre ellas para que la construcción de las herramientas políticas esté lo más cerca de las bases y lo más lejos de podredumbre institucional del arriba.
Es un momento para que en ese trabajo en profundidad abordemos los problemas de organización, contemplando la caracterización política del momento que vivimos. Es allí en donde la actual experiencia nos dice que, en cada puesto concreto de lucha, a diferencia de otros momentos, nos encontramos con compañeros o compañeras dispuestas a ser parte de un nivel de organización, y es allí donde encontramos lo nuevo del actual proceso.
Con esas nuevas fuerzas que se arriman, que están dispuestas a la acción política en cada lugar, hay que profundizar en la elevación de la conciencia de clase, que a grandes rasgos debe dar respuesta al contenido de lo que significa la lucha por el poder.
Es de vital importancia que en esa amplitud que estamos abordando las problemáticas del trabajo de masas, que el trabajo político e ideológico con este nuevo fenómeno sea tomado como prioridad.
Hay mucha decepción en esas militancias contra todo el oportunismo y reformismo, porque muchos activistas han sido utilizados y so ha hecho y sigue haciendo mucho daño a la acumulación de fuerzas políticas independientes.
Pero a decir verdad, la labor de las y los revolucionarios entre las masas -que lleva décadas acompañada de una creciente propaganda de las políticas revolucionarias- está permitiendo abrir nuevas herramientas político organizativas allí en donde la bronca creciente de nuestra clase se va profundizando.
Rebelarse, golpear y crecer en un solo movimiento. Una nueva camada de revolucionarios y revolucionarias se está fogueando -no sin dificultades- pero esa llama está encendida y se comienza a sentir.
El trabajo del partido entre las masas requiere confianza en las mismas, a la vez de escuchar e interpretar sus estados de ánimo; el partido inserto en la profundidad de ellas podrá seguir generando las políticas que requiere cada momento de la lucha de clases. En esa síntesis política que se logra, la posibilidad del error es menor, el Partido eleva su calidad de programa y de respuesta política cuanto más sensible sea a la voz de los sin voz.
Esas síntesis que se van logrando nada tiene que ver con las prácticas oportunistas de «bajar línea». El «bajar línea» implica subestimar a las masas, a las que se la acusa de no «hacer nada». Por el contrario, ese trabajo de masas al que nos referimos implica elevar el grado de síntesis política e ideológica que también conlleva la teoría revolucionaria como base del proyecto revolucionario.