Si recorremos el espinel de luchas de todo carácter y en todo el país, la resistencia a los planes del gobierno crece día a día. A pesar de que los medios de propaganda de la clase dominante oculten ese profundo proceso de acumulación de fuerzas, la vida real, la que no tiene prensa, está pesando a la hora de sobreponerse a la calamidad de vida de los explotados y oprimidos.
Un obrero metalúrgico, despedido de una automotriz se presentó a trabajar en una fábrica y al cabo de media hora de su presencia frente a la máquina se plantó y pidió salida de su puesto de trabajo. Calculó que se le pagarían $5000 la hora y se sintió humillado. Su jefe le planteó que afuera la cosa estaba peor. El obrero se fue no sin antes hacer una arenga para sus compañeros.
La indignación sigue creciendo, ya hay líneas rojas que una buena parte del pueblo trabajador no está dispuesta a dejar pasar. Se resiste como se puede, es verdad, a veces se lo hace en forma individual también, como el caso mencionado; pero a medida que el apriete del ajuste toca las fibras más profundas de las personas se van extendiendo los conflictos y en ellos, entonces, se experimentan nuevas fuerzas, nuevas experiencias, y en ellas la diversidad de organizaciones fundamentalmente con un carácter autoconvocado van ganando un terreno que aún no es tangible como una fuerza política alternativa a todo lo propuesto por el sistema actual.
Lo cierto es que desde ese punto de vista las fuerzas son muy importantes y se encuentran en el terreno de la lucha económica, en la lucha por los derechos políticos, en el terreno de la cultura, la educación, la salud, en fin fuerzas que están y son una piedra en el zapato para toda la institucionalidad impuesta por la clase dominante. Pero lo real es que la existencia de esa fuerza que está viniendo desde abajo adolece aún de un peso del proyecto político revolucionario que ponga esa fuerza de masas como protagonista de la historia.
La burguesía ha impuesto la idea contraria desde la propia Constitución Nacional cuando afirma que el pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes: ARTÍCULO 22.- El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste, comete delito de sedición. Hacer consciente que la resistencia con las metodologías autoconvocadas debe acumular fuerzas es una tarea política central para valorar lo que se está haciendo por abajo. El artículo 22 de la Constitución es una muestra cabal en el plano político de qué tipo de democracia tenemos. Los representantes que «elegimos» en las urnas, nada tienen que ver con las actuales luchas autoconvocadas o aquellas que imponen conflictos nacidos de las entrañas de los establecimientos. Se hace necesario elevar al plano político que ese protagonismo ya existente, y que viene de varias décadas, sea la base fundamental para la lucha política que acumule fuerzas hacia un cambio revolucionario.
El triunfo logrado ayer por los prácticos, pilotos y baqueanos después de un paro que frenó la operatoria portuaria durante 4 días ha sido silenciado por la clase dominante. El mismo ha provocado una crisis política en el gabinete y el gobierno tuvo que retroceder. Este conflicto marca que la rebelión de las bases (en este caso 450 trabajadores) es el lenguaje que entiende el poder burgués, entendiendo que el mismo triunfo también hay que elevarlo al plano político que acumule esas fuerzas en vertebrar fundamentalmente desde allí una alternativa política al sistema de dominación. (Recomendamos leer la nota editorial de ayer de nuestra página).
Hay fuerzas entre la clase obrera y el pueblo y no son pocas, son la base de los profundos cambios revolucionarios que necesita nuestro país, pero se trata de fortalecer las fuerzas políticas que levanten esta idea y que, a decir verdad, aún se encuentran en plena gestación y desarrollo.
La rebelión de las bases a todo tipo de injusticia debe estar acompañada de la lucha política que imponga la idea en los hechos prácticos y concretos que esa rebelión va dirigida a toda la institucionalidad impuesta por la clase dominante con el artículo 22, infame, de la Constitución Nacional mencionado anteriormente. La Democracia Directa que de hecho se está plasmando en varios planos de la sociedad hay que hacerla consciente en el plano político que es el camino esencial hacia la revolución.
