Horas difíciles


El deterioro de las condiciones de vida se hace sentir, la presión a la que está sometida la familia trabajadora ha empeorado en los últimos días.

Algo muy profundo está pasando en el abajo y no hay una respuesta ligera o “racional” sensata para explicar cómo ese dolor profundo mezclado con bronca y rabia se acumula más allá de cómo se exprese hoy y como se expresará en lo inmediato.

Se siente que así no se puede seguir, pero a ello se le agrega en el hoy el deterioro vertical en la vida cotidiana, cada semana que transcurre se transforma en un peso que ya muchas familias no soportan. El «nunca habíamos vivido esto» recorre el comentario obligado de millones.

El gobierno y toda la «oposición» están subestimando el sentimiento de nuestro pueblo y sobrestiman su «racionalidad», su «exitosa» macroeconomía, la ceguera por sus negocios, sus enjuagues los regocijan de felicidad, pero están olvidando que la calle manda.

Nuestro Partido entiende que la resistencia, con sus idas y vueltas persiste y aumenta, aunque aún no revierte la correlación de fuerzas en favor de la «barricada». Sin embargo, hay condiciones y motivos para la rebelión. Por ahora es una “consigna”, pero va tomando color práctico. Venimos difundiendo experiencias que van mostrando lo que decimos y que los medios de la burguesía ocultan.

Pero cuando se comienza a escuchar en los centros de trabajo, en los barrios, en los centros de estudio sobre las condiciones de «vida», ahí la cosa cambia; en estos días las cosas empeoraron mucho y los días anteriores parecen un pasado lejano. Las cosas están muy mal y -hora a hora- van para peor.

Por eso insistimos en fortalecer y organizar la resistencia desde abajo, organizar la rebelión, aunque la “racionalidad” aún nos marque lo complejo que se hace esa tarea.  Las y los revolucionarios no cedemos ante las dificultades solo por voluntad, entendemos que en el abajo ese algo que está pasando sí o sí se expresará en otro escalón de enfrentamiento, y en ello trabajamos para que los tiempos de sufrimiento se achiquen.

No hay acciones pequeñas o grandes de rebeldía, hay ¡acciones!, y tenemos que prestar mucha atención y alentar su propagación. Ese espíritu de rebeldía está latente. A modo de ejemplo: hay una actitud activa de no respetar las «normas» impuestas, la enorme presencia de «deudores» en la clase obrera tiene una causa principal (porque no se puede pagar) pero también se le agrega el no querer pagar. Hay signos de intolerancia que hay que sentir y parten de un dolor existente.

Y si hablamos de bronca y odio contenido en el abajo, ¿cómo pasar por alto las rebeliones populares de estas horas en países de los cuatro continentes? Los pueblos de Francia, España o Alemania se pronuncian, se contagian de ese fervor que da la lucha; y esa ola se está extendiendo en Grecia, Irlanda, Chile, en países de África como el propio Marruecos, de Asia, o el propio EEUU.

Aparecen los pueblos explotados y oprimidos y la lucha de clases se «sienta en la mesa grande» de las jornadas que se viven. Esa ola no se detendrá y desde nuestras fronteras deberemos empujar en ese sentido de rebelión. Derrotar el plan de gobierno es derrotar el plan de la clase dominante.

Hasta la semana pasada los titulares de los medios de la burguesía se referían a sus guerras de intereses, a sus crisis políticas y sus disputas económicas: nada anunciaba estas rebeliones en diferentes rincones del planeta. Hoy los titulares se enfocan en donde les ha dolido como clase dominante.

«La procesión va por dentro». Esa frase encierra un sentimiento que no es menor, hay que leer ese abajo que se está moviendo en forma inédita, un sentimiento que no quiere más de lo mismo, pero no encuentra aún los canales de expresión política necesarios para destapar el potencial de rebelión existente.

Las acciones de rebeldía de todo carácter ayudarán a elevar la conciencia del qué, del cómo y del por qué hay que profundizar el enfrentamiento.

Por eso insistimos en que hay que perseverar una y otra vez en la organización autoconvocada desde abajo, con independencia de clase, aunque ello aún no tenga la robustez que el momento requiere.

Es muy importante fortalecer esos núcleos que ya dan muestras de organización con fuerte contenido de democracia directa, que los hay y se van extendiendo.

El momento lo requiere porque desde el vamos son referentes y -a la vez- convocantes a la rebelión.

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