CABA: Las “actualizaciones del Estatuto Docente” (2da. Parte)


Esta nota es continuidad del artículo publicado en esta misma página el 4 de septiembre, que puede verse en el siguiente link: https://prtarg.com.ar/2026/09/04/las-actualizaciones-del-estatuto-docente-en-c-a-b-a/ 

La política del gobierno porteño

En las escuelas de CABA podemos hacer una lista de las medidas de Jorge Macri y su Ministra que viene generando malestar. A la convulsión por el Buenos Aires Aprende podemos sumar la implementación del registro digital de asistencia, la famosa huella que debemos poner desde el año pasado cuando entramos y cuando salimos. Otro motivo de enojo es el sistema de licencias médicas que ya mencionamos, el mal funcionamiento de OBSBA, nuestra obra social, etc.  Lo que nos importa señalar acá es que el gobierno avanza sobre condiciones de trabajo y de vida de la docencia porteña. El estatuto, con todos sus déficits, es una ley que logró la docencia a través de años de lucha y debate. La defensa del estatuto por nuestra parte debe entenderse como la defensa del control colectivo de nuestra tarea. Todos los gobiernos (algunos más que otros) intentan avanzar sobre nuestra capacidad organizativa y de decisión sobre nuestra carrera docente y esto nos perjudica.

El hecho de que lo reformen de manera unilateral es un acto antidemocrático por donde se lo mire. Claramente, para el gobierno esto no es un problema porque considera que saca rédito político. No olvidemos que es el mismo gobierno que se mete en los barrios donde viven nuestros pibes y, con la excusa de terminar el narcotráfico, detiene personas a mansalva en operativos que, sin disimular su racismo, llama “tormenta negra”. Es el gobierno que llena las calles con publicidades de desalojos con consignas que hablan de “orden”. Ese gobierno hace publicidad de la reforma con frases como “se terminarán los kioscos pedagógicos” metiendo en la misma bolsa la formación constante que procuramos tener con algunos chanchullos de venta de puntaje. Si el gobierno quisiera terminar con la venta de cursos por puntaje, puede, directamente no homologar aquellos títulos que no considere acorde con los estándares de calidad educativa. Sin embargo, no es eso lo que le interesa sino desprestigiar a la docencia mientras ajusta más sobre sus condiciones de vida.

Las respuestas de los sindicatos

Por un lado es cierto que algunos sindicatos no hacen nada, como se escucha en las salas de profesores/as. Y sí, algunos dejaron pasar el Buenos Aires Aprende y la huella digital mirando para otro lado. En relación a la reforma del estatuto se posicionan con un mero comunicado en contra o “hacen como que hacen” con “lindas” medidas que solo entienden y llevan adelante ellos. Otros advierten sobre estas medidas y las dan a conocer entre la docencia, proponiendo medidas de fuerza en las que solo participa el activismo. Tal vez, lo que debemos preguntarnos es por qué esas activaciones no prenden en el conjunto de la docencia. Una respuesta fácil es que estamos en un momento de retroceso y cuesta mucho lograr que las y los compañeros de las escuelas activen. Eso tiene un grado de verdad y de hecho, quién no escuchó decir, entre los/as docentes, que no hay demasiado por hacer por ejemplo frente a la reforma. Ahora bien, esto no es solo por el accionar del gobierno también hay responsabilidad de las conducciones sindicales.

La realidad es que somos lo que hacemos y no lo que decimos, y en los hechos no salen de lo testimonial.

La docencia de base y la comunidad educativa

Ahora bien, no hay que esquivar el bulto y dejar todo en manos de los sindicatos. Acá hay una responsabilidad que nos atañe a todos y todas. Tenemos que dejar de pensar que la historia la hacen otros, ya sean los partidos, los dirigentes, los sindicatos. Tenemos que recuperar la confianza en nuestro accionar, el de las y los laburantes, de las bases. Ningún cambio profundo de la sociedad se dio por arriba. Por eso, tenemos que activar en nuestros lugares de trabajo dando el debate, buscando espacio de encuentro entre compañeros/as, con las familias, con toda la comunidad educativa.

