Myriam Bregman, el FIT-U y las elecciones


Durante las últimas semanas se ha instalado un debate en algunos sectores sociales: el crecimiento de la imagen positiva de Myriam Bregman y la posibilidad -real, o aspiracional- a un reposicionamiento electoral del FIT-U. ¿Qué significa todo esto? ¿Un gobierno del FIT- U se plantea como una opción revolucionaria para nuestra clase?

En primer lugar, tenemos que decir que el crecimiento de la imagen positiva de Bregman es un subproducto de la bancarrota del peronismo, que está más abocado a votarle leyes a Milei y garantizarle gobernabilidad mientras dirime sus disputas internas de cara al 2027. En tanto, la burguesía le dio un impulso a la imagen de Bregman. Entiéndase, no estamos diciendo que las encuestas son falsas, sino que en ellas incide que los propios medios de la burguesía le dan aire a la candidata del PTS, cosa que no sucede, por ejemplo, con trabajadores en conflicto; ni un medio nacional difundió la huelga docente autoconvocada en Chubut, pero dedican horas de aire al “emergente electoral” que casualmente habla de todo menos de los procesos concretos de ruptura con la burocracia de los sindicatos.

Hay que decirlo sin pelos en la lengua: la campaña que el peronismo llevó a cabo en 2018 para darle gobernabilidad a Macri y frenar los conflictos sindicales y sociales que había, hoy la está aplicando la burguesía con el FIT-U, con Bregman. “Hay 2027”.

Ahora bien, una cosa es lo que impulsa la burguesía, otra muy distinta es cómo una organización política aprovecha la situación para plantarse políticamente. ¿El FIT-U está pensando en las elecciones o aprovecha la ocasión como “tribuna” para difundir un programa socialista?

Semanas atrás el PTS publicó un “Manifiesto”, una suerte de relanzamiento de su planteo programático, en donde expresan qué harían si en 2027 obtuvieran un triunfo electoral. Podemos entenderlo como un programa actualizado. Más allá de alguna crítica de conceptos que no compartimos (“industricidio”, “Nueva Clase Obrera”, etc.) el Manifiesto sintetiza nuestras principales diferencias con esa izquierda:

1) No se refiere, ni en lo más mínimo, al problema del Estado. Los comunistas no queremos ocupar la administración del Estado burgués (gobierno=administración del Estado), los comunistas queremos destruir este Estado para levantar, sobre sus ruinas, nuestras propias instituciones de clase ¿Vamos a dejar la seguridad en manos de las fuerzas represivas que manejan el narcotráfico en los barrios? ¿Vamos a someter el pago de la deuda externa a un proceso judicial? ¿A este poder judicial?

Aunque no lo mencione explícitamente, el PTS no ignora este problema, y habla de “romper con este régimen y sus instituciones”, aunque a cada paso nos propone como ruta de ruptura ¡Utilizar instituciones propias del régimen!

Hay varios ejemplos, pero el más absurdo es, justamente, el de su planteo sobre el poder. El PTS expresa que la clase obrera no está movilizada como para asumir el poder, por lo tanto, el nuevo gobierno debería tomar medidas para encarar ese cambio institucional y desplazar de allí al poder de la burguesía ¿Cómo se realizaría ese camino hacia el cambio institucional? Mediante la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Veamos ¿Qué significa exactamente una Asamblea Constituyente? No es, ni más ni menos, que una convocatoria electoral al sistema de partidos políticos para hacer una reforma constitucional. Sí, leíste bien, una convocatoria al sistema de partidos burgueses, no una asamblea de delegados obreros ni nada por el estilo.

Otro aspecto que hay que señalar en este punto es la ausencia total de la clase obrera en los debates que giran en torno al problema del poder. Es que, para el PTS, así como para todo el FIT-U, la revolución no la hacen las masas, sino los aparatos que, desde el gobierno, traccionan reformas constitucionales para beneficiar a los trabajadores.

