
Los llamados servicios públicos, no son públicos son privados. Al frente del servicio eléctrico y de gas, del transporte de ómnibus y los aeropuertos y líneas aéreas, del agua, etc., hay capitales monopolistas dueños de esas empresas, de yacimientos, de pozos petroleros, de acuíferos, de glaciares, de embalses, de usinas, de redes eléctricas, de redes gasíferas y demás infraestructura nacional de la que se han apropiado por medio de las políticas de Estado por obra y gracia de los gobiernos de turno.Pero además y esto es lo fundamental detrás de todo ello hay una impresionante historia de fuerzas productivas cuyo resorte fundamental son masas obreras que han sabido construir todo ello. La historia de la entrega de todos estos recursos a la voracidad del capital monopolista define a cada gobierno burgués que una vez asumido ha intervenido en función de unos u otros intereses monopolistas cegándose en las necesidades sociales y defendiendo a la clase dominante.
El usufructo privado en función de las ganancias de toda esta infraestructura de servicios forma parte del escenario de apropiación privada de la producción social que caracteriza a la formación económica capitalista.
Esta formación económico social, políticamente reaccionaria -que hoy manifiesta en su etapa imperialista su más cruento enfrentamiento a los pueblos mundo y en particular en nuestro país- le imprime a los mal llamados servicios públicos, los rasgos más pronunciados del capitalismo monopolista de estado: una constante dominada por la especulación, los juegos financieros, el parasitismo, la incertidumbre las guerras de todo tipo y el expuesto desinterés por las necesidades sociales.
El resultado de todo ello son las políticas presentes y la constante de ajustes tarifarios que no dejan de mostrar el desenfreno por las ganancias que se apropian y al mismo tiempo se disputan.
La demanda de electricidad de los hogares ha descendido nacionalmente un 2,5% interanual a julio del 2025 y 3,2 % en su relación interanual respecto de noviembre del 2025. La demanda de gas crece en invierno, pero la infraestructura en manos de los monopolios desde hace años es decididamente deficitaria dejando -según cifras oficiales- al 35% de hogares (aproximadamente 15.000.000 de personas) sin este recurso y aumentando -al mismo tiempo- impagables tarifas a las viviendas restantes. [1]
Todo ello frente a los jactanciosos anuncios de producción record con que se pavonean los CEOs de los monopolios y el mileismo que entregan el gas a precio vil al mercado mundial para la fiesta de ganancias de las transnacionales.
Ni hablemos del agua potable, ni de redes cloacales. En un país donde el agua dulce brota desde los subsuelos los monopolios multinacionales como Mekorot[2], al igual las petroleras y las gasíferas con el gas y el petróleo- buscan suculentos dividendos disponiendo el agua para las grandes mineras mientras intentan restringir su consumo a poblaciones enteras y buscan imponer los precios internacionales a la tarifa hogareña.
Los descomunales precios de todos los servicios son asfixiantes y perforan como nunca los bolsillos del pueblo trabajador. Particularmente en el conurbano bonaerense donde las tarifas de electricidad en viviendas de familias trabajadoras y de jubilados, superan con creces los 180.000 pesos obligando a refinanciar el pago de la deuda que generan semejantes cifras.
No alcanza con endeudarse para los alimentos, hay que endeudarse con los servicios públicos, tal la política libertaria de Milei y compañía. Ni hablar de pequeños y medianos comercios donde esas cifras se multiplican varias veces obligando al cierre de muchos de ellos. En el caso de la electricidad tales aumentos no guardan ninguna proporción con los propios cuadros tarifarios en KW que las empresas eléctricas difunden. El descenso de la demanda de electricidad mencionado más arriba se explica por sí solo.
El contexto del ajuste
Cuando el dólar aumenta, esa suba se traslada al cuadro tarifario, en electricidad, gas, agua transportes, etc… A este mismo cuadro se le agrega el porcentaje de aumento de la inflación real -que dista mucho de ser los números del INDEC- más la reposición del porcentual por la quita de subsidios para que el mercado sea el que regule los precios de los servicios.
Sin embargo, cada variable también es expresión detrás de disputas económicas y políticas intermonopolistas por lo tanto “la regulación del mercado” para definir los precios y tarifas -por ejemplo, del boleto de colectivos- suena a poco seria. La realidad es demasiado compleja como para que el mercado sea el regulador. Más bien todo ello suena a muletilla. El séquito de economistas y los CEOs contentos con ello. De allí que se optó por este conjunto de variables que a veces se unifican en un solo porcentaje de aumento, otras se toman por separado para el mismo el porcentaje de aumentos.
En manos del gobierno actual y de instituciones como el Ministerio de Economía, Enargas, Edenor, Edesur, la Secretaría de Energía, sus homólogas del interior y algunas más -todas con funcionarios de los grupos monopolistas- este movimiento de variables fundamentan los descomunales niveles de ajustes con que nos desayunamos mes a mes.
La combinación de estos tres aspectos que son especulativos pese a que digan lo contrario, afirmando que son tablas y análisis y bla, bla, bla… también están atravesados por la competencia y los precios que acuerdan los monopolios imponiéndolos al mercado y, en consecuencia, determinando los aumentos según sus intereses o según el grado de virulencia con que las guerras comerciales y militares determinen sus decisiones.
La suma de todo ello, la dolarización de tarifas de servicios, la incertidumbre inflacionaria, los favores del RIGI -que es un subsidio al capital más concentrado- y el sostenimiento de estas condiciones en el escenario de crisis estructural y permanente del sistema capitalista, proyecta que el peso de los servicios públicos, independientemente del gobierno de turno, independientemente del color que tenga y de las promesas de campaña, se constituya en una elevada carga al ingreso de salarios o jubilaciones tal como lo estamos viviendo hoy.
Mientras el capitalismo permanezca en pie, el ajuste será permanente. El ajuste es un medio de sostenimiento del capital monopolista y por añadidura también un medio de sofocación ideológica y política.
Para quienes intentan separar el ajuste del sistema que lo engendra diremos que no hay capitalismo sin ajuste. Que lo que debe haber es rebelión obrera y popular desde la independencia política y de base para ajustarle las cuentas al capital. Organicemos la rebeldía en lugares de trabajo y en las barriadas, desde la autoconvocatoria organicemos el poder local. Basta de ajuste y barbarie, basta de capitalismo, si al socialismo.
[1] https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/eph_indicadores_hogares_04_266C2447C938.pdf
[2] Ver en esta página
https://prtarg.com.ar/2025/07/27/la-privatizacion-de-aysa/
https://prtarg.com.ar/2025/09/16/aysa-privatizacion-contra-los-trabajadores-y-los-usuarios/