El grupo Volkswagen viene teniendo en el mundo un gran “desafío”: bajar los costos de producción para ser más competitivos. Desde los medios de comunicación nos inundan con información constantemente al respecto de este “desafío” y pareciera ser, o en realidad quieren hacernos creer, que es un problema de todos. Se leen en portales de internet como desde la directiva del consorcio muestran permanente preocupación por esta situación. Que el auto eléctrico, que la producción de armamento, que el mercado norteamericano, que la producción en China a bajo costo y así estadísticas y porcentajes que esconden la verdadera disputa y la verdadera guerra: UNA ABIERTA BATALLA CONTRA LA CLASE OBRERA.
De este lado de la vereda necesitamos comprender lo que pasa para ver cómo resistimos a sus avances. Nada de todo lo que pasó este último tiempo en la planta de Pacheco está por fuera de lo que pasa en el mundo. Esa necesidad de abaratar costos se ha traducido en despidos (figurados como supuestos retiros), en ritmos de trabajo cada vez más tortuosos y un disciplinamiento que se ha tornado insoportable. El día a día en el puesto de trabajo se hace cada más tedioso y eso se debe a la ambición voraz de la empresa.
Se vive mal, la situación del país no se aguanta. Si sos jubilado, si te quedaste sin laburo, si tenés laburo y no te alcanza. La presión entra por todos lados, nos golpea de manera cotidiana. Los planes del gobierno en lo general se expresan en cada segundo que la línea de producción nos come, nos rompe. Y como expresión más aberrante e inhumana la muerte de un obrero de Ford en estos días, nada importa ni la salud ni la vida. Ya sea por negligencia del servicio médico o mismo por no querer atenderse para no ausentarse fruto de la represión a la que nos someten, esto es un asesinato, al que estamos expuestos todos los trabajadores.
El SMATA, si bien siempre fue el gendarme de los negocios y garante de la paz social (que VW explote tranquilo a sus trabajadores), hoy lo hace a cara descubierta, son los que junto a VW aplicaron la motosierra adentro de la fábrica.
Como trabajadores necesitamos poner un freno a los ataques de la empresa y para ello urge la necesidad de organizarse.
De lo pequeño a lo grande, desde cada puesto, desde cada mesa de relevo, con aquellas y aquellos que en lo cotidiano hablamos de los problemas de la vida y de los laborales. Desde allí plantearnos salir a la búsqueda en otros sectores porque lo que vivimos en lo individual o en el círculo más cercano también lo viven los demás laburantes.
Romper con la lógica vieja de que el problema me lo va o tiene que resolver alguien más (el sindicato, por ejemplo). Experiencias de luchas a lo ancho y largo del país y también nuestra historia como clase obrera, nos marcan que a los planes de explotación y miseria se los enfrenta.
Aspirar a organizarse de manera realmente democrática, donde nadie decida nuestro devenir por nosotros mismos en una oficina. Empujar desde la resistencia más básica a organizarse independientemente de la empresa y del propio sindicato, con esos de confianza, con esos que están al lado sacando la producción todos los días.