2) El programa que se levanta -tanto desde el FIT-U en general, como en particular en el “Manifiesto del PTS”- representa el mismo pantano institucional: una serie de reivindicaciones aspiracionales. No es un programa de lucha, un programa que plantee cuáles son las tareas para la clase obrera, sino un punteo de reivindicaciones sobre las cuales más o menos todos podríamos adherir y ya.

La mayoría de estas reivindicaciones ni siquiera están formuladas de manera acabada. Por ejemplo, se habla de “nacionalización” de determinados sectores, sin aclarar si se trata de expropiaciones1 o de adquisición de empresas a cambio de indemnizaciones, modificaciones en la composición de capital (incorporando burgueses “nacionales”), etc.

Pero más allá de esos detalles, son programas que no se paran desde la movilización de la clase trabajadora, sino desde la instrucción gubernamental. Un verdadero programa de poder solo puede ser un programa que indique claramente cuáles son los pasos de lucha para la clase, y el PTS como programa de acción está planteando ¡Una Asamblea Constituyente de carácter burgués!

Se explica así la ausencia de un problema tan crucial como el del Estado. Un problema que no hace sólo a cómo los comunistas nos proponemos destruirlo para construir un Estado proletario sino, además, la permanente explicación a las masas del carácter clasista del Estado, el papel del mismo para ejercer la dominación de la burguesía, qué tipo de Estado debemos aspirar a construir desde la organización del poder desde abajo, el papel de las masas en esa construcción y, en definitiva, en la lucha por el poder.

El otro debate que plantea el PTS en su “Manifiesto”, cuyo guante ha sido recogido por el resto de la izquierda, es la formación de un Partido de Trabajadores. No queda claro si el planteo es transformar el FIT-U en un partido unificado con tendencias políticas (el MST es muy claro en su propuesta afirmativa respecto a esto, pero en declaraciones posteriores de Emilio Albamonte (PTS) aparentemente descartan este planteo2), o en un armado más amplio que incluya sectores del progresismo. De hecho, la crítica de varias organizaciones de la llamada izquierda es que llaman a construir un “Partido de trabajadores” pero ni hacen convocatorias, ni dicen exactamente cómo pretenden impulsarlo. En fin, política declamativa para salir del paso.

Conviene detenernos un poco más en el problema partido. El manifiesto plantea, expresamente, la construcción de un partido que se convierta en “alternativa de poder”. Esa definición encierra de por sí una concepción burguesa, reformista y “partidista” de la toma del poder (rayana casi exclusivamente en lo electoral) y no la necesidad de un partido de combate que, desde la organización del doble poder dispute y gane la dirección política de la revolución que harán las masas, y no el partido. El partido revolucionario la puede dirigir políticamente, pero el poder real solo reside en los organismos de poder de la clase. Una “alternativa de poder” solo puede existir si existe un poder obrero, no un triunfo partidario.

Por otra parte, en un documento publicado en el que se analiza el FreSu (Frente de Sindicatos Unidos), podemos leer: “Por eso desde el PTS y sus agrupaciones hemos planteado hace más de un año la necesidad de que los sindicatos y organizaciones que rechazan el pacto de la CGT-Milei y critican al PJ y sus gobernadores por haber traicionado cualquier resistencia, se abran a la discusión sobre la necesidad de poner en pie un Partido de la clase trabajadora el cual consideramos debe tener un programa para que la crisis la paguen los empresarios. Es la forma de hacer pesar nuestra fuerza también en el terreno político, con un programa discutido democráticamente.”

En primer término, un aspecto central: en ningún momento habla de la necesidad de combatir y destruir a la clase opresora, enemiga de la clase obrera, la burguesía. Por eso hablan que la crisis “la paguen los empresarios” y no de expropiar al gran capital abiertamente.

Además, en otras palabras, están planteando la incorporación de los sindicatos “opositores” a ese debate. Y esto es importante: el debate no es hacia las bases obreras, que no cuentan hoy con una organización institucional que represente sus intereses, aunque sea económico- corporativos, sino a las direcciones de ese aparato que son hoy los sindicatos. Es un debate hacia arriba, hacia los mismos responsables de dejar pasar el ajuste y la reforma laboral; es una forma trastocada de “exigirle” a las burocracias que se pongan al frente -o al menos que se incorporen- a la lucha de clases en favor de la clase obrera, cuando han demostrado, perfectamente, situarse de la vereda opuesta. Una hermosa adaptación de la consigna, reiteradas veces sostenida por el PTS, de “exigirle” a la CGT la huelga general.

