Ganemos libertades políticas para construir la rebelión obrera y popular

Hace tiempo que se sabe que la inflación determinada por los números estadísticos del gobierno de turno son mentirosos.

Se viene sabiendo desde el bolsillo, desde las necesidades cada día mas acotadas de las familias trabajadoras, en los deseos de alguna golosina imposible de comprar, o en el agotamiento de las alitas y menudos de pollo en las carnicerías, porque no alcanza para otra cosa. En la compra de una manzana o una cebolla o una papa, en las desventajas desgarradoras de jubilaciones miserables. Se viene sabiendo en la atención médica, en los impuestos, en el transporte y el conjunto de gastos que no pueden ser cubiertos porque los aumentos de precios silenciosos permanentes y desalmados forman parte de un ajuste voraz y destructivo que es parte del plan de toda la clase burguesa contra el pueblo trabajador.

Se sabe que el 3,4 % de marzo está muy lejos de los números reales y que las estadísticas mentirosas tomadas por la oposición pejotista y los partidos que le hacen el juego, contienen en sí mismas un entramado circo electoral con el que tempranamente buscan tapar este escenario de complicidades políticas en el que están expuestos tan definidamente como la CGT frente a la reforma laboral.

Con el cinismo propio que la caracteriza, esta facción burguesa centra en este porcentaje inflacionario mentiroso el ocultamiento de una realidad mucho más cruenta y sufriente que el propio porcentaje inflacionario muestra. Con ello y como parte de la clase dominante esta parte de la burguesía dibuja desde los medios y como puede dosificados análisis políticos con verdades a medias y frases vacías sobre el industricidio, metáforas traídas del pasado y carentes de veracidad, salvaciones históricas que nunca existieron y varias cosas por el estilo en medio de una profunda crisis política y estructural que se descarga de manera brutal sobre nuestro pueblo y carente de soluciones a favor del pueblo.

En este escenario de hartazgo, aparecen manifestaciones de intendentes tan burgueses como los planes del poder, gobernadores provinciales aparentemente díscolos y quejosos -algunos más represores que otros- empresarios impunemente cómplices de toda la perfidia de las políticas actuales, que intentan erigirse como una alternativa electoral frente al modelo mileista pero,… eso sí, con el changüí de 18 meses -hasta las elecciones del 2027- tiempo más que suficiente para asegurar las promesas de Milei de más ajustes y motosierras por venir.

En él mientras tanto y al compás de una conflictividad creciente se agudizan el hambre los bajos salarios y las expectativas en las representaciones burguesas se desvanecen más rápido de lo que la misma burguesía percibe.

En este terreno sinuoso de un sistema social fracasado, que profundiza frente a sus propias contradicciones sus injusticas económicas, políticas y sociales contra el pueblo trabajador, la incertidumbre no es quien gana en el 2027, o preguntarnos ¿hasta cuándo? Estas son las premisas políticas e ideológicas burguesas que se asientan en contener a mas no poder con sus mentiras electorales y mediáticas las iniciativas independientes, la masividad y la organización de base con el fin de sostener este régimen putrefacto y convencer que no puede ser cambiado.

Las libertades políticas del pueblo trabajador no pueden estar limitadas a este estrecho horizonte de explotación obrera, pobreza y miseria que expresan al capitalismo, tampoco al encuadre de su deshilachada democracia burguesa y la representatividad institucionalidad totalmente subordinada a ella y a los planes que se expresan en cada ámbito de trabajo, en lo económico, en lo político y en lo cultural, menos aún al conjunto de mentiras que todos sabemos repiten a diario mientras se profundiza nuestras penurias de trabajo y de vida y sus ganancias crecen a costa nuestra.

Por el contrario, con cada expresión de organización y protagonismo obrero y popular en lugares de trabajo y estudio, con cada iniciativa de lucha y enfrentamiento frente a sus atropellos, con el ejercicio de la democracia directa y asamblearia en lo local, las libertades políticas se ensanchan y rompen los límites impuestos por la burguesía a la vida digna que todos aspiramos, haciendo de la rebelión obrera y popular un hecho concreto y práctico en manos de la clase trabajadora y el pueblo empobrecido.

Para ello es necesario organizar -proceso que ha comenzado-, a lo largo y ancho de nuestro país, estas monumentales fuerzas sociales latentes en nuestro pueblo que, actuando en su propio terreno de acción, rompen los moldes burgueses, quebrando y haciendo retroceder sus planes; y que no necesita esperar 18 meses de mayores sufrimientos para avanzar en este camino superador.

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