Ni elecciones mentirosas, ni acuerdos a espaldas de la clase obrera

Es indudable que el gobierno de turno de la burguesía a cargo de Milei viene avanzando en el recorte de conquistas, ganadas a fuerza de luchas del proletariado tanto en lo estrictamente económico como en lo político.Y lo hace con la complicidad de todos los sectores políticos que representan las distintas facciones burguesas, que se disputan los cargos y la posibilidad de imponer sus intereses que antagonizan con el resto de su propia clase.

A pesar de que en los discursos aparecen cuestionamientos a determinadas iniciativas del ejecutivo, todos los sectores (PRO, radicales, peronistas, socialistas, etc.) han contribuido, con sus votos o dando quorum, a que las leyes en contra de los sectores oprimidos se aprobaran. Estos mismos políticos burgueses, que cacarean contra el gobierno no se han opuesto con acciones efectivas a la flagrante violación de leyes y de la Constitución en las que incurre el poder ejecutivo burlando las resoluciones judiciales en contra de varias de sus medidas.

Todo queda en el plano de los discursos, peleas y denuncias estériles que no hacen más que desprestigiar con mayor profundidad y extensión a las vapuleadas instituciones del Estado.

Por su parte, las empresas de la difusión de noticias y comunicación denominadas “medios de difusión”, se han convertido en medios de campaña electoral a favor de uno y otro sector burgués que pretende imponerse sobre el resto, someten todo a los cálculos electorales.

La herramienta fundamental que la misma burguesía utiliza en contra del proletariado industrial y, en general contra todos los trabajadores -nos referimos a los sindicatos-, ha sido mellada y desgastada no sólo por la actitud policíaca y frenadora de cualquier lucha, sino por la propia burguesía que disputa con ella el dinero y recursos económicos que ha destinado al pago de los servicios prestados para su clase, y que hoy pretende poner al servicio de la voracidad del capital.

Todo este combo, ha generado una crisis política sin precedentes en la historia de nuestro país. A tal punto que son masivos en porcentajes nunca vistos los sectores de masas que no tienen ninguna expectativa de mejora a través del juego electoral de la democracia burguesa representativa.

Por eso, debido a la terrible situación opresiva generada en la creciente desocupación, los salarios, jubilaciones y pensiones degradados, las enormes deudas generadas por la necesidad de alimentarse y pagar otros gastos, las extensas jornadas laborales (con dos trabajos se intenta cubrir los consumos), etc., sumadas a la imposibilidad de soñar un futuro mejor en el marco de esta situación, la única posibilidad de salida no es otra que profundizar la resistencia, en forma organizada, contra estas políticas.

Así como la crisis política de la burguesía es inédita habiendo perdido toda legitimidad ante los ojos de la mayoría de la población laboriosa, es inédito históricamente el camino que tenemos que transitar a partir de la autoconvocatoria que se viene practicando en las luchas. Pero esa autoconvocatoria requiere ser organizada desde cada fábrica, barrio, escuela, etc.

El gobierno y toda la burguesía, a pesar del avance sobre la explotación y opresión a los trabajadores, en los últimos meses, se ha visto frenada en sus iniciativas políticas al punto de haber perdido momentáneamente sus iniciativas y eso gracias a las luchas y a la resistencia generalizada que se contradice en forma aparente con el creciente sufrimiento popular.

Los obreros y proletarios en general debemos protagonizar sin tutores ni mandamás enfrentando masivamente las decisiones políticas que se ejecutan contra nuestros intereses actuales y nuestro futuro. Es claro que la resolución, a partir de la lucha organizada, es de carácter político porque nos enfrentamos, como se dice más arriba, a decisiones políticas. Por eso, exige que desde las fábricas se salten los alambrados y tapiales de las mismas hacia la conquista de otras fábricas, barrios y estudiantinas.

De todos los sectores afectados por esta situación, el proletariado industrial, hacedor de todos los bienes y servicios es el que más fuerza potencial tiene para liderar protagónicamente el camino, pues de él depende no sólo toda la producción sino también con ella, la ganancia de la burguesía que nos explota y somete.

El proletariado industrial, irrumpiendo organizadamente en la escena política es quien puede cambiar la correlación de fuerza y unificar a todos los sectores oprimidos tras el camino de la conquista y modificación de esta oprobiosa realidad. No son los partidos ni organizaciones autodenominadas revolucionarias los protagonistas sino la clase proletaria con su partido y organizaciones políticas de masas el sujeto histórico que dirimirá la lucha.

Y eso lo debemos hacer de lo pequeño a lo grande, desde cada fábrica y lugar, con unidad de clase, desde abajo, pues es -cuanto menos- erróneo el camino que nos pretende señalar cierta izquierda con discurso y ropaje revolucionario, que nos proponen llevarnos a la contienda electoral o a las “unidades” y acuerdos entre organizaciones para llevarlos a las masas movilizadas y en lucha, como si éstas no tuvieran que debatir, decidir y ejecutar su propia acción de enfrentamiento.

Procedimiento éste ajeno totalmente a la democracia directa que ya están practicando las masas.

La resistencia que viene reanimándose en estos días, es el tránsito necesario que debemos realizar, única vía posible para avanzar en las conquistas de mejores condiciones de vida hacia la emancipación del sometimiento a la burguesía.

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