Así lo confirma en una entrevista el propio Emilio Albamonte, dirigente del PTS: “la posibilidad de que surja un partido basado en los sindicatos es una hipótesis que no está descartada hacia futuro, dependerá de si se dan procesos de radicalización en los sindicatos y demás organizaciones de masas. Es una discusión que no está del todo saldada”.

Los resaltados en negrita reviven las concepciones morenistas sobre los sindicatos y el partido. Por supuesto, con planteos no tan absurdos como los de Nahuel Moreno que, en las décadas del 50 y 60, sostenía: “nuestra línea política era que los sindicatos y la CGT tomaran el poder por medio de una huelga general insurreccional… La burocracia impidió que fuera así”. Esta concepción que fue debatida y derrotada en el IVº Congreso de nuestro Partido dado que la misma negaba el papel del partido como vanguardia de la clase obrera para organizar la lucha de clases y, al mismo tiempo, sepultaba la estrategia de lucha por el poder, dejando de lado las concepciones leninistas sobre esas cuestiones cardinales de la revolución.

Aquellas concepciones morenistas que hacían eje en el “entrismo en el peronismo” (una clara propuesta de la burguesía) pueden verse reeditadas hoy con el accionar de la conducción del SUTNA (en manos del PO) y su “entrismo” en las instituciones burguesas.

El deseo de que los sindicatos se integren (o, peor aún, desde los mismos se construya) al partido revolucionario es una muestra del más absurdo economicismo tan combatido por Lenin en su obra “¿Qué hacer?”. El revolucionario ruso no negaba el trabajo del partido dentro de los sindicatos como un medio para que las ideas revolucionarias lleguen a las amplias masas obreras, pero al mismo tiempo argumentó (y demostró en la práctica) la necesidad de un partido político integrado por la vanguardia de la clase obrera, por aquellos hombres y mujeres que asumen las ideas del comunismo y se organizan en su partido para dotar al conjunto del proletariado de una estrategia revolucionaria a través de todas la formas de lucha. Combatiendo de esa forma las concepciones espontaneístas o seguidistas de las masas.

La propuesta de construcción de un partido “de la nueva clase trabajadora” está en las antípodas de las concepciones leninistas sobre partido. Porque diluye a la clase obrera (vanguardia material del conjunto del proletariado) dentro de una “Nueva Clase Trabajadora”, confundiendo los cambios que se han dado en las formas de trabajo con la existencia y plena vigencia de una clase que es puesta a la vanguardia de la producción capitalista por la propia burguesía. Como consecuencia de ello, niega la necesidad de un partido que nuclee a la vanguardia de la clase obrera para organizar la lucha de clases, reemplazando esa necesidad por un partido de masas de cuño socialdemócrata.

En pocas palabras, la concepción burguesa de que un partido va a resolverle a la clase obrera y al pueblo oprimido lo que sólo esa unidad de clase con sus organizaciones políticas de masas y su partido revolucionario al frente deben protagonizar.

Sigamos ¿Cómo se proponen “canalizar” este crecimiento en las encuestas?

De manera posterior al tercer fin de semana de mayo -momento en el que se sucedieron en paralelo congresos del PO, del MST y de IS- el planteo fue tomando forma: conformar Comités de apoyo a Myriam Bregman. Así la lanzaron, y frente a las críticas que les cayeron cambiaron la propuesta: Comités para apoyar al FIT-U y canalizar la simpatía hacia Myriam Bregman “para apoyar cada conflicto, impulsar campañas de solidaridad y unir fuerzas para que las luchas triunfen”3. El PO por su parte plantea que hay que llamar una “Asamblea Nacional del FIT-U”. Para ellos estos comités tendrían, más o menos, las mismas características “(…) impulsar la lucha en cada lugar de trabajo, de estudio y en cada barrio, por las reivindicaciones urgentes de los trabajadores y la juventud y, en simultáneo, avanzar en una elaboración política y programática.”4