La clase obrera es fundamental en la construcción de la historia. Dentro de esa clase obrera las y los docentes tenemos un rol específico: cuidamos y formamos a las hijas y los hijos de la clase. Por eso nuestra tarea es importante. Cualquier cambio en la sociedad repercute completamente en nuestra tarea y a la vez, lo alimenta.

Por eso mismo también, no debemos pensar todas estas cuestiones de manera corporativa. Tenemos que hacer el intento de dejar de pensar nuestros problemas como aislados de los del resto de la comunidad. Nuestras condiciones de trabajo son inseparables de las condiciones de vida del conjunto de la clase obrera. Escuelas con pibas y pibes mal comidos, preocupados por los problemas de la casa, con situaciones de violencia, que caen en cuestiones de consumo de droga o de juegos, sin perspectiva de futuro, son lugares a donde no vamos a enseñar, vamos a contener. Y en ese contener sin más recurso que nuestra voluntad, nos frustramos, nos entristecemos, nos enfermamos.

Frente a esa situación solemos hacer lo que podemos. Hay quienes creen que, porque muchas de las familias obreras están peor, no tenemos que quejarnos y aguantar la que venga. Esto pierde de vista dos cosas. Por un lado, el ajuste sobre la docencia no salda la necesidad de ninguna otra familia obrera. Aquello que nos sacan a nosotros no se lo dan al resto de la clase. Aunque Milei quiso hacer creer que quienes trabajamos en el estado somos la casta y éramos los culpables de lo mal que estaba toda la clase, la realidad ya sopapeó a quienes confiaron en eso. Por eso, procuremos no alimentar ese relato con estas posiciones. Por otro lado, nuestra tarea pedagógica también es la de enseñar a organizarse. Los derechos que conquistamos los laburantes no los podemos entregar. A quien hay que sacarle todo es a los empresarios, a la burguesía.

Es entendible que nos cueste encarnar esta tarea en la situación actual. La reforma laboral buscó eliminar la organización, la defensa a los trabajadores en blanco y los pocos derechos que tenían. La precarización laboral, el pluriempleo y las necesidades básicas descubiertas son la realidad de las familias. A todas ellas, o bien les rompieron en la cara el convenio de trabajo en el mejor de los casos, o bien nunca lo tuvieron. Por eso mismo, la salida tiene que ser la lucha conjunta y la organización, nunca resignarnos.

Todos los gobiernos han tomado a la docencia como chivo expiatorio cuando les ha convenido. Eso tuvo un éxito relativo que hay que revertir. La soledad de la lucha podríamos reducirla si pudiéramos explicarles a las familias que luchamos por mucho más que por nuestros derechos. Nos da bronca que hay escuelas con muchos problemas de infraestructura, con falta de cargos, de materiales, de viandas saludables. Nos da bronca que también sus casas tengan esos problemas materiales. Nos da bronca que las y los estudiantes empiecen a quejarse de hambre y de frío a las 8 de la mañana. Nos da bronca que no sientan que estar en la escuela y aprender tiene algún sentido porque ven que les depara una vida de laburos precarios y mal pagos.

Debemos pelear por frenar la reforma del estatuto, así como debemos pelear por frenar el BA Aprende. Es cierto que es un momento malo en la correlación de fuerzas, pero justamente es cuando más hay que dar la batalla. Por un lado, porque nos sirve para volver a organizarnos en las escuelas, para que podamos debatir entre trabajadores/as de la educación. La experiencia organizativa enseña, sienta precedente. Por otro lado, porque nos da la chance de debatir la educación con las familias, de encontrar nuevas instancias de vínculo que superen lo meramente pedagógico o disciplinario. La defensa de nuestro trabajo y de nuestra capacidad de organizarnos es también defender la calidad de la educación de la clase obrera.

Enojate, quejate, debatí. Pero no dejes de organizarte y luchar colectivamente. Nos quieren desmoralizados/as pero no nos han vencido. No están ni cerca de eso. Las aulas, las calles, las plazas, la solidaridad y la razón son nuestras.

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