Xu Lizhi: proletario poeta del proletariado mundial…

14/12/2014
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Los portales de noticias del mundo, titulaban de forma “alarmante”, La denuncia del poeta suicida, que hacia referencia a un nuevo suicidio de un obrero, llamado Xu Lizhi, de la fábrica de Foxconn , mayor ensambladora en el mundo de componentes electrónicos, entre ellos, el iPhone, el iPad, la Xbox, la Playstation, la Blackberry y la Wii. Esta fabrica de la firma Apple, radicada en China, registró desde el 2009 en adelante una veintena de suicidios de obreros que trabajaban allí. En el 2010, luego de que se contara el suicidio número 12, se produjo una situación de conflictividad con los trabajadores, por los extenuantes ritmos de producción, y obligó a la empresa a dar un 30% de aumento, a un salario paupérrimo, que caracteriza a esta empresa en ese país.

La empresa, luego de los suicidios que se fueron dando de forma encadenada, año tras año, salió a dar explicaciones, de que los mismos eran producto de motivos personales de los empleados, que en su inmensa mayoría emigraron desde el campo a la ciudad, proletarizándose. Pero que nada tenian que ver las condiciones de trabajo de sus fábricas. Si bien se cae de maduro que los suicidios, no son producto de una pura coincidencia, si no que son producidos por las formas de trabajo a la que son sometidos los obreros, el último suicidio del joven de 24 años Xu Lizhi, impactó al mundo al conocerse sus poemas, que luego de su muerte han trascendido en todos los rincones:

Caigo dormido estando de pie

El papel se desvanece en sombras delante de mis ojos.

Con una pluma de acero esculpo un negro irregular
lleno de palabras de trabajo.
Taller, línea de ensamblaje, máquina, tarjeta de fichar, horas extra, salario,..

Me han entrenado para ser dócil.
No sé cómo gritar o rebelarme,
quejarme o denunciar.

Sólo sé sufrir en silencio hasta el agotamiento.

Cuando pisé por primera vez este lugar,
sólo deseaba la nómina gris del día diez.

Para ello me encadeno a mi esquina y a mis palabras.
Renuncio a faltar, renuncio a enfermar, renuncio a mis asuntos personales.
Renuncio a llegar tarde, renuncio a irme temprano.

Por la línea de ensamblaje me mantengo firme como el acero y mis manos vuelan.

¿Cuantos días y cuantas noches
habré estado dormido de pie?

Esta es una de las poesías, que denuncian crudamente la vida de un obrero al pie de la máquina. Decíamos al principio que los titulares de noticias en el mundo anunciaban la muerte de un “obrero poeta y suicida”. Como si esta situación fuera única en el mundo o casual. O como si solamente en esta fábrica en China, se trabajara en condiciones inhumanas. Pero sólo una realidad expresa la poesía de Xu Lizhi, y es la vida de toda la clase obrera mundial, expuesta a las peores condiciones de trabajo, para sostener y mejorar las ganancias de empresarios, a costa de la vida de millones en el mundo.

En la Argentina también la clase obrera sufre innumerables suicidios, muertes por accidente, infinidad de obreros con tratamientos psiquiátricos, y todo tipo de miserias, con turnos rotativos, realizando interminables horas extras, con presiones de todo tipo por parte de las empresas ya sean económicas como psicológicas y en condiciones deplorables expuestos permanentemente a la muerte.

Marx hablaba de la enajenación del obrero en sus “Manuscritos económico-filosóficos de 1844” y decía: en el capitalismo, el trabajo es algo exterior al trabajador, es decir, algo que no forma parte de su esencia; en que el trabajador, por tanto, no se afirma en su trabajo, sino que se niega en él, no se siente feliz, sino desgraciado, no desarrolla al trabajar sus libres energías físicas y espirituales, sino que, por el contrario, mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. El trabajador, por tanto, sólo se siente él mismo fuera de su trabajo, y en éste se encuentra fuera de sí. Cuando trabaja no es él mismo y sólo cuando no trabaja cobra su personalidad. Esto quiere decir que su trabajo no es voluntario, libre, sino obligado, trabajo forzoso. No constituye, por tanto, la satisfacción de una necesidad, sino simplemente un medio para satisfacer necesidades exteriores a él.

En estas palabras de Marx, se explican el sentimiento y padecer del joven Xu Lizhi, que expresaba en su poesía una profunda opresión espiritual: «Soy como un muerto / que abre lentamente la tapa del ataúd». La opresión no tiene adjetivos.»Quiero mirar otra vez el mar, observar la inmensidad de las lágrimas de media vida. / Quiero subir otra montaña, tratar de devolver la llamada al alma que he perdido. / Quiero tocar el cielo, sentir el tono azulado tan ligero. / Pero no puedo hacer nada de esto, así que estoy dejando este mundo». 

 

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