En este sentido, existe una ambigüedad en la formulación de los partidos del FIT-U. En la propaganda política se plantean los comités como organizaciones de apoyo al FIT-U, para “canalizar la simpatía”. En esta línea la trampa es muy clara, porque la idea de comités de base está muy bien, pero estas convocatorias no son comités de base, es decir, organizaciones amplias, de masas, de carácter local, que puedan traccionar los conflictos y funcionar como pequeños órganos de poder. No, el planteo que hacen las fuerzas del FIT- U es convocar reuniones amplias de carácter partidista, es decir, embanderados por el FIT-U y sus partidos.

Al hacer este planteo, tenemos que decir las cosas por su nombre: son comités electorales, no políticos, porque en el ejercicio práctico terminan excluyendo trabajadores de base, limitando el accionar político a la iniciativa del frente electoral. No es de extrañar, porque el planteo ideológico de fondo de la izquierda reformista en Argentina es que los partidos deben controlar a la clase obrera, en lugar de empoderarla. Por eso jamás se proponen construir organizaciones de masas, es decir, organizaciones más amplias que los partidos políticos y su red directa de influencia -y no estamos hablando aquí de “negar la participación de los partidos” ni sandeces por el estilo- porque la concepción de poder que tienen es electoral y, en última instancia, reformista.

En el FIT-U (y el PTS es un abanderado en este sentido) se habla mucho de la “autoorganización” de las masas. Sin embargo, en las universidades, por ejemplo, se dedican a boicotear a los autoconvocados y correr detrás del sistema de los centros de estudiantes; en conflictos como el de FATE actuaron como burocracia (PO en el SUTNA) o bien se negaron a romper con el mismo por los acuerdos superestructurales (MST y PTS) situación que se repite en general en los sectores industriales, en donde se limitan a “exigirle” a las burocracias sindicales, en lugar de emprender el camino de la lucha concreta con medidas de acción directa.

Queremos ser claros: por más vuelta argumentativa que se le dé al tema, el emergente electoral de Myriam Bregman es una reedición del “hay 2019” que utilizó la burguesía para generar expectativas de una salida vía el peronismo durante la crisis del gobierno de Macri. Hoy, frente al vacío político que hay en Argentina, la imagen de Bregman crece, con una mano importante de la burguesía a través de sus medios de comunicación. Por su parte, los partidos del FIT-U, aunque intentan darle un rodeo teórico al asunto, carecen de un verdadero planteo de poder: no hay un programa de lucha, tan sólo una reedición de las “exigencias a la CGT”; tampoco hay medidas que planteen abiertamente eliminar la propiedad privada. Lo único que hay, es lo de siempre: un pliego reivindicativo y políticas organizativas para engordar el aparato electoral.

Para nosotros, y en términos muy generales, en la lucha de clases de lo que se trata es de profundizar la ruptura con la institucionalidad burguesa, rebelarnos frente al orden establecido. Y los partidos del FIT-U hacen todo lo contrario: donde aparece una organización independiente de la clase, trabaja por “reencausarla” hacia la disputa institucional, boicoteando así el desarrollo de cualquier alternativa revolucionaria. Una verdadera trampa en contra de los intereses de la clase obrera.

No nos cansaremos de señalar que el verdadero poder de nuestra clase, en unidad con los sectores oprimidos del pueblo, se construye en un proceso revolucionario de lucha y no a través de las leyes e instituciones de la clase que nos sojuzga.


1 Aquí tomamos el término expropiación al igual que confiscación: sin pago ni indemnización al privado.

2 https://www.laizquierdadiario.com/De-nuevo-sobre-como-aprovechar-la-ubicacion-de-Myriam-Bregman-y-la- izquierda-en-la-situacion

https://www.laizquierdadiario.com/Vos-haces-falta

4 https://prensaobrera.com/politicas/fuera-milei-huelga-general-construyamos-una-alternativa-de-la-izquierda-y-los- trabajadores

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